“Rock Chab0na»: las pibas platenses que desarman los moldes del rock barrial, la autogestión y el patriarcado

En el último programa de Las Brujas que Salem el piso se llenó de energía con la visita de una de las propuestas musicales más frescas, potentes y auténticas de la escena platense: Chab0na, una banda de rock integrada exclusivamente por pibas que viene pisando fuerte en el circuito cultural de la región.

Al piso vinieron tres de sus integrantes para ponerle voz a este proyecto cooperativo: Amalia Atzeni Bellón, Malena Serra y Camila Basomba. Sin embargo, las chicas dejaron en claro desde el primer segundo que la banda es un engranaje completo y nombraron al resto del equipo que hace la esencia del grupo: Josefina Fornasari, Emilia Moreno y Luna Urriza.

Con edades que rondan entre los 20 y los 22 años, y siendo en su mayoría estudiantes de la carrera de Música Popular en la Facultad de Artes de la UNLP, estas pibas están transformando la manera de gestionar y sentir el rock.

El nacimiento de un refugio horizontal y sin líderes

La historia de Chab0na arrancó a mediados de febrero de 2022. Todo comenzó por iniciativa de Luna Urriza, quien venía de tocar en una banda de punk con varones y sentía la necesidad de armar algo distinto. Una de las integrantes del grupo recordó cómo fue ese momento de quiebre en el que se cruzaron los caminos:

«Luna tenía una banda de punk con dos chicos y estaba buscando una guitarrista mujer, y yo me entero de eso. Yo no había tenido ninguna banda, pero hacía tiempo ya que tocaba la guitarra. Esto fue en 2022. Entonces me comunico con Luna, y bueno, ella ya harta de estos varones… dijo: ‘No, ya fue la banda, no me importa’. Y ahí pegamos onda, nos conocimos. Ya el primer día comenzamos un vínculo y decidimos: ‘Vamos a hacer una banda de pibas'».

A partir de ese chispazo se sumó Josefina en la batería y, poco a poco, la formación se fue completando con la llegada de Emilia en el saxo, Amalia en las teclas y finalmente Camila en el bajo.

Lo que encontraron al armar un espacio puramente de mujeres fue un espacio libre de las lógicas competitivas que muchas veces imperan en las bandas tradicionales de hombres:

«Luna estaba buscando mujeres para armar una banda porque, en su experiencia teniendo banda con hombres, siempre estaba una cuestión como más competitiva en tanto entre nosotras todo se habla y se concensa”

 

De los covers de Pescado Rabioso a encontrar la propia voz poética

Iniciaron el camino haciendo covers de los proyectos musicales que las apasionaban, como Pescado Rabioso o Viejas Locas. Sin embargo, la llegada de Camila al bajo coincidió con un click interno que las llevó a dar un salto rotundo hacia la originalidad y la composición propia, marcando la etapa actual del grupo:

«Hubo un cambio rotundo en la banda, que dejamos de hacer covers. Empezamos a sentirnos más cómodas de esa forma, de repente teníamos un montón de composiciones guardadas. Y ahí empezó la segunda etapa de Chab0na, que es más auténtica y másoriginal también. Y es la nuestra, porque es donde expresamos nuestra propia voz. Al principio, haciendo covers una se encuentra haciendo música de otra gente, y esa música la comunica a su manera, pero ya cuando hacés cosas que son tuyas, o una canción que trajo una compañera y armamos el arreglo y todo, ya hay algo que es muy propio».

Este proceso de creación no tiene una receta fija ni roles estructurados, lo que demuestra la dinámica cooperativa del grupo: «Se va transformando con el tiempo, no es algo estático, pero igual generalmente sí llega una con alguna idea particular y a partir de eso, la vamos transformando entre todas y creando esa idea colectiva». Tan libre es la propuesta que incluso el rol de la voz principal es compartido: «Cantamos medio que entre todas, digamos. No hay restricción en ese sentido. Es bastante horizontal, es como muy colectivo el grupo».

Desarmando el «Rock Chabón» para transformarlo en fusión y contracultura

El nombre de la banda es una declaración de principios y una reapropiación de un término muy instalado en la cultura musical argentina de los años 90. Las pibas explicaron de dónde viene esa corriente barrial y cómo decidieron darle una vuelta de tuerca desde una perspectiva de género y comunidad:

«El nombre de la banda vino un poco por eso, porque como empezamos haciendo rock… empezó esta idea de hacer rock de mujeres, ¿no? Un rock que se apoya en este género que es ‘rock chabón’ y para nosotras es  es rock chab0na. El rock chabón es una corriente que nace en los 90,  uno de los protagonistas es Viejas Locas, como un rock muy barrial. Tiene una esencia más de punk, pero termina siendo rock and roll. Y nosotras un poco agarramos eso porque también Viejas Locas es una banda que nos regusta, o Los Redondos”

