La ESI analizada por sus propios usuarios

 

(Por Sonia Santoro para Página 12)

A casi dos décadas de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI), su implementación en las escuelas porteñas es valorada por las y los adolescentes y asumida como un derecho. Según un relevamiento de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, el 86% de las y los estudiantes considera que la ESI es importante. Además, el 80% la percibe como relevante para prevenir situaciones de violencia y el 71% para evitar situaciones de discriminación. Pese a ello, más de la mitad de las y los encuestados (53%) tiene una evaluación desfavorable de la forma en la que se dicta la ESI en sus escuelas.

El informe Voces alrededor de la ESI en el nivel secundario: percepciones de los/as estudiantes y aportes de especialistas recoge la mirada de 3.561 estudiantes de 39 escuelas secundarias de la ciudad, de gestión estatal y privada. Además, sumó entrevistas en profundidad a 20 jóvenes de otras escuelas.

Presencia de la ESI: extendida, pero desigual

El 90% de las y los estudiantes afirma haber tenido algún tipo de instancia de ESI durante su secundaria. Pero solo un 46% la recibió todos los años. Las diferencias entre modalidades educativas son marcadas: mientras en las escuelas artísticas estatales la continuidad llega al 64%, en las técnicas cae al 29%.

Las jornadas obligatorias tampoco alcanzan los estándares previstos: solo un 13% recuerda haber tenido las tres anuales. “Los seis años que estuve acá tuve tres jornadas nada más y no las recuerdo muy bien“, dice una estudiante técnica estatal.

En cuanto a la valoración de la política establecida por la ley de Educación Sexual Integral 26.150, sancionada en 2006, es positiva.

Al comparar los tipos de gestiones de las escuelas, se observan pocas diferencias entre los tipos de gestión —estatal y privada–, pero sí surgen contrastes según la modalidad. “La mayor polarización se observa al interior de la gestión estatal, entre las escuelas técnicas y artísticas que, respectivamente, presentan los niveles más bajos y más altos de continuidad, interés y valoración de la ESI. Estas asimetrías sugieren que la modalidad educativa incide en la implementación y recepción de la ESI, posiblemente asociada a los enfoques pedagógicos, la formación de los equipos docentes y las características de la población estudiantil de cada institución. También puede vincularse con la composición sexo-genérica de la matrícula: en las escuelas artísticas predomina la presencia de mujeres cis (62%) y otras identidades de género (12%). En cambio, en las escuelas técnicas se observa una predominancia de varones cis (74%), frente a un 25% de mujeres cis y un 1% de otras identidades», dice el informe.

De qué se habla y de qué no

Según el relevamiento, “el análisis de los temas de mayor interés muestra que las y los estudiantes conciben la ESI de manera amplia e integral, más allá de los contenidos clásicos vinculados a la biología o la reproducción, que de todos modos siguen siendo de los más valorados”.

Los contenidos más trabajados son vínculos afectivos (89%), uso de redes sociales (88%) e ITS y métodos anticonceptivos (80%). En cambio, la salud mental, un tema de especial preocupación para las y los adolescentes, aparece entre los menos abordados (47%) y esto es visto como una carencia. Una estudiante de escuela privada lo resume así: «Cada vez hay más chicas jóvenes con anorexia, ataques de pánico, depresión… Y estamos en una edad donde nos estamos aprendiendo a conocer. Estaría bueno trabajar más salud mental»

Los temas que más interés despiertan entre estudiantes son: salud mental (64%), métodos anticonceptivos/ITS (67%) y vínculos (53%)..

Varones cis, los menos interesados

El informe revela una fuerte diferencia en el nivel de interés por la ESI según género. “Si bien la gran mayoría de las y los estudiantes demuestran interés en los contenidos de la ESI, las mujeres cis y estudiantes que se identifican con otras identidades expresan tener un interés mayor que los varones cis”, dice el informe. Los varones cis manifiestan mucho menor involucramiento, sobre todo en igualdad de género (23%) y diversidad (15%).

Así y todo, incluso algunos varones piden temas puntuales: «Creo que estaría bueno extender más el tema del consentimiento; hay gente que no sabe decir que no“, dice un estudiante varón.

