El Centro Judicial Monteros absolvió por el beneficio de la duda a «Eva», la joven de 21 años que llegó a juicio oral acusada de homicidio agravado por el vínculo.
El Ministerio Público Fiscal de Tucumán había solicitado una condena de ocho años de prisión. Sin embargo, el veredicto del juez penal Matías Graña determinó que la joven no cometió un delito, sino que fue víctima de una grave emergencia obstétrica dentro del Hospital Parajón Ortiz de Famaillá.
El fallo representa un hito judicial. Desnuda los prejuicios de un sistema penal que, ante una emergencia de salud, elige criminalizar antes que asistir.
La secuencia del hecho: Lumbalgia, avalancha y abandono
El derrotero de Eva comenzó en noviembre de 2023, cuando tenía 18 años. Ingresó a la guardia del hospital público de Famaillá con dolores abdominales agudos.
El diagnóstico erróneo: El médico de guardia le diagnosticó «lumbalgia». Le colocaron un analgésico por suero y la dejaron en una camilla. No realizaron ecografías, palpaciones ni exámenes que detectaran un embarazo de término.
El parto en el baño: Sola, Eva fue al sanitario del hospital. Allí sufrió un «parto en avalancha», una expulsión uterina involuntaria, veloz y violenta. El cuadro médico la sumió en un estado de shock y pérdida temporal del conocimiento.
La acusación: Tras pedir auxilio ensangrentada, el personal la regresó a la camilla. Horas más tarde, el personal de limpieza halló el cuerpo de la criatura sin vida en el cesto de residuos del baño. El hospital, en lugar de revisar su mala praxis, denunció a su propia paciente.
El giro judicial: Los denunciantes bajo investigación
La defensa de Eva fue liderada por la abogada feminista Soledad Deza, integrante de la Fundación Mujeres x Mujeres. El tribunal dictaminó que la fiscalía no aplicó los estándares científicos internacionales ni las pruebas forenses necesarias (docimasia) para probar que la criatura haya nacido con vida.
En un giro histórico, la sentencia ordenó investigar penalmente al médico de guardia Miguel Homet y a la partera Mabel Barrera por violación del secreto profesional. Ambos profesionales rompieron la confidencialidad médico-paciente para transformarse en acusadores de una joven desamparada.
Eva y el mito del pecado original
Llamarse Eva en el banquillo de los acusados de una justicia rancia parece una ironía cargada de simbolismo. Durante siglos, el mito del pecado original colocó sobre la primera mujer de la narrativa bíblica la culpa de todos los males del mundo, la desobediencia y la condena a «parir los hijos con dolor».
El Poder Judicial tucumano operó bajo esa misma matriz cultural: asumió que Eva era culpable por el solo hecho de ser mujer, de haber gestado en secreto y de haber parido sola en la frialdad de un baño público.
Para la fiscalía, el «pecado original» de Eva fue no encajar en el estereotipo del instinto maternal idílico, ignorando que el propio sistema de salud le había dicho que su parto era apenas un dolor de espalda.
La absolución dictada en Monteros destruye ese mito dogmático. Demuestra que el único pecado real aquí es el del Estado, que desfinancia la salud pública, desmantela las capacitaciones en género y deja las guardias médicas sin recursos técnicos.
De Belén a Eva: El eterno retorno de la cacería obstétrica en Tucumán
La absolución de Eva reactiva de forma inevitable la memoria feminista en Tucumán
Su calvario es un espejo idéntico, pero con diez años de diferencia, de la historia de Belén, la joven tucumana que en 2014 sufrió un aborto espontáneo en el Hospital de Clínicas Avellaneda y terminó presa en forma ilegal durante casi tres años, un caso que recorrió el mundo y que incluso inspiró el documental La historia de Belén
Las cercanías entre ambos expedientes exponen que la matriz de persecución en la provincia norteña permanece intacta.
En las dos historias se repite la misma secuencia sistemática: una mujer de sectores populares que ingresa a un hospital público con una emergencia de salud, un cuerpo médico que viola el secreto profesional para transformarse en policía, y un Ministerio Público Fiscal que carátula la causa de forma automática como «homicidio agravado por el vínculo» para pedir penas máximas, vulnerando todas las garantías constitucionales
La conexión más fuerte y vital entre Belén y Eva tiene nombre y apellido: Soledad Deza. La abogada feminista y referente de la Fundación Mujeres x Mujeres fue la estratega legal que logró la libertad y posterior absolución de Belén ante la Corte Suprema de Tucumán en 2017. y es quien hoy, casi una década después, volvió a ponerse la toga en el Centro Judicial Monteros para demostrar que las emergencias médicas no son delitos
La única diferencia sustancial radica en el desenlace temporal y en el impacto de la jurisprudencia previa. A diferencia de Belén, que tuvo que padecer una condena efectiva a 8 años de prisión y un encierro de 29 meses antes de ser escuchada, Eva llegó al debate oral en libertad y fue absuelta de forma directa por el tribunal de primera instancia. La lucha histórica del movimiento de mujeres sembró un precedente técnico fundamental: esta vez, el sesgo de la fiscalía chocó de frente contra un tribunal que aplicó los estándares científicos correctos, impidiendo que Eva fuera sepultada en el penal de la Banda del Río Salí como pretendía el aparato penal tucumano.
El mapa federal del desamparo hacia el 3J
Este triunfo judicial de las organizaciones de mujeres se da en una semana donde el mapa de la violencia territorial quedó expuesto en toda su crueldad:
Córdoba: La pueblada por el femicidio de Agostina Vega (14) expuso a una policía que no quiso tomar la denuncia a tiempo y a un fiscal que pidió medallas para un perro en un claro acto de cinismo mediático.
Misiones: El crimen de Dulce Candia (17), hallada estrangulada en una cámara séptica en Eldorado, avanza en el olvido de los medios nacionales, sostenido únicamente por el reclamo de las asambleas locales.
Santiago del Estero: Una niña de 12 años, embarazada tras abusos intrafamiliares sistemáticos, fue devuelta por una jueza a convivir en el mismo predio de sus agresores.
El hilo conductor es el vaciamiento de las políticas de prevención y la complicidad de los magistrados. Cuando la justicia penal actúa con sesgo y el presupuesto se retira, las mujeres y las infancias quedan en el absoluto desamparo.
La libertad de Eva en Tucumán reafirma por qué este 3 de junio (#3J) la movilización de todas, todos y todes en las calles es indispensable. El movimiento de mujeres es el único dique que frena las embestidas de una justicia patriarcal que sigue buscando culpar a las Evas de la periferia para tapar su propia desidia institucional.