Pero quedarse únicamente en el molde del rock barrial clásico les quedaba chico. En esta nueva etapa, el grupo se define dentro del «Rock Fusión», mezclando la crudeza de sus inicios con géneros como el funk, la bossa nova, el punk, el blues e incluso animándose a experimentar con instrumentos tangueros como el bandoneón. Esta propuesta estética cruza la potencia del barrio con la sensibilidad lírica, plantando una bandera claramente política:

«Principalmente la dinámica que tenemos para relacionarnos es algo muy propio de la comunidad de mujeres, como esta horizontalidad, esta forma más empática quizás de relacionarnos y de encontrar el lugar entre nosotras, un lugar donde podamos ser escuchadas, que podamos desarrollarnos como nosotras queramos.

 Desde ya esa base siento que ahí hay como una impronta específica de esto, de las mujeres y de nuestra comunidad. También en lo musical, en lo estético, quizás a partir de la letra, de la poesía, tenemos una impronta distinta a lo que sí estaba quizás más impuesto en el rock chabón, que quizás no te remite tanto a lo poético».

Esa postura colectiva se traslada de inmediato al sonido que el público recibe abajo del escenario: «Esa postura con la que nosotras nos plantamos inevitablemente se traduce a lo musical, porque vos nos escuchás y estás escuchando todo: escuchás el saxo, escuchás el piano, escuchás estas distintas voces».

En un ambiente donde el rock nacional fue históricamente un terreno masculinizado, el grupo entiende que pararse sobre las tablas en el contexto actual es un hecho contracultural idéntico al que vio nacer al rock de los 90, pero con una vuelta de tuerca fundamental:

«Lo que hablábamos del rock chabón, que aparece en una situación muy complicada de la Argentina, y medio que volvemos un poco a eso hoy en día… Es una juventud reaccionaria, un movimiento alternativo y contracultural. Entonces, nosotras hacemos medio lo mismo, pero somos mujeres. Entonces eso también es mucho más. Hay muchas cosas que se ponen en juego, no solo la música, sino muchas cosas políticas, más siendo mujeres y más en este contexto político que estamos viviendo».

La resistencia ante la violencia implícita de los escenarios y la doble vara

Hacer música autogestiva siendo una banda de pibas implica enfrentarse todos los días a un ambiente que todavía se resiste a ceder espacio de igual a igual. El ninguneo técnico y el machismo siguen estando a la orden del día, e incluso las chicas compartieron que las situaciones incómodas aparecen en los lugares menos pensados:

«Sigue pasando, aunque pensemos que cambió todo, sigue pasando. Capaz que no tan fuerte como antes, pero hay indirectas o cosas mínimas que sí siguen pasando lamentablemente. Y causa impotencia, ¿viste? A mí me hace enojar, la verdad, personalmente. Pero estamos muy seguras de lo que comunicamos y cómo estamos plantadas… No sé las experiencias de otras chicas en bandas compartiendo con hombres, pero a mí en ciertos contextos me pasa que si estoy con un hombre, la palabra se la dirigen a él, ¿viste? No a mí. Entonces, bueno, nosotras somos todas mujeres y a alguna mujer le va a tener que hablar, como que no te queda otra».

Las devoluciones condescendientes de los sonidistas en las pruebas de sonido son un clásico que la banda tiene que pilotear habitualmente a base de carácter y profesionalismo:

«A mí me ha pasado con sonidistas bastante. Le decís: ‘Subí, por favor, la voz’, o ‘Bajá la batería’, y te miran así como diciendo: ‘¿Qué me estás diciendo? Yo soy él’. Es como: ‘Mirá, ¿qué sabés vos? No me desórdenes'».

A esta mirada paternalista del circuito musical se suma una doble vara persistente que sexualiza el trabajo de las pibas en lugar de tomarlas en serio por sus capacidades técnicas y poéticas:

«En relación a la expectativa que tienen de nosotras, es como: ‘Ah, son buenas al final, ¿eh?’. ¡Es que se te toca para ser mujer!, ¿me entendés? O que piensan que hacemos las cosas por las que hacemos para provocar. Nos han dicho… Una señora nos dijo: ‘No, me encanta su banda. Igual son como… lo hacen para provocar, ¿entendés?’. Y cosas así que a un chabón no se lo dirías, nunca pensarías eso. Como esa manera de sexualizar que no tiene sentido y no es lo que nosotras buscamos. Nosotras estamos haciendo música porque es algo que nos gusta. Entonces, de repente, una mujer haciendo rock es como que estás recontra sexualizada. Eso es como lo más fuerte también en el mundo del rock».

