Las banderas innegociables de Miguel Rep: «Me pone muy triste cuando los que sufren son los de abajo»

 

En una charla íntima y descarnada en el programa radial Las brujas que Salem, el genial dibujante argentino desnudó la ética inquebrantable de su lápiz. Presentó su nuevo libro, Charly Absoluto, analizó el dolor oculto detrás del mito del rock y explicó por qué el arte funciona hoy como un respirador artificial frente a una crisis económica letal. Además, conmovió al revelar cómo la paternidad a los 63 años desarmó su ego y lo transformó por completo: «Prefiero que mi hija raye las paredes de la casa antes que castrar su lápiz».

Miguel Rep es un auténtico cirujano del trazo popular argentino. Publica desde los 14 años, fue consagrado por el mismísimo Quino como el mejor historietista de su generación y lleva décadas ilustrando la historia viva del país en las páginas de Página/12.

Tras publicar exitosas biografías gráficas dedicadas a Evita, Maradona y Messi, el dibujante se metió con «lo más sagrado del rock nacional» para entregar su última gran obra: Charly Absoluto.

En diálogo con el programa radial Las brujas que Salem, Rep desmenuzó la génesis de un libro que define como «luminoso», reflexionó sobre las prioridades que le impuso su paternidad a los 63 años y dejó definiciones sociológicas punzantes sobre la alarmante pero vital resistencia del consumo cultural en tiempos de malaria económica.

 

«Charly es del dolor, pero lo ha transformado en cero culpa, en tratar de que la gente hasta se olvide de ese dolor» — Miguel Rep.

 

Charly García y la máscara del dolor adolescente

Al indagar en las páginas del libro, Rep desarma la coraza pública del músico para meterse en su sensibilidad herida.

A diferencia de otros artistas, Charly construyó un blindaje visual único: anteojos oscuros, rictus indescifrables y el eterno bigote bicolor. Sin embargo, el dibujante logró filtrar la angustia colectiva en sus trazos.

«Hay ciertos dibujos donde el dolor es patente. Por ejemplo, él no mostró dolor en su fisonomía. Siempre mostró una ironía, una alegría. Siempre se tapó con anteojos y bigotes todo lo que fueran sus gestos. Pero yo ahí pude deslizar un par de lágrimas en algunos dibujos, como la muerte de Lennon.  Creo que él tiene, dentro de lo que es esa máscara, un rincón de dolor siempre. Y en sus letras eso es palpable, y en cómo trató a su cuerpo también».

Para Rep, esa corporalidad al límite y esa entrega total en los escenarios responde a una condición existencial que el músico arrastra desde su génesis: «Creo que él siempre tuvo esa cosa… bueno, adolescente. Adolescente conlleva la palabra dolor, el adolecer. Y pienso que hasta el momento de mayor producción, de mayor movilidad en los medios o en las fotos, hasta que más o menos entró a ‘Cuarteles de Invierno’, él mostraba siempre un dolor ahí solapado y escondido en letras, en baile y en darle alegría a los que lo escuchan».

El valor ético y estético de García radica, según el entrevistado, en la alquimia que logró hacer con ese sufrimiento: «Es lo que el arte hace con el dolor. Lo estiliza. Pero hay artistas que no son tan del dolor, son de otras materias, de otros materiales. Él, yo pienso que es del dolor, pero lo ha transformado en cero culpa, en tratar de que la gente hasta se olvide de ese dolor. Creo que la experiencia de Say No More es vivir el presente absoluto. El presente absoluto es mostrar que no sé si hay pasado antes, no sé si habrá dolor en el futuro… esto lo estoy viviendo ahora, es la música permanente. Ahí deja que el dolor no sea un rictus«.

 

«Comer una comida menos para ir al teatro»: El arte como respirador artificial

Uno de los momentos más agudos y alarmantes de la entrevista se dio cuando Rep analizó la paradoja económica actual: estadios colmados, recintos agotados y un circuito artístico hiperactivo en medio de un contexto social devastador. Para el dibujante, este fenómeno devela un desplazamiento dramático del consumo.

