La editorial El Gran Pez acaba de anunciar una novedad editorial el lanzamiento de la edición Te amo pero elegí la oscuridad, una novela que se clavó en el paladar y en el corazón de los editores y que inaugura una serie abierta.
Con una pequeña tradición en la edición independiente y después de fundar la librería El Gran Pez, se lanzó este sello editorial. Como una declaración de principios, los editores se propusieron comenzar con una colección que cada diciembre publica La Novela del Verano.
El primero de esos libros fue Todos se escondieron ya, de Yuri V (2022). En 2023 convocaron al concurso La Novela del Verano y así se conoció la novela Azara de Ana Iriarte (Chaco, 1990). La tercera novela de la serie será Algo que nadie hizo, de Matías Aldaz (Entre Ríos, 1976).
Los editores de El Gran Pez son siete. En diálogo permanente, con lecturas cruzadas, afinidades y disonancias. Piensan la editorial como un espacio para libros que los interpelen, sacudan, que vengan de tiempos y latitudes inesperadas. Quieren todo pero no lo quieren ya.
La obra narra la historia de Claire, una escritora que recientemente fue madre de una niña y se encuentra revisando su pasado en pleno puerperio. Mientras, sube y baja de aviones, se pierde en carreteras, lee las cartas de su madre, escucha las grabaciones de su padre y duerme en los límites del desierto de Mojave, mirando con extrañeza la mítica y lejana ciudad de Las Vegas.
La protagonista, en quien se cruzan narradora y autora, entrelaza su historia familiar (la de ser hija de Paul Watkins, “mano derecha” de Charles Manson) con la de su país. Lo hace desde una mirada cruda y mordaz, y alrededor de temas centrales en el siglo XXI: el feminismo, la maternidad, la amistad, la sexualidad, las drogas, las sectas, el arte y la literatura, el trabajo, la pobreza y el cambio climático.
Claire, quien ha vivido en territorios extremos y en pueblos al costado de la ruta, y ha caminado las ruinas de la cultura y de la contracultura, cuestiona su lugar en el mundo, y en ese acto, lleva la pregunta a límites insospechados y reconstruye la memoria de las vidas que rodean y constituyen la suya. Es una narradora soberbia, detallista, caótica y precisa.
En Estados Unidos, fue elegido Libro del año 2021 por The Washington Post, Vogue y NPR.
Sobre la autora
Claire Vaye Watkins es autora del multipremiado libro de relatos Battleborn y de la novela apocalíptica Gold Fame Citrus (Riverhead). Recibió la beca de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation. En 2017, obtuvo el premio Lucien Barrière y la revista Granta la destacó como una de las mejores novelistas estadounidenses. Te amo pero elegí la oscuridad fue publicada en Estados Unidos en octubre de 2021.
Nacida en Bishop, California, en 1984, creció en el desierto de Mojave, entre California y Nevada. Es hija de Paul Watkins, estrecho colaborador —y luego delator— de Charles Manson. Se graduó en la Universidad de Reno, y obtuvo un Master en Bellas Artes en la Universidad de Ohio.
Ha sido muy renombrada por su primer libro, Battleborn, que en español circuló como Nevada. Con esta nueva obra da un fuerte giro y trabaja su escritura desde otra perspectiva: más autobiográfica, cruda y reflexiva sobre cuestiones de género, clase, territorio y literatura, sin tratar de agradar ni quedar bien con nadie.
Por qué los editores han elegido publicar esta novela
“Watkins plantea la incomodidad de ser madre, habla con crudeza de sus emociones y sensaciones. Revisa y retrata la historia de las mujeres de su familia, buscando en esa reconstrucción herramientas para entender qué le pasa: el desapego, la posibilidad de romper barreras de la clase media blanca, o de destruir una carrera como joven escritora exitosa”.
El libro “atrapa porque no podemos creer hasta dónde está dispuesta Claire a llevar las cosas. Interpela y lleva al límite la narración autobiográfica sin asentar ninguna posición moral. Cruza tiempos y dimensiones, desde el absoluto presente hasta los cruces entre indios y colonos en el desierto de Nevada, las armas nucleares, la maternidad y el poliamor. Es una escritora que elige vivir donde los Estados Unidos tiene su cementerio de armas nucleares y donde detonó más de mil bombas”.
Frases del libro:
“Mamá siempre decía que Lise heredó su parte holandesa. Yo tuve de papá al irlandés divertido, al inglés malo. Las dos heredamos la locura porque viene de los dos lados. Ella decía que las tres chicas tenemos las mismas manos, manos de artista. Nos enseñó a hacer joyas, fotografía, a entrar por la fuerza. A cirujear y construir y reutilizar, a estafar, robar y mentir”.
“Pet Sounds siempre me hace pensar en mi papá, en él y Charlie llevando una pequeña orgía a la casa de Dennis Wilson sólo para volarle la cabeza a sus invitados caretas”.
“Como he dicho, estamos en los años ochenta. Todavía no hay paneles solares industriales en el valle entre Tecopa y Las Vegas. Ningún pájaro confundirá los paneles con agua sólo para arder al descender y trazar una línea de fuego hacia el piso, como un cometa diurno. Todavía no hemos cruzado ciertos puntos críticos”.
“¿Pero a mí qué me importaba que eso fuera normal? En particular, mi equipo de profesionales de salud mental parecía no entender que no me reconfortaba ser normal, que lo normal era un insulto, que saber que estos problemas eran ampliamente compartidos no los aliviaba, sólo significaba que, además de mi evasión, culpa, vergüenza y entumecimiento, ahora me sentía aburrida, una especie de muerte. Saber que todo esto era normal me colocaba en algún lugar de la escala que va de patética a suicida. Pensé, si esto es normal, no me incluyan”.
“Mi problema es que crecí pobre. Mi problema es que derivo de una cosa a otra, una copia de una copia, desvaída. Mi problema es que tengo esa cosa donde los cables en mi cerebro están cruzados y todo lo que se supone que debe ser alegre es aterrador y viceversa”.
Frases de la autora:
“En cuanto a white trash, en su nivel más básico, es un insulto clasista para referirse a los blancos pobres en los EE.UU. Conlleva un sentimiento doloroso, mi familia era pobre y yo temía ser señalada como white trash. No hay dudas de que es un insulto, uno que duele mucho. En esas dos palabras se inscriben los mitos del individualismo y la meritocracia estadounidenses: si sos pobre es porque te lo merecés, no sos digno de que se cubran tus necesidades básicas, sos basura, sos desechable, menos que humano, de lo contrario —según la lógica capitalista estadounidense— no serías pobre. Algunos estadounidenses blancos pobres han hecho suyo el término, para describirse, convirtiéndolo en un denominador de su cultura, una que valora el trabajo, la fuerza y la independencia. Este uso tiene un tono de franqueza, es una manera cruda que las personas de clases más altas interpretan como vulgar. White trash es una de las pocas etiquetas de clase explícitas que usamos acá, un reconocimiento poco común de la estratificación de clases de los EE.UU.”.
“Basura también es una idea muy poderosa en la zona rural de Nevada, donde se desarrolla gran parte de Te amo pero… en esta zona el gobierno de los EE.UU. probó sus armas nucleares hasta los noventa, detonó alrededor de mil bombas en el Sitio de Pruebas de Nevada. También es acá donde se propone almacenar los desechos nucleares del país, en Yucca Mountain. Esto convertiría el lugar —mi hogar— en tierra devastada, una palabra que la gente usa para describir el desierto, una idea contra la que mi trabajo se posiciona”.







