Por qué ‘Furia’ (Disney+) es el thriller feminista que necesitábamos en nuestras pantallas

Emmy Rossum encarna a Alice Black, una agente del FBI con un oscuro trauma detrás

Por Gabriela Chamorro

Hay ficciones que nos entretienen y hay otras que ponen el dedo en la llaga de una herida colectiva. Furia (Hulu / Disney+), la producción televisiva que acaba de coronar su primera temporada, pertenece definitivamente al segundo grupo y, confieso que, poco puedo esperar para que llega la segunda.

Creada por Elizabeth Meriwether (The Dropout), la serie utiliza el formato clásico del thriller policial de persecución para desarmar, pieza por pieza, el pacto patriarcal institucionalizado.

Para el que ama los policiales les aclaro que deben olvidarse de la clásica narrativa del asesino serial varón que caza mujeres indefensas.

Aquí, la violencia cambia de dirección gracias a un equipo de guionistas integrado por Alexa Derman, Haily Hall, Colleen McGuinness y Beatrice Morgan, y la dirección de realizadoras como Karena Evans y Destiny Ekaragha, quienes esquivan con maestría la mirada masculina (male gaze).

La violencia sexual en Furia no es un espectáculo visual; es el detonante de una profunda y dolorosa radiografía social.

El núcleo magnético de la trama destroza por completo el binomio moral de «la buena y la mala».

 

La serie construye un espejo incómodo entre la agente del FBI Alice Black (Emmy Rossum) y la asesina en serie Catherine Grace (Lola Petticrew). Ambas están unidas por la «honda» de un trauma idéntico: son sobrevivientes de abusos perpetrados por hombres poderosos.

La asesina serial Lola Petticrex encarna a Catherine Grace un ser que no sabés si abrazar o matar.

Mientras Alice intenta operar dentro de las reglas de un sistema judicial que la desgasta y la castiga a prueba, Catherine decide ejecutar una justicia quirúrgica usando el fentanilo.

Con esto, la serie plantea una tesis demoledora: una justicia que tarda años, que se burla de las víctimas o que se cajonea para proteger el estatus de hombres influyentes, no es justicia; es burocracia de encubrimiento.

Cuando el Estado no te contiene, te desprotege y permite que una red de prostitución infantil destruya tu infancia, el contrato social se rompe de manera unilateral. ¿Qué tan equivocada está Catherine al buscar justicia por mano propia?

La trama nos obliga a aceptar que ella no opera por un impulso psicopático, sino desde una legítima defensa retroactiva en un entorno donde la única alternativa real era el silencio o la muerte.

A medida que Alice tira del hilo de los crímenes, la serie expone cómo el sistema no es ineficiente por error, sino por diseño. Las altas esferas del dinero y la política están blindadas por una red de complicidades policiales, encarnada en los intentos de silenciamiento que sufre Alice por parte de su manipulador exnovio, el detective Marshall Connelly.

Sin embargo, en medio de esta crudeza institucional y del desgaste de una Catherine malherida y acorralada, el guion introduce un contrapeso emocional conmovedor: la relación de la asesina con Alden, un personaje con una severa discapacidad motriz y de habla.

Para el mundo, Alden es invisible o «monstruoso», pero para Catherine es el único refugio de ternura pura. Ella, que ejecuta sin piedad a los verdaderos monstruos de traje y corbata, reserva sus escasos atisbos de afecto y humanidad para alguien a quien el sistema también ha marginado y vulnerado.

La serie incluye el personaje de Alden, encarnado por el actor Steve Way quien nació con distrofia muscular congénita y es un activista contra el cripping up

Detrás de este personaje hay una apuesta política tremenda por la inclusión real: Alden es interpretado por Steve Way, un reconocido actor y comediante de stand-up estadounidense que nació con distrofia muscular congénita. Ferviente activista contra el cripping up (la práctica de usar actores sanos para roles con discapacidad), la química cruda y sensible de Way con Lola Petticrew dota a la serie de una capa de realismo aplastante.

En Las Brujas que Salem siempre reivindicamos los relatos que incomodan al poder. Furia es una recomendación obligatoria porque encarna la ira femenina (female rage) no como una patología, sino como una respuesta cuerda ante un entorno criminal. Es un recordatorio de que, a veces, para que algo nuevo florezca, el fuego tiene que consumir los cimientos podridos.

 

¿Dónde verla?: La primera temporada completa (8 episodios) está disponible en Disney+. Confirmada oficialmente su segunda temporada, es el momento perfecto para encender el debate.

 

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