La diplomacia de la genuflexión: el Gobierno habría pedido disculpas en secreto a Inglaterra por la bandera de Malvinas

 

 

La hipocresía gubernamental ha sumado un nuevo capítulo que roza la traición a los sentimientos más profundos de nuestro pueblo.

En un país habitado por millones de argentinas y argentinos que aman su territorio, que custodian la memoria de sus héroes y que defienden la soberanía de sol a sol, la conducción nacional vuelve a exhibir su peor rostro: el de un antipatriotismo explícito disfrazado de pragmatismo diplomático.

Mientras el país entero celebraba la histórica victoria de la Selección en las semifinales del Mundial 2026 frente a Inglaterra, los futbolistas expresaron el sentir de una nación al desplegar una bandera con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas».

Sin embargo, detrás del festejo popular, el Poder Ejecutivo habría activado un sigiloso mecanismo de sumisión colonial.

La trama secreta: El doble juego de Cancillería

Según reveló en las últimas horas el periodista Mariano Obarrio a través de su columna en el portal iProfesional y en la pantalla de C5N, el Ministerio de Relaciones Exteriores habría montado una gestión de emergencia para «pedir perdón» en las sombras al Gobierno británico .

De acuerdo con lo informado por el cronista, el canciller Pablo Quirno le habría ordenado al subsecretario de Política Exterior y vicecanciller virtual, Juan Manuel Navarro, que se comunicara de urgencia con el embajador del Reino Unido en Buenos Aires, David Cairns.

El objetivo de dicha misión diplomática habría sido desligar por completo a la Casa Rosada del accionar del plantel de la Scaloneta.El emisario argentino le habría transmitido al diplomático inglés que el Gobierno de Javier Milei «no habría tenido ninguna participación ni responsabilidad» en la exhibición del cartel.

Para argumentar este desmarque, el funcionario local habría recordado que el Ministerio de Seguridad de la Nación cumplió a rajatabla con los protocolos de la FIFA y el FBI, los cuales prohibían el ingreso de remeras o banderas alusivas a nuestras islas en las tribunas por considerarlas «propaganda política».

El cinismo como política de Estado

La información brindada por las fuentes periodísticas deja al descubierto una contradicción flagrante. Horas antes de que trascendieran estos llamados secretos, el propio canciller Quirno declaraba ante los micrófonos de Radio Rivadavia que el plantel «no habría dicho otra cosa que una verdad», buscando de manera burda sintonizar con el fervor popular de la calle.

Sin embargo, las crónicas de pasillo de la Casa Rosada pintan un panorama muy distinto.

Trascendió que el presidente Javier Milei habría manifestado una furia descomunal contra las autoridades de la AFA, tildando el gesto de los jugadores como «eslóganes nacionalistas rancios». Para el mandatario, el legítimo reclamo por la integridad territorial no sería más que un «patrioterismo barato» que entorpece sus alineaciones geopolíticas automáticas con los centros de poder global.

Un Presidente antipatria en una Nación que late soberanía

La indignación que genera esta genuflexión secreta radica en la enorme brecha que separa a los gobernantes de su comunidad.

Argentina es una tierra que late bajo el mandato de la memoria colectiva. Desde las pibas que llevan las islas bordadas en los guardapolvos hasta las abuelas que tejieron abrigos en 1982, el amor por el suelo austral no es una moneda de cambio ni un estorbo en una planilla de Excel.Que un mandatario califique de «rancio» el reclamo por un territorio colonialmente usurpado no es un mero error de comunicación; es una declaración de principios antipatriótica.

Mientras el pueblo defiende la soberanía con orgullo identitario, el Gobierno central asume el rol de administrador colonial, pidiendo disculpas por el orgullo de sus propios compatriotas.

A pocos días de que el Senado discuta también la entrega material de los campos mediante la derogación de la Ley de Tierras el próximo 6 de agosto, este episodio en el Mundial confirma la matriz ideológica del oficialismo: desguazar la nación hacia adentro y pedir perdón hacia afuera.

Pero la memoria no se disuelve con llamados diplomáticos de sumisión.

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas, a pesar de quienes circunstancialmente ocupan el sillón de Rivadavia.

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