
Lala Pasquinelli, abogada, poeta, activista feminista, creadora de Mujeres que no fueron tapa lanzó su último libro. Las Brujas que Salem dialogamos con ella en una extensa charla en donde seguimos hackeando mandatos, analizamos la realidad actual de nuestro país y soñamos salir de la anestesia y encontrarnos en las redes contenedoras de mujeres.
“LA ESTAFA DE LA FEMINIDAD. CÓMO LA BELLEZA NOS EDUCA PARA SER SUMISAS” un libro que desarrolla toda una hipótesis muy interesante y que tiene el plus, además de tu trabajo intenso, de ver el aporte que, en el espacio que creaste “Mujeres que no fueron tapa” hicieron muchísimas mujeres con situaciones que vivían y las atravesaban y que por lo tanto, uno al leerlo, lo siente un poco propio. ¿Cómo fue parir este nuevo hijo Lala?
Un poco la idea del libro viene- más allá de las voces de las feministas que nos anteceden- de esto que vos decís, del trabajo de todos estos años hicimos con tantas compañeras, de las conversaciones abiertas y la escucha de muchísimas historias, que dan cuenta de que vivimos en un sistema de opresión. Y también entender, entre todas, que ninguna de estas cosas que nos pasa tiene que ver con que somos tontas o que estamos locas, o que tenemos mala suerte, sino que hay, ahí afuera, un sistema que nos educa desde que nacemos para que internalicemos la misoginia, para que ocupemos este lugar de segundonas en el mundo, para que nos desjerarquicemos o aceptemos la desjerarquización en la que vivimos y aceptemos la explotación y la violencia como una forma de destino. Además, la intención era abrir una puerta de salida, porque si bien hay resistencia- y la resistencia no es fácil, tampoco lo es la obediencia. Estamos tan acostumbradas a la obediencia a todos estos estándares y estos ideales, que a veces lo tenemos naturalizado como lo que debe ser lo normal y ahí vagamos por nuestras vidas, como si no fuera doloroso, difícil y tremendo por momentos. Por todo esto pareciera que lo difícil es la resistencia y la verdad me parece que no es así.

Es cierto y también se lee y se siente mucho de esperanza, porque en esta idea de “hackeo” a muchísimos mandatos, en este en particular, al mandato de la belleza, también sentimos que así como aprendimos a ser sumisas podemos desaprenderlo y comenzar a andar desde otro lugar de mayor libertad, aunque el término ahora esté tan bastardeado…
Si, pero hay que disputar esa palabra, porque es una palabra nuestra que no la podemos perder.
con la belleza es más difícil desmarcarse porque es un dispositivo sutil, minucioso, pero muy eficiente, y esa policía del cuerpo, de la propia imagen la tenemos internalizada todas sobre nuestros cuerpos y sobre los cuerpos de las otras.
Totalmente de acuerdo. Pero vayamos al corazón del libro a cómo lográs concluír que este mandato de belleza es un dispositivo político para mantenernos sumisas y controlar nuestro cuerpo y nuestra vida.
Si, es una hipótesis que tiene que ver con mi propia vida- uno no escribe lo que no conoce- y esta observación perdurable de la vida de las otras, de estar expuestas a tantas historias, de rever las encuestas que hemos hecho y de investigaciones que han hecho antes que nosotras, nos lleva a entender que, desde los feminismos se le ha prestado poca atención al ideal de belleza como dispositivo político del control del cuerpo de las mujeres. Nos fuimos quedando con la idea de que el control se ejerce a través de la función reproductiva, del trabajo doméstico no remunerado, pero no nos metimos tanto con este tema porque creo que lo tenemos muy profundamente naturalizado.
Lo cierto es que nos cuesta mucho, a todas, encarnar este ideal y no sólo porque nos sentimos mal si no encajamos en él, sino, sobre todo, en dejar de adoptar los gestos y los hábitos que implica ser bella. Por lo tanto es un tema que nos interpela muy individualmente; hay otras formas de control de los que hemos comenzado a zafar más fácilmente: la función reproductiva con los métodos anticonceptivos, meternos en la discusión del aborto y en relación al trabajo doméstico hemos intentado zafar de distintas maneras, de acuerdo a la clase doméstica en la que estés y tus posibilidades. Sin embargo, con la belleza es más difícil desmarcarse porque es un dispositivo sutil, minucioso, pero muy eficiente, y esa policía del cuerpo, de la propia imagen la tenemos internalizada todas sobre nuestros cuerpos y sobre los cuerpos de las otras.
Tiempos de crueldad
Lala Pasquinelli fue elegida el año pasado entre las 100 mujeres más influyentes del mundo por la BBC. Es la segunda mujer del país en integrar esta reconocida lista.
Además de hackear los estereotipos de género es una continua impulsora de análisis del presente en el país y cómo éste afecta a mujeres y diversidades

