En un presente marcado por la incertidumbre, la precarización y el avance de discursos que promueven el desmantelamiento del Estado, el abogado y doctor en Ciencias de la Educación Jerónimo Guerrero Iraola plantea que el principal desafío de la política es recuperar la capacidad de imaginar un horizonte colectivo.
Autor de Tecnología de la Impunidad, libro en el que investiga cómo la dictadura intentó ocultar los crímenes cometidos durante la guerra de Malvinas, y abogado del CECIM La Plata, Guerrero Iraola invitado al programa Las Brujas que Salem trazó un extenso análisis sobre el contexto global, el avance de las nuevas oligarquías tecnológicas y el lugar estratégico que podría ocupar Argentina en el mundo que viene.
Pero antes de hablar de geopolítica, inteligencia artificial o recursos naturales, se detuvo en una sensación compartida: la angustia social.
La precariedad como experiencia común
“Todos sentimos que perdimos el piso y las paredes de nuestro existir”, sostuvo. Y aunque reconoció las enormes desigualdades materiales, propuso pensar este tiempo desde una categoría transversal: el “precariado”, concepto desarrollado por Judith Butler para describir formas de vulnerabilidad que atraviesan distintas clases sociales.
“La incertidumbre ya no afecta solamente al que no llega a fin de mes. También alcanza a quienes estudiaron, se formaron y aun así no saben si van a poder sostener su vida en el futuro”, explicó.
Para Guerrero Iraola, esa angustia colectiva es uno de los grandes obstáculos para construir proyectos políticos integradores. “¿Cómo representamos a una sociedad atravesada por la incertidumbre?”, se preguntó.
Un cambio de época
El abogado definió el presente como un “codo de la historia”. Según planteó, el mundo atraviesa una transformación profunda impulsada por la Cuarta Revolución Industrial: inteligencia artificial, big data, robotización, digitalización y nuevas formas de producción y consumo.
“Estamos frente a un reordenamiento global muy violento”, afirmó. “Cambian las formas de trabajo, de producción, de construcción identitaria y también las formas de organización política”.

En ese contexto, señaló que las grandes potencias tecnológicas buscan modificar incluso las estructuras tradicionales del Estado nación. Citó como ejemplo a figuras de Silicon Valley como Peter Thiel o Alex Karp, vinculados a empresas tecnológicas y modelos de “república tecnológica” donde las corporaciones adquieren un poder cada vez mayor.
“El Estado nación moderno está entrando en tensión”, advirtió.
Argentina y sus potencialidades
Sin embargo, lejos de una mirada pesimista, Guerrero Iraola insistió una y otra vez en el enorme potencial estratégico de Argentina.
Enumeró recursos energéticos, minerales, agua dulce, alimentos y capacidades científicas como ventajas centrales en un mundo que, según explicó, enfrentará escasez de energía, proteínas, minerales críticos y agua.
“Argentina puede producir energía, alimentos, litio, cobre, tecnología y además tiene talento humano extraordinario”, sostuvo.
Mencionó Vaca Muerta, el litio, la Antártida, el acuífero Guaraní y la capacidad científica argentina como parte de un escenario que podría posicionar al país en un lugar privilegiado dentro del nuevo orden global.

“Argentina tiene todo para romperla toda”, resumió.
El problema no son los recursos, sino el proyecto
Para el abogado, la gran discusión pendiente no es si Argentina tiene potencial, sino qué modelo político y productivo se construye con esos recursos.
Criticó las políticas extractivistas basadas únicamente en exportar materias primas y planteó la necesidad de impulsar un modelo de desarrollo con agregado de valor, innovación tecnológica e integración regional.
“No alcanza con sacar minerales y exportarlos. Eso es una Argentina para diez millones de personas, no para cuarenta y siete millones”, afirmó.
En cambio, propuso apostar por la biotecnología, la industria farmacéutica, la robótica aplicada al agro y la investigación científica articulada con el desarrollo económico.
También defendió la universidad pública y el sistema científico nacional, aunque planteó la necesidad de discutir cómo esas instituciones se vinculan con un proyecto estratégico de país.
“Hay que defender el CONICET y las universidades, pero también preguntarnos cómo participan en un modelo de desarrollo nacional”, señaló.

“La política abandonó la idea de futuro”
Uno de los momentos más fuertes de la entrevista llegó cuando Guerrero Iraola cuestionó el estado actual de la política argentina.
“La política dejó de diseñar futuro”, afirmó.
Según analizó, gran parte de los espacios opositores quedaron atrapados en una lógica defensiva, limitada a describir el deterioro social sin ofrecer una propuesta transformadora.
“La política necesita optimismo”, sostuvo. “No se puede hacer política desde el pesimismo absoluto”.
“Cuando alguien te viene a decir solamente ‘vamos a conservar lo que había’, eso no enamora a nadie”, señaló.
Reimaginar el desarrollo
Desde una identidad peronista explícita, Guerrero Iraola reivindicó la necesidad de construir nuevas respuestas para problemas nuevos.
“Pensar que podemos volver al modelo industrial de 1946 es no entender cómo cambió el mundo”, afirmó.
En ese sentido, destacó experiencias como la de Lula da Silva en Brasil, a quien definió como “el mejor presidente de América Latina”, por haber sabido transformar su mirada política y adaptarse a las nuevas dinámicas globales.
Para el abogado, el futuro pasa por construir alianzas multilaterales, fortalecer la integración regional y desarrollar estrategias productivas capaces de insertarse en cadenas globales de valor.
“Hay que animarse a discutir todo”
Sobre el final de la entrevista, Guerrero Iraola llamó a los sectores populares y progresistas a abandonar el miedo al debate interno.
“Por temor a hacerle el juego a la derecha, dejamos de discutir muchas cosas”, planteó.
Y lanzó una advertencia: “La derecha ganó igual y hoy está destruyendo todo”.
Por eso, sostuvo que el desafío actual es “meter la mano”, revisar estructuras, discutir modelos educativos, científicos y productivos, y construir un nuevo horizonte político capaz de entusiasmar.
“La política tiene que volver a enamorar”, concluyó. “Porque sin futuro compartido no hay proyecto posible”.
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