«En plena crisis, una de las crisis más letales que hemos vivido, hay un desplazamiento hacia el consumo de artes, y ese desplazamiento significa la carencia de algún tipo de consumo, que debe ser un consumo primordial, quizás. Dejan de comprar ropa, no sé, dejan de comprar pañales, dejan de comprar comida, comen una comida menos, ¿entendés? Porque, realmente, las entradas al Movistar o a los estadios son caras».

Lejos de una mirada romántica o meramente festiva, Rep advierte que las propuestas íntimas también se llenan porque la sociedad busca desesperadamente un cable a tierra, un espacio donde reconocerse en el otro frente al desamparo. Él lo experimenta mensualmente en sus shows con el escritor Pedro Saborido, donde eligen conscientemente recintos pequeños como Bebop Club para no perder el contacto visual.

«Casi siempre nuestro tope es de 200 personas para que la gente escuche, para ver la cara de la gente. Y siempre se llena. Mañana vamos a estar en Bebop y está lleno. Y consumen también, por lo menos se toman un agua tónica más allá de la entrada», graficó.

Esta masividad contrasta de forma brutal con el ahogo de otras disciplinas como el cine o la industria editorial, empujando a los trabajadores de la cultura a una sobrevida a pura autogestión: «Hay mucho teatro porque los actores necesitan vivir. En una sala donde antes se daban tres obras, ahora se daban seis, porque la gente necesita laburar».

 

 «Yo no sé si por resentimiento de clase o lo que sea, pero yo estoy del lado del perdedor siempre. Es una posición estética de nacimiento» — Miguel Rep.

 

Las banderas innegociables: «Siempre estoy del lado del perdedor»

Consultado de forma directa sobre cuáles son los pilares fundamentales, éticos e ideológicos que jamás negociaría en su obra —como su histórica militancia gráfica por la memoria de la dictadura militar—, Rep desnudó una toma de postura que no pasa por la corrección política, sino por un impulso primitivo e irracional.

«Yo no sé, son tan irracionales, son como que me salen así. Me alegro cuando a algún hijo de puta le va mal y me pone muy triste cuando los que sufren son los perdedores. Yo te diría que, si bien yo no soy un perdedor porque vivo de lo que me gusta y la verdad que me impuso en esto, yo estoy del lado del perdedor, siempre estoy como del lado del perdedor. Esa posición estética me viene de nacimiento. No sé si por resentimiento de clase o lo que sea, pero yo soy».

El dibujante profundizó en esa ética de su lápiz, que rechaza la frialdad del libre mercado y de una justicia formal que suele desproteger a los de abajo: «En ese sentido, estoy del lado del perdedor siempre y del lado de los partidos o del lado político del reparto. Eso vendría a ser básicamente. Y después soy absolutamente anti-violencia. Cada vez peor estoy. No soporto ni las películas donde matan a un malo. Ni siquiera eso, no puedo soportar la muerte».

Paternidad a los 63: La libertad de rayar las paredes en Palermo

Ese rechazo visceral a la crueldad se potenció exponencialmente con la llegada de su pequeña hija, Alba, nacida hace casi dos años y bautizada en espejo con su abuela libanesa de 92. El «padre añejo», como se define con gracia, encontró en ella el desarme definitivo de su propio ego profesional.

«Ser papá por primera vez a los 63 me encuentra más tranquilo. Puedo decir ‘no’ fácilmente al mundo que no tiene que ver con ella, y mucho ‘sí’ a ella… Estoy siendo muchas veces ella, veo las cosas de su estatura y de sus aprendizajes diarios. Antes la ficción era ficción, pero ahora no me banco las violencias porque en la víctima personifico a mi hija, a mi beba. Ella está inerme ante el mundo. Todos estamos inermes como un bebé, como una criatura que tiene que tener cuidado. Ojalá nos cuidáramos todos a todos como cuidamos a los niños».

