La gran prioridad nacional de Milei: salvar al «Día del Niño» del lenguaje inclusivo mientras se hunden las infancias reales

Con un decreto que destila ironía frente a la crisis socioeconómica, el Gobierno gasta su tiempo de gestión en disciplinar el vocabulario. Mientras tanto, la desocupación, las deudas familiares y el desamparo por femicidios siguen rompiendo los hogares.

En un contexto social y económico marcado por el severo deterioro de las condiciones de vida de la población, el gobierno nacional decidió que su batalla más urgente es semántica.

Mediante el Decreto 562/2025, el presidente Javier Milei oficializó la restitución de la nomenclatura tradicional de «Día del Niño» para el tercer domingo de agosto, derogando formalmente el término integral de «Día de las Infancias». Una medida que denota el peculiar interés de la gestión: proteger la gramática tradicional con la misma fuerza con la que desfinancia las políticas de protección real a los menores.

Esta decisión no es un hecho aislado, sino que se inscribe dentro de una política sistemática de hostilidad hacia los movimientos feministas y las diversidades sexuales. Mientras la gestión de los recursos públicos exige respuestas urgentes ante problemas estructurales profundos, el tiempo y los instrumentos institucionales del Estado son utilizados para obturar el uso del lenguaje inclusivo y negar las múltiples realidades que habitan las infancias en el territorio nacional.

Emergencia real: los datos detrás de la cortina de humo

El desplazamiento terminológico opera como un factor de distracción frente a variables socioeconómicas críticas que afectan de manera directa y desproporcionada a las mujeres, las disidencias y las infancias:

Precarización y desempleo: El desempleo y la subocupación continúan golpeando con mayor fuerza a las jefas de hogar. El cierre sostenido de pequeñas y medianas empresas (PyMEs) y fábricas industriales profundiza la pérdida de puestos de trabajo estables, empujando a miles de familias a la informalidad económica.

Endeudamiento de los hogares: La pérdida del poder adquisitivo frente a la inflación de los servicios básicos y la canasta alimentaria obligó a una gran parte de las familias a contraer deudas financieras o de consumo para subsistir, afectando la estabilidad habitacional y el acceso a derechos elementales.

Violencia machista e infancias huérfanas: El indicador más doloroso de la ausencia de políticas de prevención es la estadística de femicidios. Cada crimen perpetrado por razones de género no solo trunca la vida de una mujer o disidencia, sino que deja una alarmante cantidad de niños, niñas y adolescentes en el desamparo y la orfandad, dependiendo exclusivamente del acompañamiento comunitario y de redes solidarias desfinanciadas.

Voces de alerta ante la provocación política

Diversas referentes del ámbito social, feminista y de la protección de los derechos de las niñeces se manifestaron respecto a la intencionalidad del decreto y alertaron sobre el desvío de la atención pública.

«Cambiar el nombre por decreto no borra las realidades ni soluciona el hambre. Es una provocación diseñada para alimentar una batalla cultural estéril mientras se vacían los comedores comunitarios y los presupuestos de asistencia a las víctimas de violencia. Un niño o una niña que hoy sufre la exclusión en su hogar no necesita que el Estado debata sobre el diccionario, sino que garantice la comida, la educación y la salud de las cuales está siendo despojado», señaló Marta Benítez, integrante de un colectivo de abogadas feministas expertas en derecho de familia.

Por su parte, desde los espacios enfocados en el desarrollo integral de las niñeces y adolescencias vulneradas, el diagnóstico coincide en el vaciamiento de la gestión cotidiana a cambio de efectismo discursivo.

«La denominación ‘Día de las Infancias’ permitía visibilizar que no existe una sola forma de transitar la niñez en la Argentina y que el Estado debía responder a la diversidad de contextos económicos y sociales. Volver al término excluyente es un guiño ideológico a sus sectores más conservadores. Es inaceptable que el gobierno gaste energía legislativa y tiempo de gestión en disciplinar el lenguaje inclusivo, cuando tenemos cifras récord de endeudamiento familiar y miles de chicos que caen bajo la línea de pobreza todas las semanas por el cierre de fábricas y comercios», analizó Lucía Carranza, psicóloga social y referente de una red de hogares de contención para infancias en situación de calle.

Provocación cultural en lugar de gestión

La decisión gubernamental de batallar contra las transformaciones lingüísticas busca invisibilizar los debates de fondo sobre la igualdad, el derecho a la identidad y la diversidad. Para los sectores que promueven la perspectiva de género, el uso de herramientas institucionales para forzar retrocesos conceptuales evidencia una falta de prioridad en la gestión de las problemáticas reales.

El tiempo político que demanda desmantelar legislaciones o decretos de inclusión es tiempo que se resta a la implementación de presupuestos de emergencia, asistencia alimentaria y programas de protección contra las violencias.

La insistencia en marcar una agenda de provocación ideológica hacia los feminismos no logra ocultar que, detrás de las disputas por las palabras, las infancias reales sufren de manera directa el impacto de la crisis económica y la desatención estatal.

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