El pensamiento crítico volvió a ocupar un lugar de trinchera en los micrófonos de la comunicación popular. En una profunda y necesaria entrevista realizada por los periodistas Fernando Soriano y José Amore en el programa «Paraíso Artificial» (Futurock), la docente, escritora e investigadora del Conicet, Soledad Quereilhac, arrojó luz sobre el sombrío panorama político que atraviesa la Argentina actual. Lejos de los análisis meramente numéricos de las consultoras de opinión, Quereilhac apeló a la historia de las ideas para desarmar la matriz conceptual de la nueva derecha gobernante.
“La derecha siempre tiene un proyecto para nuestro país que es la peor versión de la Argentina: una Argentina que se achica y que deja afuera a las grandes mayorías”, sentenció durante la charla.
Sus palabras golpean en el núcleo del debate público: la desarticulación planificada del Estado de bienestar y el desprecio oficial por lo comunitario.
La desarticulación social como disciplina de género
Mirar las declaraciones de Quereilhac a través de las lentes de los feminismos territoriales nos permite dimensionar el verdadero impacto de lo que ella define como un proyecto «destructor». Cuando el gobierno actual asume al suelo nacional como un «mero territorio a ser saqueado» y decide que la palabra nación «le queda grande», los efectos colaterales no se distribuyen de manera equitativa.
La historia demuestra que las políticas de vaciamiento económico y desfinanciamiento de las áreas de salud, educación y asistencia social impactan de forma directa y desproporcionada sobre los cuerpos de las mujeres y las disidencias.
El «achicamiento» del que habla Quereilhac se traduce, en la vida cotidiana de los barrios, en una doble y triple jornada de cuidados para las jefas de hogar. Ante la ausencia del Estado como garante de derechos mínimos, son las redes de mujeres, lesbianas, travestis y trans quienes ponen el hombro para sostener los comedores comunitarios, los cuidados de las infancias y las urgencias de salud en territorios abandonados a la lógica del libre mercado.
El cinismo discursivo y la resistencia cultural
Quereilhac también apuntó contra la narrativa oficial que intenta revestir de patriotismo e «ideas de la libertad» a lo que en realidad constituye una subordinación económica absoluta a intereses ajenos al bienestar general. Para la investigadora, despojar a la Argentina de su soberanía científica, universitaria y cultural es la estrategia indispensable que necesitan los sectores concentrados para operar sin resistencias.
Frente a la crueldad que el poder político ejecuta diariamente en las redes y en la gestión pública, la intervención de Soledad Quereilhac en Paraíso Artificial nos recuerda que disputar el lenguaje y el sentido de lo colectivo es, hoy más que nunca, una tarea de supervivencia política. La peor versión de nuestro país se combate fortaleciendo los lazos solidarios, habitando las calles e insistiendo en que el destino de las mayorías populares no puede ser el descarte legalizado.
¿Quién es Soledad Quereilhac?
Soledad Quereilhac es Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Su campo de especialización y producción académica cruza la literatura argentina con la historia cultural de fines del siglo XIX y principios del XX.
En el ámbito universitario, se desempeña como Profesora Adjunta de Problemas de la Literatura Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y dicta clases de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Es autora del reconocido libro Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entre siglos (Siglo XXI Editores) y miembro del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”.
Además de su rigurosa labor de investigación y docencia, Quereilhac sostiene una activa participación en el debate público y de divulgación cultural en diversos medios de comunicación, aportando análisis políticos con una fuerte impronta histórica y social.







