La abogada, especialista en compliance y directora general del Women Economic Forum (WEF) Argentina, fue distinguida en el Salón Dorado por su trayectoria y su constante lucha por el empoderamiento y la autonomía económica de las mujeres.
Un reconocimiento institucional a la equidad de género
En un emotivo acto celebrado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, se otorgó el «Diploma a la Emprendedora» en el rubro de Desarrollo Económico a la Dra. Lina Anllo. El proyecto de declaración, de coautoría de los diputados Patricia Glize e Ignacio Parera, fue impulsado inicialmente por la diputada Gimena Villafruela, quien tomó la palabra tras la proyección de un video conmemorativo.

Villafruela destacó la fuerte vocación de la homenajeada: «Admiro realmente su capacidad de liderazgo en el sector empresarial y esta capacidad de potenciar y construir espacios». Asimismo, el Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, envió sus felicitaciones mediante una carta formal leída durante la ceremonia, señalando que la distinción «refleja el compromiso, la dedicación y la capacidad con la que impulsás proyectos e iniciativas que contribuyen a generar oportunidades».
La trayectoria de Lina Anllo: de Mercedes a la cima del liderazgo global
Nacida en la ciudad bonaerense de Mercedes, Lina Anllo construyó una carrera marcada por la excelencia académica y el impacto corporativo. Se graduó como Abogada con Diploma de Honor en la Universidad de Buenos Aires (UBA), especializándose posteriormente en Derecho Penal, Ética y Compliance (integridad corporativa).
Su trayectoria internacional incluye la dirección general del WEF Argentina, espacio federal que tracciona negocios y visibilidad para lideresas de todo el país, la presidencia de la Asociación Global Equidad Integridad (AGEI) y del Capítulo Argentino de la World Compliance Association, además de haber sido portada de prestigiosas revistas de negocios como Forbes Argentina.

En primera persona: los textuales más destacados del discurso
Al recibir la distinción, Anllo repasó su recorrido con una alta carga emocional, recordando el momento exacto en el que inició su propio camino de independencia económica:
«Siempre digo que emprendí mucho antes de crear proyectos o instituciones. Emprendí el día que dejé Mercedes, mi ciudad natal, para venir a Buenos Aires a estudiar Abogacía en la UBA. Emprendí cuando conseguí mi primer trabajo en la mesa de entradas del Juzgado Correccional Número 3.»
Para la jurista, el concepto de emprendimiento supera por completo las fronteras tradicionales del comercio o del ámbito netamente corporativo:
«Entendí que emprender no es solo crear empresas; emprender es una forma de vivir.»
La lucha colectiva por la autonomía económica de las mujeres
El eje central de la labor de Anllo radica en promover que las mujeres traccionen la economía real mediante el acceso independiente a recursos y puestos de decisión clave. Durante su discurso, ratificó que su causa principal sigue firme y citó las palabras del Papa Francisco para recordar que las redes de contención mutua son indispensables:
«Quise que toda mi existencia pudiera emprender por una causa: la autonomía económica de las mujeres y construir un espacio… pero ningún emprendimiento se construye en soledad. Ya lo dijo el Papa Francisco: ‘Nadie se salva solo’.»
Hacia el cierre de su intervención en el Salón Dorado, la abogada reafirmó su compromiso con el futuro del liderazgo femenino y la equidad económica, dejando en claro que este diploma es solo un impulso para continuar trabajando:

«Hoy miro hacia atrás otra vez. Quiero seguir emprendiendo, quiero seguir construyendo. Todos los que me conocen saben que no voy a detener nada y tampoco voy a bajar los brazos. Debemos continuar hoy más que nunca, mujeres y varones que se sumen a esta lucha. Esta lucha es de todos.»
El mapa global de las ideas y los negocios
Uno de los aportes más prácticos de Anllo a la autonomía económica femenina ha sido el diseño de misiones comerciales internacionales organizadas con el objetivo directo de exportar productos y servicios de PyMEs lideradas por mujeres, conectándolas en mesas de negociación internacionales.

La revolución invisible de la voluntad
Por Gabriela Chamorro
El Salón Dorado de la Legislatura Porteña no fue solo el escenario de un protocolo institucional; fue el epicentro de una verdad incómoda pero esperanzadora.
Cuando escuchamos a Lina Anllo, entendemos de inmediato por qué el país necesita, de manera urgente, multiplicar liderazgos como el suyo. No necesitamos meras figuras de gestión; necesitamos tejedoras de redes, mujeres capaces de mirar el ecosistema completo del desarrollo económico sin dejar a nadie atrás.
Lo verdaderamente revolucionario del mensaje de Anllo radica en su generosidad conceptual. Para ella, la autonomía económica no es un indicador frío que solo le pertenece a las CEOs de las grandes corporaciones o a las fundadoras de startups tecnológicas. En su radar de valoración entran las empresarias que abren mercados en Europa, las científicas que innovan en los laboratorios y las comunicadoras que rompen sesgos en los medios. Pero su genialidad humana —y allí es donde el discurso caló más hondo— estuvo en mirar hacia el origen, hacia el soporte invisible que sostiene a las que lideran.
Con una sensibilidad y honestidad poco comunes en los estrados políticos, Lina no se adjudicó un éxito solitario. Validó con nombre y apellido a las mujeres de su familia, pero fundamentalmente reconoció a quienes la ayudaron en las tareas domésticas y de cuidado. Es un acto de justicia histórica: ninguna mujer llega a la cima de un foro global sin una red de contención que sostenga el hogar. Visibilizar el trabajo doméstico como el motor silencioso que permite el despegue de otras carreras es el nivel de empatía que el liderazgo moderno exige.
En una Argentina que a menudo se percibe cansada, la fuerza de trabajo de esta abogada mercedina y su inquebrantable voluntad se convierten en un faro indispensable. Su proclama final de «no voy a detener nada y tampoco voy a bajar los brazos» no es un eslogan de autoayuda; es una declaración de resistencia económica.
Necesitamos más mujeres que dejen de pedir permiso, que entiendan que emprender es una filosofía de vida y que, sobre todas las cosas, usen su propio poder para abrir las puertas a las que vienen atrás.
La lucha por la equidad es colectiva, o no será.