Esta exclusión cotidiana se traduce de manera brutal y medible en los festivales y carteleras de todo el país, donde la Ley de Cupo Femenino en Eventos Musicales sigue siendo ignorada por los productores:

«Ya tener el lugar de poder tocar, ¿no? De poder tocar, que nos permitan… Eso no pasa. O sea, ves cualquier line-up hoy en día y son todos chabones. O sea, son todos chabones. Es algo por lo que hay que seguir luchando. Con el cupo hay que seguir militando las leyes que están y que no se cumplen».

El patriarcado en los espacios «amigables» y la violencia de los discursos oficiales

Al ser consultadas sobre si la ciudad de La Plata ofrece espacios más amigables para protegerse de este tipo de tratos hostiles, las integrantes abrieron un debate interesantísimo sobre cómo funciona la violencia machista cuando se camufla bajo discursos alternativos, mencionando espacios históricos de la ciudad como el club cultural Pura Vida:

«Pura Vida es como medio pionero en esto de abrazar a bandas autogestivas y por ahí emergentes, que le da un lugar de poder comunicar, que eso es súper importante. Pero al mismo tiempo hemos encontrado personas que han sido totalmente machistas con nosotras y con nuestra posición ahí. Entonces, no termina del todo de cerrarnos un lugar en particular, porque también es algo muy instalado que hay que erradicar, que lleva tiempo, que lleva un proceso, que lleva comunidad. Entonces, sí, hay en todos lados. Incluso a veces pensás que no, ¿viste?».

Las músicas ratificaron que la militancia y el combate contra esta violencia implícita forman parte fundamental de su identidad artística diaria frente a un contexto social que se vuelve cada vez más agresivo:

«Militamos todo el tiempo nuestro proyecto, nuestro espacio, el espacio de las mujeres, nuestra voz, nuestro arte. La música es un ambiente muy machista… Quieras o no, está en todos lados, lo encontrás. Esa violencia que a veces es muy implícita también, y ahí está capaz lo peligroso y lo más dañino. Que hay gente que capaz ni siquiera se da cuenta de lo que está diciendo, ¿no? Y de repente te dice: ‘Ah, ustedes son re provocadoras’. Y capaz que él piensa que lo dice de un lugar recopado, y vos le decís: ‘Mirá, no, o sea, no es así'».

 

El desafío de expandirse a CABA y el rescate de las ancestras del blues

La banda viene de experimentar con éxito sus primeras incursiones en los escenarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tocando en lugares como El Emergente Bar. Al comparar ambos circuitos culturales, las músicas destacaron los contrastes y las dificultades de la escena porteña:

«Es un poco más complicado meternos. Estamos muy acostumbradas a tocar acá, entonces como que La Plata ya es nuestro lugar seguro y nos conocen acá. Pero tenemos ganas de expandirnos, de ver qué onda el público allá. Es un poquito más complicado porque hay mucha movida, es como tan grande”

En esa búsqueda por plantar su bandera de pibas en el rock, Chab0na encuentra su espejo e inspiración en grandes figuras e hitos históricos de la música nacional, rescatando especialmente un proyecto pionero de los años 80:

«Una banda re referente nuestra son las Blacanblus. Son una banda toda de mujeres de Argentina que hacían blues y la verdad que la rompen, hacen un arreglo de voces que están buenísimos. Nosotras, que tenemos tantas voces en la banda, nos encanta sacar ideas de ahí. La verdad que son unas genias y encima no tienen tanta visibilidad. También nos inspiramos en Fabiana Cantilo y Gabriela Epumer, que son unas genias totales».

El amuleto indómito y la promesa de volver con el equipo completo

Al final de la transmisión, en un emotivo intercambio de afectos, el equipo de Las Brujas Que Salem despidió a las músicas entregándoles un regalo cargado de simbolismo político: una piedra con una inscripción inspirada en la mítica activista y artista Susy Shock. La conductora cerró la entrega con una dedicatoria que calzó perfecto con el espíritu contracultural de las invitadas: «Les regalamos una piedra para que la tiren donde la tengan que tirar… Con la frase de Susy Shock: Nuestro delito es ser indómatas, ser indómatas toda la vida». Las músicas agradecieron el gesto con emoción («¡Ay, qué hermoso! ¡Qué lindo! ¡Gracias, muchas gracias!»), sellando una alianza de resistencia mutua.

El programa cerró la persiana con el compromiso absoluto de seguir bancando la autogestión de las pibas y cerrando el programa con  Adiós Mister X.

Para quienes quieran sumarse al ritual sonoro de este rock fusión, las próximas fechas confirmadas del grupo son el 14 de noviembre en La Bicicletería (La Plata), compartiendo cartel con Síntoma y La burguesía del Fuck You, y el 11 de diciembre en Simona (CABA). Las canciones de su EP Tres de espadas y su sencillo Coleccionista se encuentran disponibles en todas las plataformas de streaming musical.

Reviví la nota completa en Radio Trinchera

 

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