La historiadora argentina Camila Perochena fue galardonada con el prestigioso Premio Leonard Reiser para Jóvenes Científicos, un reconocimiento internacional que expone un fuerte contraste con la sistemática hostilidad del presidente Javier Milei hacia las mujeres de la academia, el periodismo y la cultura.
La historiadora Camila Perochena (Rosario, 1987) fue distinguida con el premio Leonard Reiser para Jóvenes Científicos, otorgado por la Federación de las Asociaciones para el Avance de la Ciencia en las Américas.
La edición de este año estuvo dedicada exclusivamente a las ciencias sociales, y la investigadora argentina resultó ganadora tras ser postulada por la Asociación Argentina de Investigadores en Historia (ASAIH), entidad que preside Beatriz Bragoni.
Perochena es doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora asistente de la Universidad Torcuato Di Tella. Además de su labor docente y de investigación, se destaca como escritora y divulgadora en el diario La Nación, en el programa televisivo Odisea Argentina conducido por el periodista Carlos Pagni, y en diversas plataformas de streaming. Asimismo, es autora del libro Cristina y la historia. El kirchnerismo y sus batallas por el pasado, y cocreadora del pódcast Historiar.
El premio consiste en un estímulo de dos mil dólares y el financiamiento total de los gastos de transporte y estadía por parte de la Fundación Leonard Reiser y la Asociación Interciencia. Con este respaldo, la historiadora viajará como invitada a la 78ª reunión anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia, que se desarrollará en Niterói (Río de Janeiro, Brasil) del 26 de julio al 1° de agosto, donde dictará una conferencia sobre su trabajo. Según detalló el acta de premiación, el jurado destacó de manera especial «la excelencia de sus publicaciones científicas, sus relevantes actividades de divulgación científica y la destacada investigación histórica desarrollada».
Los agravios de Javier Milei a las mujeres que brillan en el ámbito público
El reconocimiento internacional de Camila Perochena visibiliza un contraste directo con la retórica de Javier Milei, quien mantiene un historial de descalificaciones públicas dirigidas a mujeres destacadas. Esta hostilidad oficial se concentra con especial fuerza en tres áreas donde las profesionales locales sobresalen por su rigor y proyección.
La academia y la investigación histórica
El ámbito del pensamiento crítico y la investigación científica es uno de los terrenos más hostigados por la narrativa oficial, que suele etiquetar la producción de conocimiento social como una actividad prescindible. En este ecosistema, la propia Camila Perochena fue blanco directo del mandatario a través de canales oficiales y redes sociales, donde se la tildó de «mentirosa» tras cuestionar o analizar procesos históricos en sus intervenciones televisivas. Esta descalificación buscó socavar la idoneidad de una profesional con sólida formación y proyección regional.
El fenómeno se extiende de manera institucional al Conicet y las universidades públicas, organismos integrados y liderados en gran medida por científicas. Al calificar la investigación en ciencias sociales como «parásita» o «inútil», el discurso presidencial desvaloriza de forma sistemática el desarrollo intelectual y la producción académica de las mujeres, reduciendo su prestigio internacional a un mero gasto innecesario para el Estado.
El periodismo y la comunicación pública
El universo de la prensa escrita y audiovisual es otra de las áreas donde el hostigamiento gubernamental se ensaña con figuras femeninas de larga trayectoria. El presidente utiliza sus plataformas de difusión para descalificar análisis económicos y políticos complejos, personalizando los ataques en comunicadoras de renombre. María O’Donnell, por ejemplo, es atacada reiteradamente en redes sociales mediante el uso de adjetivos despectivos que intentan ligar su mirada crítica al cobro de pautas publicitarias o supuestos sobres.
En una línea similar de agresión verbal, la corresponsal en Francia Luisa Corradini sufrió descalificaciones directas por parte del Ejecutivo tras reportar sobre las actividades presidenciales en Europa. Las agresiones en esta área no solo buscan deslegitimar la información, sino que habilitan campañas de hostigamiento digital masivo. Un caso testigo fue el de Silvia Mercado, catalogada públicamente de «mentirosa» por informar sobre la dinámica cotidiana de los caniles presidenciales en la Quinta de Olivos, lo que desató una oleada de violencia virtual en su contra.
La cultura y las industrias creativas
El campo de la cultura popular y el entretenimiento también fue definido por el oficialismo como un sector enemigo, ensañándose particularmente con el liderazgo de mujeres jóvenes con proyección internacional. El episodio más notorio escaló a niveles institucionales cuando el presidente atacó de forma explícita a la cantante y actriz Lali Espósito. Durante una entrevista televisiva, el mandatario la rebautizó despectivamente como «Lali Depósito», acusándola de beneficiarse de fondos públicos por participar en festivales municipales. Este señalamiento desde la máxima magistratura del país activó un fuerte mecanismo de violencia digital por parte de los militantes de la fuerza gobernante, evidenciando un patrón de intolerancia hacia las mujeres que ejercen su voz y destacan en el arte.