Reflexionando sobre la situación actual aseguró: “Estamos viendo una crueldad en la gestualidad del poder. Veo, siento, entiendo que la ética de la administración de lo publico es la crueldad. Hoy hay mucha gente preguntándose qué paso para que, en estos momentos, estemos expuestos y expuestas a estos niveles de crueldad y, que, a la vez, haya tan poca gente rechazando eso.
Mientras escribia este libro pensaba en nosotras, las mujeres, y en como la educación que recibimos es profundamente cruel y más aún, sobre todo lo que tiene que ver con la belleza. Las mujeres normalizamos esa crueldad sobre nuestros cuerpos desde el mismo momento que nacemos, desde ese momento sabemos que va a haber dolor, cortes y que eso, escala hasta llegar a intervenciones en nuestro cuerpo donde nos hacemos meter y sacarnos cosas. El tema del hambre: que nos acostumbramos a soportar. La mitad de la poblacion del mundo pasa hambre y nosotras –las que podemos comer- no lo hacemos por esa “obligación” de tener una apariencia como si no comiéramos, despreciamos ese alimento. Entonces si nosotras somos capaces de soportar esa violencia sobre nuestros propios cuerpos, no sólo aceptarla sobre nosotras, sino también ejercerlas nosotras mismas sobre nuestro cuerpo y el de nuestras niñas, ¿por qué no seríamos capaces de tolerar otras formas de la violencia y otras forma de la crueldad sobre nuestros cuerpos, sobre los cuerpos de les otres, y sobre el planeta?

Por eso no hay dudas de que en la belleza hay mucha pedagogía de la crueldad y mucho de normalizar esa crueldad y esa violencia en el resto de los ámbitos sociales. Lo que puede ser hecho sobre el cuerpo de las mujeres, ¿por qué no puede ser hecho sobre otros cuerpos? Y en la masculinidad esa violencia y esa crueldad se van a normalizar con otros dispositivos pero también se va a normalizar.
Si nos ponemos a pensar en los tratamientos, en lo que se nos ofrece a nivel belleza, la escalada de crueldad que hay en los últimos 20 años es exponencial
Esta idea de la democratización de la belleza, que implica que todas nos tenemos que hacer tratamientos invasivos, es una forma de crueldad que vamos aceptando y vamos asumiendo. Las fotos las imágenes de cuerpos, cosidos, cortados, recién marcados, en un quirófano en redes sociales es uno de los ejemplos.

Totalmente de acuerdo hemos desarrollado un nivel de tolerancia que asusta. Y en tu libro la cantidad de ejemplos abunda y también esa responsabilidad que tenemos, en gran medida las madres “las grandes maestras” las llamás vos.
Si, esto es así porque el sistema funciona así. Pero no nos tenemos que autoflagelar sino tratar de entender cómo funciona esa opresión para exigirnos ser productoras de buenas y obedientes hijas.
Si, porque no debe haber ni una sola madre que, hasta por una cuestión de protección no le haya dado un consejo de algún tipo para que esa hija corra tras ese ideal de belleza. De hecho, está tan enquistado en nosotras, que hasta las feministas más entrenadas deben haber cometido algún error de este tipo…
Sí, a mi me encantaría que muchas madres, tías abuelas de niñas puedan leer este libro, porque me parece que hay mucha cosa que puede ser hecha todavía a favor de esas niñas, que quizás sin esa información, seguimos reproduciendo esa lógica de control y disciplinamiento y también para entender mejor nuestras propias opresiones
Cuando logramos entender cómo el patriarcado presiona a las mujeres madres para que estas mujeres produzcan buenas hijas, también podemos ser más consideradas con nuestras madres y con nuestras abuelas y tener una mirada hacia atrás un poco más amorosa
Cuando logramos entender cómo el patriarcado presiona a las mujeres madres para que estas mujeres produzcan buenas hijas, también podemos ser más consideradas con nuestras madres y con nuestras abuelas y tener una mirada hacia atrás un poco más amorosa
Lala el libro, además del desarrollo de esta teoría tiene en sus páginas los pensamientos de grandes mujeres, entre ellas, Silvia Federici, Rita Segato, Yolanda Domínguez, Esther Pineda, Mari Luz Estegan, Florencia Guimaraes García y como si fuera poco, datos, estadísticas, investigaciones y el código QR para acceder a ellas…
(Risas) Y… es que somos minas, si esto lo dijera un tipo cualquiera, nadie le pediría datos, ni código QR, ni estadística ni nada, pero para ser mujer y escribir un libro, tenés que tener toda la data, más allá de que igual sabemos que no alcanza porque después viene uno y te dice “la tía de mi prima de mi hermana, a ella no le pasó esto que vos decís”. Es importante cuando uno hace un libro tener la fundamentación y también que se sepa que mucha de estos datos son investigaciones y cifras relevadas y construidas por compañeras, feministas, científicas, que, a través de distintos organismos del Estado, pudieron ir creando y generando esta información tan valiosa. Es sabido que por eso quieren destruir el sistema científico, sacar a las compañeras feministas del Estado y de los lugares de poder. Uno de los datos para mí más interesantes en términos de números, es que el trabajo doméstico no remunerado es el mayor porcentaje en el PBI, está por encima de lo que aportan las industrias.
Todos estos datos son incómodos para el poder y para el sistema económico y esto tiene muchísimo que ver con que esas compañeras ya no estén en los lugares donde estaban y sería importante que siguieran estando porque necesitamos estos estudios para poder sostener lo que defendemos.

