Cerca de 1.200 millones de personas —el 14 por ciento de la población mundial— sufren algún problema de salud mental, una cifra que casi se duplicó en comparación con los registros de 1990.
Según un reciente estudio de la revista The Lancet, que analizó datos entre 1990 y 2023 en 200 países, estos padecimientos escalaron hasta convertirse en la primera causa de discapacidad en el planeta, superando al cáncer y a las enfermedades cardiovasculares.
El informe destaca que las mujeres y los adolescentes de entre 15 y 19 años son los sectores más perjudicados, con la ansiedad y la depresión como los diagnósticos más recurrentes.
La investigación detalla que la prevalencia global de estos trastornos aumentó un 24 por ciento en las últimas tres décadas.
Los cuadros de ansiedad crecieron un 65 por ciento, mientras que la depresión subió un 41 por ciento.
A partir de los 15 años, las mujeres lideran las estadísticas en la pérdida de años de vida saludable por estas causas, mientras que en los varones menores de esa edad prevalecen el autismo y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Desigualdad estructural y sobrecarga
La brecha de género en la salud mental responde a múltiples factores sociales, culturales y económicos. Victoria Vidal, directora del Observatorio de Salud Mental de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), señaló a la Agencia de Noticias Científicas que las mujeres enfrentan de manera crónica dobles, triples o hasta cuádruples cargas horarias que combinan el desarrollo profesional, la gestión del hogar y las tareas de cuidado no remuneradas.
Esta asimetría se refleja en datos del Indec, los cuales exponen que en Argentina las mujeres dedican entre seis y siete horas diarias al trabajo doméstico, frente a las cuatro horas que promedian los varones. A este agotamiento se suman variables como la brecha salarial, la precarización económica y la violencia de género. Respecto a esto último, informes oficiales indican que una de cada dos mujeres sufrió violencia por parte de su pareja alguna vez, registrándose un 82,3 por ciento de casos de violencia psicológica.
Por otro lado, la vulnerabilidad socioeconómica profundiza el malestar. Datos de la Universidad Católica Argentina (UCA) revelaron que el 39,5 por ciento de la población en situación de pobreza manifestó síntomas de ansiedad y depresión, con registros significativamente más altos en el segmento femenino. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que la depresión es 1,5 veces más frecuente en mujeres y afecta a más del 10 por ciento de las embarazadas o puérperas.
Sesgos en el diagnóstico y presión estética
El factor cultural también interviene en la asignación de etiquetas clínicas. Vidal explicó que existe una tendencia a diagnosticar más rápido a las mujeres con depresión o ansiedad, mientras que en los varones los mismos padecimientos suelen enmascararse bajo conductas de irritabilidad, agresión o consumos problemáticos.
A este panorama se añaden los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), impulsados por la presión estética. Argentina se posiciona como el segundo país con más casos a nivel mundial: afecta a entre el 10 y el 15 por ciento de la población, y el 90 por ciento de las pacientes son mujeres.
Ante este escenario, los especialistas remarcan que la salud mental no debe abordarse como un problema individual, sino como una realidad colectiva atravesada por desigualdades de género.
En este sentido, se destaca la importancia de normativas como la Ley Nacional de Salud Mental, orientada a garantizar cuidados desde una perspectiva de derechos e inclusión.







