Etiquetado Frontal: la derogación que impulsa el Gobierno golpea el corazón de la salud de las mujeres más vulnerables

 

Más de 300 organizaciones rechazan el proyecto oficial que busca eliminar los octógonos negros. Alertan que la medida profundiza la desigualdad de género en un país donde la pobreza, la malnutrición por exceso y los trastornos alimentarios tienen rostro mayoritariamente femenino.

El avance del Poder Ejecutivo sobre las políticas de salud pública sumó un nuevo capítulo de alta tensión. Tras el envío al Congreso del expediente 186/26, firmado por el presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Salud Mario Lugones, más de 300 organizaciones de la sociedad civil, entidades académicas y colectivos sanitarios se declararon en estado de alerta.

El proyecto oficial busca derogar por completo la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como Ley de Etiquetado Frontal, sancionada en 2021.

Mientras el Gobierno justifica la iniciativa bajo la premisa de reducir «limitaciones regulatorias» y «armonizar» normativas dentro del Mercosur —en sintonía con los históricos reclamos de las corporaciones alimenticias nucleadas en COPAL —, expertos y activistas advierten que la medida representa un grave retroceso.

Sin embargo, detrás de la discusión técnica y económica se esconde un impacto social profundo que no afecta a todos por igual: la eventual pérdida de la ley amenaza con ensañarse especialmente con las mujeres, quienes ya sufren las peores consecuencias de la crisis alimentaria y sanitaria del país

 

Malnutrición y la «feminización de la pobreza»

Argentina atraviesa una alarmante paradoja: la coexistencia de deficiencias nutricionales crónicas con la malnutrición por exceso (sobrepeso y obesidad).

Esta realidad no se distribuye de manera equitativa, sino que se agudiza en los sectores más vulnerables de la población, un fenómeno globalmente analizado como la «feminización de la pobreza»

Los hogares monomarentales —aquellos conducidos exclusivamente por mujeres— registran hoy los niveles más altos de indigencia y pobreza estructural en el país.

En estos contextos de extrema escasez, las madres suelen priorizar la alimentación de sus hijos, restringiendo su propia ingesta o basando su dieta casi con exclusividad en los productos ultraprocesados más baratos del mercado. Alimentos con alta capacidad de saciedad pero nulo valor nutricional, basados en harinas refinadas, azúcares y grasas saturadas, se convierten en la base de la subsistencia

El resultado epidemiológico es contundente: diversos estudios locales señalan que la prevalencia de obesidad y Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT) —como la diabetes tipo 2 y la hipertensión— es significativamente mayor en mujeres de bajos ingresos que en varones de su mismo estrato social. Hasta ahora, los octógonos negros funcionaban como un freno defensivo: el 90% de la población consideraba que los sellos permitían identificar rápidamente los productos poco saludables, y más de la mitad de los consumidores afirmó haber modificado sus decisiones de compra gracias a ellos. Dejar a los hogares sin esta herramienta equivale a desproteger a quienes sostienen la alimentación diaria en las realidades más complejas

 

Publicidad engañosa, TCA y violencia estética

El enfoque de género en la problemática alimentaria argentina no se agota en la economía familiar; también impacta de lleno en la salud mental y en la presión sociocultural sobre los cuerpos. Argentina ostenta una de las tasas de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) más altas del mundo, una preocupante afección que impacta en más de un 80% a mujeres jóvenes y adolescentes.

La Ley de Etiquetado Frontal no se limita a colocar advertencias en los envases. Su marco normativo prohíbe de forma estricta la inclusión de personajes infantiles, celebridades, animaciones y promesas de falsos «beneficios para la salud» en aquellos productos que contengan al menos un sello negro. Históricamente, el marketing de la industria de ultraprocesados utilizó publicidad engañosa para asociar productos como yogures comerciales, barras de cereal o bebidas «diet» con ideales de delgadez, belleza y éxito social Al eliminar las restricciones publicitarias, el proyecto del Gobierno restablecería de inmediato estos discursos comerciales masivos.

De este modo, niñas y adolescentes volverían a quedar expuestas a mensajes corporales nocivos que actúan como directos factores de riesgo para el desarrollo de trastornos alimentarios

 

Un debate que va más allá de la macroeconomía

Las organizaciones firmantes del rechazo insisten en que los octógonos «democratizaron el acceso a la información», recordando que antes de la norma solo el 13% de la población lograba comprender la confusa tabla nutricional tradicional.

La discusión legislativa que se avecina en el Congreso no puede cerrarse únicamente sobre variables macroeconómicas, la flexibilización regulatoria o los intereses comerciales de las grandes empresas alimenticias.

Desmantelar el etiquetado frontal es, fundamentalmente, profundizar la desigualdad de género, afectando de manera directa la salud, el tiempo y la calidad de vida de las mujeres argentinas

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