El pensamiento nacional y latinoamericano ha perdido a uno de sus arquitectos más lúcidos y tenaces. El fallecimiento de Norberto Galasso a los 90 años marca el fin de una era para el revisionismo histórico argentino Con más de 70 libros publicados y seis décadas de militancia intelectual [Galasso no solo estudió el pasado: lo disputó cuerpo a cuerpo para devolvérselo a los sectores populares.
Nacido en Buenos Aires en 1936, su ingreso al universo de la historia no fue el tradicional Graduado como contador público en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1961, su verdadera vocación despertó al calor de los debates de la Izquierda Nacional y el peronismo Entendió, antes que muchos, que la matriz colonial de la Argentina se sostenía sobre una falsificación histórica que presentaba a los héroes de la patria como estatuas de mármol, ajenas a las luchas de su pueblo.
Una obra monumental para descolonizar la mirada
La importancia de la obra de Galasso radica en su capacidad para desmontar la «historia oficial» mitrista. Allí donde la academia tradicional veía barbarie, él rescataba la dignidad de las masas. Su pluma combinó el rigor de la investigación con una pasión plebeya que convirtió a sus libros en herramientas de formación política para sucesivas generaciones.
Entre su vastísima producción, se destacan hitos insoslayables de la historiografía argentina:
- Historia de la Argentina (Tomos I y II): Una contrahistoria rigurosa que recorre el devenir del país desde la perspectiva de los oprimidos, los trabajadores y las provincias.
- Perón: Considerada una de las biografías más completas y agudas sobre el líder justicialista, dividida en la formación del mito y su posterior exilio y retorno.
- Seamos libres y lo demás no importa nada: Una reconstrucción humana y política de José de San Martín, rescatando su perfil de libertador latinoamericanista frente al intento de la pedagogía oficial de neutralizar su legado.
- La mística de la contradicción: Su célebre ensayo sobre Arturo Jauretche, con quien compartió la sindicatura de Eudeba en 1973 consolidando una línea de pensamiento que continuó el legado de FORJA.
Compromiso, censura y reconocimiento popular
El compromiso de Galasso no estuvo exento de costos. Durante la última dictadura militar, sufrió la censura y la quema de sus libros, viéndose obligado a resistir desde la clandestinidad cultural, sin abandonar jamás el país ni sus convicciones
Su concepción de la historia siempre estuvo ligada a la construcción del futuro. No concebía el revisionismo como un ejercicio de nostalgia decimonónica, sino como un arsenal ideológico para la unidad latinoamericana, bandera que defendió recuperando la figura de pensadores fundamentales como Manuel Ugarte y de poetas populares como Discépolo o el propio Jorge Luis Borges, a quien analizó sin prejuicios ideológicos.
En 2014, el Estado argentino lo reconoció formalmente como Embajador de la Cultura Popular, un título que portaba con naturalidad en cada charla que brindaba en sindicatos, centros culturales y universidades de todo el país. Recientemente, en 2024, su casa en Parque Chacabuco fue declarada sitio de interés cultural un refugio donde hasta sus últimos días continuó rodeado de papeles, archivos y de la lucidez de quien sabe que la batalla cultural nunca termina.
Galasso se fue dejando un vacío enorme, pero también una certeza: la historia argentina ya no puede contarse sin su mirada. Su obra queda como un mapa indispensable para quienes insisten en la utopía de una patria justa, libre, soberana y profundamente latinoamericana.








