Sol Pochettino: “Volver a Gimnasia es como volver a casa”

La jugadora de Gimnasia y Esgrima La Plata y periodista deportiva pasó por los estudios de Las Brujas de Salem. En una charla a fondo y con el mate de por medio, repasó su amor por el Lobo, las desigualdades estructurales del futsal y la intimidad del plantel tripero.

El living de nuestro programa se encendió con la visita de Sol Pochettino, una de las grandes figuras de la Primera División del futsal de la AFA.

Colega de la comunicación y jugadora con un largo recorrido en clubes de la talla de River Plate, Ferro Carril Oeste y el Lobo platense, Sol encarna la doble faceta de habitar la cancha y, al mismo tiempo, pensar cómo se cuenta el deporte.

En una entrevista profunda, reflexiva y sin cassette, desmenuzó lo complejo que es ser mujer y disidencia en una disciplina cruzada por el amateurismo y la falta de acompañamiento dirigencial.

El potrero en las cocheras y los prejuicios de la adolescencia

La pelota estuvo presente en la vida de Sol «desde que tengo memoria». Criada en el centro de La Plata, sus primeros arcos improvisados no fueron en un club de barrio, sino en el hormigón: «Jugaba al fútbol con mi viejo y con mi hermano, no había otro deporte posible. Vivíamos en el centro, así que era mucho cochera de edificio y, si no, Plaza Belgrano».

Incluso, Sol recordó el aislamiento deportivo que se sentía en las infancias de su generación: «Incluso yo cuando era chica no conocía a otra mujer además de mí que jugara al fútbol en su momento. La conocí en un club a los 12 años y ahí conocí a una chica con la que jugué en un equipo mixto. Me acuerdo de la hermana de unos amigos también de la primaria, Juana Vilos. Después no conocía a nadie que juegue al fútbol».

A los 14 años, una mudanza familiar la llevó a Santa Rosa, La Pampa, donde el Estadio Municipal se convirtió en su refugio y espacio de formación clave. Al hablar del Club Municipal, Sol se explayó con mucha emoción:

«Fue la primera vez que formé parte de algo así, en una etapa de mi vida como la adolescencia tan crucial. Y fue entre los 14 y los 17 años. Con mujeres más grandes en su mayoría, lo cual estuvo genial porque también te van llevando, te van guiando, te van trayendo si te corres. Fue muy hermoso, fue una gran formación para mí como deportista y como persona».

Sin embargo, crecer pateando una pelota siendo mujer en esos años implicaba cargar con las miradas de una sociedad hostil. Al recordar los prejuicios de la adolescencia, Sol no esquivó el bulto: «Siempre estuvo el foco en el marimacho y todo ese discurso del orto», sentenció, aunque rescató la contracara: «Por otro lado era algo que me identificaba, era la chica que juega al fútbol o la chica que viene a jugar con los varones. A mí me enorgullecía».

 

Cursar en Capital y entrenar en La Plata: El milagro de la doble disciplina

Al terminar la secundaria, regresó a La Plata y tomó la decisión de estudiar Periodismo Deportivo en TEA, en la Ciudad de Buenos Aires. Mantener el ritmo universitario en paralelo con el alto rendimiento implicó un nivel de sacrificio que pocas veces se visibiliza.

«Tenía más tiempo de viaje en tren que de cursada. Me levantaba a las cinco de la mañana y volvía a casa a las tres de la tarde. De ahí me iba a entrenar Fútbol Once temprano y, a la tarde-noche, Futsal. Mi vida social en ese momento era la gente del club; el tiempo restante era dormir y recargar energía», recordó.

Durante mucho tiempo, Sol habitó dos mundos que parecen similares pero que, en la intimidad de los planteles y el juego, no tienen nada que ver: «Por ahí la gente que no está en tema piensa que son deportes muy similares y la realidad es que no tienen nada que ver: Ni en lo netamente deportivo, ni en lo grupal. En Futsal, tenés un plantel de 16 jugadoras y en Fútbol Once el plantel es de 30. También tiene muchas  diferencias desde la intimidad que se genera, de todo tipo. Así que para mí fue súper enriquecedor. Hasta que los entrenadores y el cuerpo y la cabeza me dijeron que elija, porque uno siempre piensa que puede con todo y a veces no podés con todo. En primera instancia elegí Fútbol Once porque justo ese año  fue el de la semiprofesionalización, ahí me medio me obnubilé y me dije voy con esto”

Tras ese proceso en el Fútbol Once, donde llegó muy rápido a Primera con solo siete partidos en Reserva debido a la poca formación previa en la disciplina de campo, el regreso al futsal significó volver a su esencia: «Al volver al futsal me encontré en la cancha».

Esa transición también le permitió experimentar los contrastes que imponen las instituciones: «Hoy la jugadora de Fútbol Once tiene otra posibilidad de proyección o sueldos más grandes. En Gimnasia hay un quilombo enorme con la crisis del Fútbol Once que a nosotras no nos repercute porque nuestros viáticos son mucho menores. El club paga esto chiquitito y lo grande no».

