El horror de la violencia patriarcal volvió a golpear con su rostro más brutal y definitivo en el oeste del conurbano bonaerense. Camila Ruth Castro tenía solo 18 años, soñaba con ser modelo, acababa de volver a anotarse en la escuela secundaria y planificaba un futuro lleno de proyectos independientes. Sin embargo, toda esa fuerza vital fue apagada a sangre fría. En medio de una violenta discusión de pareja dentro de una casa en la localidad de Ituzaingó, su novio, Elías Barrionuevo, extrajo un arma de fuego y le disparó directamente al cuello. Camila ingresó sin signos vitales a la guardia del Hospital del Bicentenario, convirtiéndose en un nombre más de una lista de dolor que no para de crecer.
La reconstrucción judicial del crimen sumó un componente desgarrador: el intento desesperado de protección familiar. Al escuchar los gritos, Jorge Castro, el padre de Camila, intervino de inmediato para intentar salvar a su hija del agresor. La respuesta de Barrionuevo fue dispararle a mansalva, hiriéndolo de gravedad en ambas piernas. A pesar de los impactos de bala, en un último acto de amor y resistencia, el padre logró abalanzarse sobre el femicida y desarmarlo antes de que este lograra huir del lugar. Jorge permanece internado fuera de peligro, cargando con el dolor físico y la devastación de no haber llegado a tiempo para salvar la vida de su hija. Mientras tanto, el imputado escapó a pie y es intensamente buscado por las fuerzas de seguridad de la zona de Morón, con pedidos de captura emitidos por la Fiscalía de Violencia de Género.
El laberinto de los celos y la trampa del amor romántico
Los testimonios de las amigas y de la abuela de la víctima arrojaron luz sobre una cotidianeidad asfixiante: la relación estaba signada por peleas constantes, dinámicas de control y celos desmedidos que Camila intentaba mitigar creyendo en la falsa premisa del cambio por amor. Horas antes de ser ejecutada, la joven había subido una foto junto a su agresor a sus redes sociales expresando su afecto, una muestra dolorosa de cómo el peligro convive bajo la máscara de la normalidad afectiva.
La incredulidad e impotencia comunitaria estalló en los entornos digitales. «¿Tanto te costaba cuidarla si era lo único que ella siempre quiso?», interpeló una allegada en sus redes, desnudando la frustración colectiva frente a quien se desvivía por una pareja que terminó quitándole la vida. Exigir perspectiva de género en la investigación penal implica no permitir que el entorno de Barrionuevo intente atenuar la pena alegando un «brote de locura momentáneo». No es locura, es la convicción machista de posesión que dicta que si una mujer decide proyectar una vida autónoma —estudiar, modelar, crecer— debe ser castigada y disciplinada.
Respuestas frente a la avanzada de la crueldad
El femicidio de Camila Castro ocurre apenas 48 horas después del crimen de Mónica Ligorria en Pilar, configurando una semana trágica que expone el recrudecimiento de la violencia machista en Buenos Aires.
No podemos desvincular estos niveles de saña del desmantelamiento total de las herramientas de prevención a nivel nacional. La falta de talleres de educación sexual integral (ESI) y noviazgos violentos en las escuelas priva a las jóvenes de 18 años de recursos teóricos para identificar las alertas tempranas de control y manipulación antes de que las discusiones terminen en disparos.
Abrazamos el dolor insondable de Jorge Castro y exigimos la inmediata captura de Elías Barrionuevo. La propia familia del acusado ha manifestado la intención de que se entregue ante las autoridades judiciales, evidenciando que el pacto de caballeros machista no tiene lugar ante semejante aberración. Exigimos justicia efectiva, memoria por los sueños rotos de Camila y presupuesto real para que dejar de morir a manos de quienes dicen amarnos sea una realidad y no una consigna vacía. Ni una menos, vivas y libres nos queremos.