Para cerrar, Rep dejó una anécdota hermosa que sintetiza su amor de padre y su respeto absoluto por la pulsión creadora del dibujo, libre de moldes técnicos, en la casa que alquila temporalmente en el barrio porteño de Palermo:

«Es la casa de un pintor holandés que vive en París. Cuando venga, va a ver todas las paredes a la altura de Albita dibujadas, salvo que se las pinte de blanco a último momento. Pero yo no puedo de ninguna manera castrar a mi hija con su lápiz sobre las paredes, porque yo no recuerdo como niño jamás haber tenido la posibilidad de un lápiz y una pared. Jamás. Así que ahora la veo y veo rayones que de a poquito, de la abstracción, porque ella ahora dibuja abstracto, van a ir yendo a la figuración. Un día va a aparecer una luna, otro día va a aparecer un perrito… No necesito un dibujo para morir de amor, muero cada día».

 

El arte como trinchera y memoria viva: El valor de insistir

La charla con Miguel Rep deja una certeza flotante: en tiempos de crisis letales y desamparo, el arte deja de ser un hecho estético o un mero entretenimiento de catálogo para convertirse en un artículo de primera necesidad. Es un respirador artificial. Cuando el contexto empuja hacia el sálvese quien pueda, la cultura insiste en juntar a la gente en un teatro, en un concierto o alrededor de un libro. No se trata de una evasión frívola, sino de un acto de supervivencia colectiva; un desplazamiento desesperado donde se prefiere resignar consumos materiales básicos antes que apagar la última luz que nos conecta con la sensibilidad y con el otro.

Contar hoy con las figuras activas de Charly García y Miguel Rep es un privilegio histórico para la cultura argentina. Son dos artistas vivos, lúcidos y fundamentales que operan como las antenas de nuestra sociedad. Charly, desde sus inicios con Sui Generis hasta la revolución de su bigote bicolor, fue el pararrayos que absorbió el dolor colectivo de las épocas más oscuras del país para devolverlo transformado en canciones libres de culpa y llenas de luz. Rep, con la nobleza de su tinta analógica, se niega a soltar el papel y el trazo humano en tiempos de pantallas impersonales, documentando nuestra identidad con una ternura inquebrantable.

Lo que agiganta a estos dos creadores es la coherencia de su postura ideológica, una bandera innegociable que sostienen en cada uno de sus movimientos. No eligen la comodidad de la neutralidad ni el bronce de la solemnidad. Ambos eligen, por pulsión estética y de nacimiento, ubicarse siempre del lado de los perdedores, de los postergados y de la resistencia frente a los poderosos. En un mundo hiperdigitalizado que premia la efectividad instantánea de un meme o la frialdad de un algoritmo, el lápiz de Rep que permite que su hija Alba raye las paredes y la música eterna de Charly nos recuerdan de qué estamos hechos. Son la prueba viva de que, frente a la hostilidad del presente, la cultura no pide permiso: resiste, sana, abraza y nos asegura que los dinosaurios, tarde o temprano, van a desaparecer.

¿Quién es Miguel Rep?
  • Nombre completo: Miguel Antonio Repiso (Rep).
  • Nacimiento: 1961, San Isidro, Provincia de Buenos Aires.
  • Inicio precoz: Publicó su primer dibujo profesional en medios a los 14 años.
  • Consagración: El mítico Quino lo definió formalmente como «el mejor historietista de su generación». 
  • Emblema de la prensa: Es ilustrador y humorista histórico del diario Página/12 desde su fundación en 1987.
  • Distinciones internacionales: Fue condecorado como Caballero de las Artes y las Letras por Francia y actúa como Embajador de Buena Voluntad de UNICEF. 
  • Saga de la identidad popular: Autor de aclamadas biografías ilustradas como Eva Perón. Nacida para molestar, Diego. Nacido para molestar, Messi. Nacido extraterrestre y su flamante lanzamiento Charly absoluto (Editorial Sudamericana). 
  • Militancia analógica: Defensor acérrimo del soporte en papel, los murales públicos y el «aura» del error físico frente a la homogeneidad de las tablets y el diseño digital.

 

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