Frente al avance del ajuste y el desmantelamiento estatal, una red histórica de sindicatos, universidades y movimientos sociales exige reconocer que el sostenimiento de la vida no es un gasto, sino el motor de la economía.
En un contexto marcado por el desmantelamiento de las políticas públicas y el ajuste económico que golpea con especial dureza a los hogares, la multisectorial “La cocina de los cuidados” presentó formalmente el Acuerdo Nacional por los Cuidados.
Este documento de consenso busca sacar el trabajo de asistencia del ámbito privado y visibilizarlo como un derecho humano fundamental, una inversión estratégica y una responsabilidad que debe ser compartida por toda la sociedad.
La iniciativa ya cuenta con un entramado de apoyos contundente que federaliza el reclamo. Más de 250 organizaciones sociales, feministas, de derechos humanos (como el CELS) y sindicales —con la confluencia histórica de la CGT, ambas CTA y la UTEP— firmaron el documento. A este respaldo se suman 14 universidades nacionales y la presentación en simultáneo de proyectos de ordenanza en 50 municipios de todo el país, buscando territorializar una demanda urgente.
Una respuesta colectiva a la crisis del sostenimiento
Frente a las narrativas oficiales que reducen el rol del Estado y justifican el recorte de la asistencia social, el Acuerdo plantea una hoja de ruta con 13 ejes fundamentales. El documento funciona como un diagnóstico, pero sobre todo como una propuesta de país a largo plazo. Entre sus puntos principales, exige la protección integral de las infancias, el derecho a una vejez digna, la autonomía de las personas con discapacidad y la soberanía del tiempo para que las mujeres y diversidades dejen de cargar de forma exclusiva con el trabajo no remunerado.
La propuesta pone el foco en las trabajadoras del sector. El Acuerdo exige que el cuidado comunitario —aquel que sostiene los comedores, merenderos y espacios barriales en los momentos más críticos— reciba reconocimiento legal y económico. Asimismo, reclama la formalización, capacitación y salarios dignos para todas las trabajadoras de casas particulares y de asistencia directa, un eslabón históricamente precarizado.
Cambiar el paradigma: Inversión, no gasto
Uno de los mayores desafíos que introduce este Acuerdo es la batalla cultural y económica contra el concepto de «gasto público». Desde la multisectorial argumentan que la infraestructura de cuidados —crear escuelas infantiles, centros de día y sistemas de apoyo— no es un costo, sino una inversión estratégica capaz de generar empleo genuino, reactivar la economía y aliviar la pobreza de tiempo que afecta principalmente a las jefas de hogar.
Frente al envejecimiento poblacional y los debates demográficos actuales, el Acuerdo Nacional por los Cuidados se posiciona como la única alternativa viable para construir una sociedad más justa. En tiempos donde los lazos sociales parecen fragmentarse, esta red multisectorial demuestra que el sostenimiento de la vida es, ante todo, una construcción comunitaria y una decisión política.
El impacto en los territorios: 50 municipios impulsan ordenanzas locales
La fuerza del Acuerdo Nacional por los Cuidados radica en su arraigo territorial. La iniciativa no quedó en una declaración de principios abstracta, sino que se tradujo de inmediato en acción legislativa local: se presentaron proyectos de ordenanza en 50 municipios de diferentes provincias del país.
El objetivo de estas normas es crear Redes Municipales de Cuidado que atiendan las realidades específicas de cada barrio. Al llevar la discusión a los gobiernos locales —la primera línea de contacto con la ciudadanía—, se busca que los municipios asuman la gestión de centros de primera infancia, espacios de día para personas mayores y cooperativas de cuidado, garantizando soluciones concretas allí donde el Estado nacional se ha retirado.
La brecha invisible: el cuidado en números
Detrás de la urgencia de este Acuerdo existen datos estadísticos oficiales que exponen la profunda desigualdad estructural que pesa sobre las mujeres en Argentina:
- Triple de tiempo: Las mujeres dedican, en promedio, 6,4 horas diarias a las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas, mientras que los varones solo destinan 3,4 horas.
- Tasa de participación: El 92% de las mujeres realiza estas tareas todos los días, frente al 74% de los varones.
- Pobreza de tiempo: Esta desigual distribución obliga a las mujeres a aceptar empleos informales o de jornadas reducidas, lo que consolida la brecha salarial y limita su crecimiento profesional o su tiempo de descanso.
- El motor oculto: El trabajo doméstico y de cuidado no remunerado representa más del 16% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, siendo el sector que más aporta a la economía, por encima de la industria y el comercio.