 

La Selección frustrada por la pandemia y el regreso al «abrazo» tripero

En marzo de 2020, Sol recibió la convocatoria que sueña cualquier deportista: la Selección Argentina Sub-20 de Futsal. Sin embargo, el destino le jugó una mala pasada geopolítica: «Me llamaron un jueves para ir el martes siguiente. Ese fin de semana se declaró la cuarentena. Maldita pandemia… después ya no me dio la edad. Solo tuve la convocatoria y nunca lo pude concretar». Con madurez, Sol reflexionó: «No tenía que ser, sin dudas lo veo de esa manera».

Tras pasos valiosos por Ferro —donde compitió en la máxima categoría con jugadoras de selección— y River, el destino la trajo nuevamente a Estancia Chica. Para ella, vestir los colores del Lobo es especial:

«Gimnasia es familia, es comodidad, es como un abrazo colectivo todo el tiempo. Cada vez que me fui o volví me sentí como si no me hubiese ido, con los mismos valores en las personas, con la misma cercanía».

Sol Pochettino (centro) de visita en los estudios de Radio Trinchera

La grieta de infraestructura y el reclamo a los dirigentes

Uno de los puntos más críticos de la charla se centró en las condiciones logísticas del futsal femenino. Como todos los equipos de la liga de la AFA pertenecen a Capital Federal, Gimnasia corre con una desventaja geográfica tremenda, teniendo que viajar fin de semana por medio. «Es difícil traer jugadoras de Capital a La Plata. Gimnasia les brinda departamento, pero no quieren venir porque allá tienen muchas posibilidades. El plantel actual somos casi todas platenses y algunas pibas del sur que trajo el DT».

Sol fue tajante al hablar sobre la falta de divisiones inferiores para las nenas y la precariedad económica que empuja a las jugadoras al pluriempleo:

«El futsal no es profesional ni en pedo, aunque nosotras sí lo tomemos de esa manera porque somos deportistas. Yo trabajo de otra cosa porque justamente el club no me hace sobrevivir. Si no, elegiría ser deportista al 100% todos los días».

Al ser consultada sobre qué cambios estructurales hacen falta desde una perspectiva feminista, apuntó directamente a las comisiones directivas, exigiendo un cambio de postura real:

«Hace falta un acompañamiento genuino de las dirigencias y no solamente por presión social o por obligación de tener un equipo femenino para clasificar a cierta competencia. Nosotras estamos, cada vez hay más pibas que quieren jugar, que están jugando, estamos así esperando para recibir, que nos vengan a acompañar. Ya es una decisión, sinceramente, de los clubes».

 

Además, expuso que la información no siempre fluye: «Sabemos que el club tiene protocolos de violencia de género, pero no se nos han acercado esas informaciones».

El rol de los medios independientes y la escritura como trinchera

Como periodista deportiva, Sol analizó el mapa de medios actual y fue contundente sobre dónde se encuentra la verdadera cobertura del deporte femenino: «La gran mayoría de nuestra visibilidad está dada por los medios disidentes, autogestionados e independientes. En los grandes medios solo salimos cuando hay alguna polémica de algo».

En un divertido ping-pong, confesó que prefiere mil veces «escribir una crónica» antes que relatar un gol en vivo porque le apasiona escribir, y recordó que el gol que más gritó en su vida fue el de su amiga Evelyn Pomato, cuando jugando como arquera le ganaron por primera vez a San Lorenzo el año de su retiro: «Corrimos toda la cancha de un arco al otro para festejarlo». También expresó un deseo colectivo que toca las fibras de la identidad tripera: «Me encantaría que haya un Polideportivo en El Bosquecito para que la localía sea una localía en serio y el socio se acerque, porque hoy en día jugando en Berisso estamos muy lejos del socio«. Su sueño cumplido, sin dudas, resume su esencia: «Jugar al futsal en Gimnasia con mis amigas».

 

El «Frente de Tormenta» en el vestuario: El lado B del plantel

Para cerrar la tarde bien arriba, Sol se la jugó y sacó a la luz las internas más divertidas del vestuario tripero:

  • ¿La más vende humo en los entrenamientos? «Lola. (Dolores Schödlbauer) no lo dudo mucho, esa ya estaba elegida».
  • ¿La que va al picadito con el cuchillo entre los dientes? «Vicky Bedini. Viene repartido (risas)».
  • ¿Quién tiene el peor gusto musical con la playlist? «Selena Giménez. Es más chica, tiene 19 años, y nos vivimos peleando por el parlante.
  • ¿La promesa si salen campeonas? «Hubo un año que si ascendíamos nos tatuábamos todas en la planta del pie, no sé por qué ahí con lo que duele. Pero si salimos campeonas, me tatuaría».

 

Antes de despedirse, en Las Brujas de Salem cumplimos con nuestro propio ritual: la convertimos oficialmente en bruja entregándole un obsequio energético y una frase de la histórica referente Megan Rapinoe: «No aceptes los límites que otros te imponen, define tu propio destino».

Sol Pochettino ya lo está haciendo, gambeteando las de cal y las de arena, y dejando una huella imborrable en el futsal argentino.

Escuchá la nota completa en Radio Trinchera

 

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