Estas diferencias entre los géneros también se reflejan en las formas de búsqueda de apoyo. Aunque la mayoría recurre a pares o personas externas a la escuela frente a dudas o problemas, las mujeres lo hacen en una proporción mayor, mientras que los varones son quienes señalan que no recurren a nadie. En este sentido, una de las conclusiones del informe es que “esta tendencia puede evidenciar la presencia de mandatos y procesos de socialización de género que aún operan sobre las formas de pedir ayuda, tramitar las emociones y acceder a espacios de cuidado. En este sentido, los resultados confirman que el trabajo en torno a la ESI debería profundizar las estrategias de inclusión de los varones como parte activa del debate, no sólo como destinatarios de información, sino que también se logre una apropiación de este derecho, para formar sujetos capaces de revisar sus propias prácticas y vínculos».

Por otro lado, uno de los principales ejes que surgieron a lo largo de la encuesta es la demanda por mayor participación estudiantil en la elección de temas, planificación y desarrollo de la Educación Sexual Integral en sus escuelas. Solo el 15% señaló que siempre o casi siempre se los consulta sobre los temas a trabajar, mientras que un 43% dijo que esto ocurre “a veces”, y el resto que nunca o no lo sabe. En ese sentido, Liliana Maltz, experta en la materia, destaca en el dossier que acompaña la encuesta, la importancia de dar lugar a la palabra estudiantil, incluyendo resistencias e incomodidades, como parte del aprendizaje.

Quiénes enseñan

El 73% del estudiantado trabaja la ESI con sus docentes. Al indagar sobre las materias en las que abordan estos contenidos, las más mencionadas son: Biología por el 66%, Tutoría por el 54% y Formación Ética y Ciudadana con el 37%. Sin embargo, solo el 42% preferiría seguir haciéndolo así.

Las y los especialistas o profesionales externos, que hoy intervienen en el 35% de las experiencias, son un poco más valorados, por casi la mitad (48%), como actores deseables para estas temáticas. «Prefiero que sean profesionales de afuera, porque aportan información más segura y algo más nuevo“, cuenta una estudiante. Pero otra perspectiva también aparece: ”Cuando son los profes de acá tenés otra confianza… te animás a preguntar“, dice otro.

En el Prólogo del informe, la Defensora del Pueblo, María Rosa Muiños, advierte sobre la discontinuidad de las políticas de ESI y de formación docente sistemática, y la necesidad de fortalecer el rol de referentes y promotores/as. “Esta discontinuidad en el sostenimiento de las políticas públicas alrededor de la enseñanza de ESI en las escuelas tuvo y tiene sus impactos en la vida cotidiana en las instituciones: cada una de ellas resuelve como puede seguir adelante con la propuesta. Esta situación lleva a desarrollos institucionales desiguales e injustos y, por ende, no todos/as los/as estudiantes tienen acceso a ella”, dice. La ESI requiere «voluntad y responsabilidad pública» y no puede quedar librada al esfuerzo individual de docentes o escuelas, porque eso genera «desarrollos desiguales e injustos“, agrega.

El informe cuenta con un dossier final que incluye además aportes de Graciela Morgade y Sebastián Klein, especialistas en ESI. Morgade insiste en la necesidad de transversalizar la ESI a todas las materias escolares y finalmente acompañar a equipos docentes e instituciones para efectivizar el derecho a la ESI en cada aula. Y Klein aborda la necesidad de abordar y desnaturalizar las masculinidades en el aula y plantea la necesidad de construir una educación desde una pedagogía de la ternura, que reconozca vulnerabilidades y despatriarcalice las relaciones escolares.

En síntesis, el relevamiento da un mensaje: más ESI, es mejor ESI. Casi el 90% del estudiantado valora la ESI y la considera fundamental para prevenir violencias, discriminación y situaciones de riesgo. Pero más de la mitad evalúa negativamente cómo se dicta hoy y afirma que deberían dedicarle más tiempo y modificar su forma de enseñanza.

Finalmente, el trabajo viene a recordar que la ESI está presente. Pero necesita más sistematicidad, transversalidad, participación estudiantil y diversidad de voces. Y, sobre todo, políticas públicas sostenidas que garanticen su continuidad.

 

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