Hay un concepto que desarrollás en tu libro y que creo que necesitamos todas desmontar también, que tiene que ver con esa estafa del discurso de la autoestima…
Si, es central. Nosotras trabajamos mucho esto de que nadie se salva sola, y hoy estas miradas vuelven a esa idea de que la autoestima en un problema de raíz individual, algo casi congénito o como si fuera una vitamina que te falta; tenés la vitamina D baja y también tenés la autoestima baja. Todo esto enfocado a que es tu culpa, que eso te pasa a vos porque vos no podés resolverlo.
Nosotras hacemos un abordaje en el que partimos de las ideas de Marcela Lagarde tomando a la autoestima en un contexto. Si nosotras como mujeres, vivimos en un mundo donde somos despreciadas , donde mueren nuestras congéneres a causa de ser mujeres, donde ganamos menos, donde nos boludean en todos lados, donde nos desprecian, ya ahí partimos de menos diez. Si a eso le agregamos las condiciones materiales que tenés, donde te tocó nacer, donde vivis, de qué laburás, que derechos se te reconocen en el país donde vivís, montones de cosas que hacen que tu autoestima sea alta o baja. Al mismo tiempo si tenemos en cuenta el contexto en el que estamos viviendo es muy difícil pensar que una mujer en esta realidad pueda construir una autoestima fuerte. Por eso ese contexto lo tenemos que transformar para transformar la autoestima y eso no lo podemos hacer en cualquier lugar, lo tenemos que hacer en espacios de validación y de legitimación porque hay que tener en cuenta que todas estas ideas que proponemos son contrahegemónicas, no van a ser bien recibidas por todos.
Precisamente al final de cada capítulo hay una serie de preguntas importantes para repensarnos y hacerlo en grupo de mujeres y hacia el final, en el Capítulo 9 una especie de punteo de puntos de partida, de lugares desde donde podemos empezar a hacer frente a esta estafa de la que somos víctimas. ¿Qué sentís que este libro viene a ofrecer en este contexto de retroceso de los derechos que conseguimos?
En principio es una contrapedogagía para disputar esta educación, las palabras y todo esto a lo que nos convoca todo el tiempo este gobierno, y también las ideas que han sido legitimadas por este gobierno y que muchas personas han adherido a esa ideología de “salvense quien pueda” o como la llama Rita Segato “la ética del proyecto del capital”. Se trata de una ética contraria a lo que sostenemos, que tiene que ver con que sólo va a permanecer en pie lo que es productivo, lo que da beneficio. El libro ofrece una contrapropuesta a esto, una idea de percibirnos, de percibir a los otres, desde un lugar profundamente humanista. Esto sin duda tiene que ver con el feminismo al que adherimos nosotras, saber que nadie se salva sola. Esto no significa que todas seamos amigas, sino que esa red que construimos, nos contiene, sobre todo en momentos de tanto desprecio. Lo digo como feminista porque a mí misma esta red me salvó la vida.

Tengo una sensación de que no sé si vamos a triunfar pero sí sé que siempre es mejor estar del lado del que están las compañeras que quieren que estas cosas se transformen y cambien para vivir mejor y para nuestra vida se vea dignificada.
Yo estoy en una cruzada, en este momento, por transmitir, lo máximo que pueda, que hay que salir de la anestesia, porque esta anestesia también lo que nos roba es la dignidad, dejar que sea arrasado todo lo que constituye nuestra identidad, todas esas cosas en las que creemos, queremos y valoramos y nos parecen importantes para la vida, también arrasa con nuestra dignidad. Por eso plantarle cara a eso, encontrarnos con otres, compartir, hablar, participar de una asamblea, salir a una calle, a un paro, a una marcha, participar de los encuentros es lo que nos dignifica, más allá del resultado que no sabemos cuáles van a ser. Pero todas estas acciones son una forma de disputar esta propuesta de vida extractivista que nos vienen a proponer, esta ideología que hoy está encarnada en quienes nos gobiernan y que no es algo que sucede en nuestro país, sino que está sucediendo en todo el mundo.
Quizás hay mucha gente que nunca lo vivió y en esta cruzada también hay que transmitir que no hay que ser nadie en particular, ni tener un capital cultural, sino que solo es necesario acercarte a los espacios y participar .Esto es es algo que nos va a mantener con vida en este presente tan difícil, tan triste, tan anestésico y tan arrasador.







