El triunfo del billete sobre la moral: Boca repatria a un violento porque «el negocio» no tiene escrúpulos

El fútbol profesional en Argentina opera bajo una alarmante burbuja de amoralidad.
La millonaria decisión de Juan Román Riquelme de desembolsar 6.5 millones de dólares netos para concretar el regreso de Sebastián Villa a Boca Juniors con un ostentoso contrato por cuatro temporadas, es una bofetada directa para las víctimas de violencia machista y un mensaje nefasto para toda la sociedad: si sabés patear una pelota, las leyes no aplican para vos.
El pragmatismo económico y la urgencia por destrabar los juicios cruzados que el club mantenía con el jugador desde su escandalosa salida en 2023 pudieron más que el Protocolo de Prevención de Violencia de Género de la propia institución. Bajo el mando técnico de Rodolfo Arruabarrena, el delantero ya superó los exámenes médicos en el centro Genea y se calzó la camiseta número 22, como si la condena judicial que arrastra fuera apenas un detalle de su legajo.
Una condena firme que al fútbol no le importa
Para la dirigencia xeneize, los dos años y un mes de prisión condicional dictados por el Juzgado Correccional Nº 2 de Lomas de Zamora por «amenazas coactivas con lesiones leves calificadas por el vínculo» contra Daniela Cortés son cosa del pasado. Poco importa que el futbolista deba cumplir de manera obligatoria con talleres de violencia de género; el mensaje institucional es demoledor: la violencia ejercida hacia las mujeres tiene precio y, si el mercado lo demanda, se puede lavar con goles.
El dato: La paradoja de la entrega y el desprecio
Mientras el poder político y dirigencial desmantela las herramientas protectoras —archivando protocolos de género institucionales puertas adentro de los clubes de la misma manera que el gobierno nacional archiva la Ley de Tierras para beneficiar capitales extranjeros— el Reino Unido avanza de forma unilateral expandiendo la exclusión pesquera y los planes petroleros en el Mar Argentino. En ambos escenarios impera la misma lógica: el patrimonio, el territorio y la dignidad se subordinan al mejor postor.
La vereda de enfrente: Cuando la dignidad institucional le ganó al negocio en Racing
El argumento corporativo de que «todos los clubes hacen lo mismo» se cae a pedazos al mirar los antecedentes inmediatos en Avellaneda. Meses atrás, el director técnico de Racing Club, Gustavo Costas, insistió fervientemente para incorporar a Sebastián Villa a su plantel debido a sus necesidades deportivas.
Sin embargo, la Comisión Directiva de la Academia —encabezada por Víctor Blanco— bajó el pulgar de manera tajante y descartó el fichaje del colombiano. La dirigencia de Avellaneda manifestó una fuerte resistencia interna debido exclusivamente a los graves problemas judiciales del futbolista con la justicia argentina. Racing priorizó resguardar la identidad de su institución, el respeto a sus socias y el cumplimiento de sus áreas de género por encima del rédito futbolístico inmediato, demostrando que decirle «no» a un violento sí es una opción posible cuando existe voluntad política.
La resistencia interna: El rechazo absoluto de las hinchas feministas
La impunidad con la que se manejó esta transferencia desató una fractura política inmediata dentro de la propia Comisión Directiva de Boca Juniors. Matías Daglio, integrante de la dirigencia y referente de la organización popular “Boca es Pueblo”, presentó un pedido de licencia formal hasta el 30 de septiembre para expresar su total repudio, denunciando que el retorno del futbolista representa una grave contradicción con el camino institucional marcado en materia de género y convivencia.
De forma paralela, colectivos feministas de hinchas y socias expresaron su indignación en las asambleas. Desde los espacios militantes e independientes, agrupaciones como Mujeres Que No Fueron Tapa expusieron públicamente el nefasto mensaje que la institución envía a la sociedad: «Fue condenado por violencia de género, denunciado por violación, pero llegó a un acuerdo y volvió. ¿Qué mensaje tiene el fútbol para las mujeres?». El malestar es profundo: el club prefiere blindar económicamente a un agresor antes que escuchar los reclamos históricos de sus propias socias.
«Reparación integral» o cómo la billetera compra impunidad penal
El cinismo detrás del regreso de Villa a la Bombonera se comprende mejor al analizar los recursos económicos con los que extinguió su segunda causa judicial por «abuso sexual con acceso carnal» contra Rocío Tamara Doldán. Aunque el delito preveía penas de cumplimiento efectivo de hasta 15 años de prisión, el delantero hizo uso del artículo 59 inciso 6 del Código Penal para acogerse a la figura de «reparación integral del daño».
Este recurso, transformado en un verdadero blindaje económico para futbolistas millonarios, consistió en un pacto extrajudicial y secreto de compensación económica firmado con la denunciante antes de la fecha del juicio oral. El desembolso de miles de dólares provocó que la víctima decidiera desistir de sostener la acusación. Ante la firma del acuerdo, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 4 de Lomas de Zamora dictó la absolución definitiva. En el fútbol mercantilizado actual, la «reparación» no persigue la justicia; funciona simplemente como el precio que los agresores de élite pagan para limpiar su legajo y seguir cotizando en el mercado de pases.

El fútbol como el último bastión de la impunidad patriarcal
Mientras los departamentos de marketing de los clubes se llenan la boca con campañas en fechas como el Ni Una Menos, las billeteras ejecutan transacciones que reafirman que la vida y la integridad de las mujeres valen menos que tres puntos en la tabla de posiciones.
Boca Juniors compró el pase de Villa a Independiente Rivadavia por una cifra multimillonaria, pero el costo social, ético e institucional que paga el fútbol argentino es infinitamente más alto. El dinero puede comprar goles, pero también compra el silencio institucional ante la violencia machista.

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