Mientras las pantallas del país se inundan con las repercusiones de la final de la Copa del Mundo y los debates sobre los gestos de los futbolistas frente a Donald Trump, la violencia machista se cobró una nueva vida en el Conurbano bonaerense.
Tras seis días de una búsqueda desesperada por parte de sus familiares, el cuerpo de Karina Cáceres, una joven de 22 años y madre de un niño de 7, fue encontrado sin vida en el pozo séptico de una vivienda en el barrio Sol y Verde, partido de José C. Paz.
El horror de este caso, sumado al brutal femicidio de Rocío Gómez ocurrido esta misma madrugada en Córdoba, expone una dolorosa realidad que las agendas institucionales y deportivas insisten en invisibilizar. A las mujeres en Argentina las siguen matando ante la indiferencia de un sistema estatal que desmantela las políticas de prevención y mira hacia otro lado.
Cámaras, complicidad vecinal y una fuga a mil kilómetros
Karina había sido vista por última vez en la madrugada del domingo 12 de julio. Aunque inicialmente se radicó una denuncia por averiguación de paradero, el destino de la joven dio un giro drástico cuando se difundieron imágenes de cámaras de seguridad de la zona de las calles Finlandia y Austria.
El hallazgo clave: En los videos se observaba a Karina caminando junto a un hombre mientras llevaba su bicicleta. Al viralizarse el registro visual, los propios familiares del sospechoso lo identificaron como Ignacio Daniel González, de 35 años.
La confesión: Acorralado por la difusión de las imágenes, González llamó por teléfono a su entorno íntimo para confesar el crimen y detallar dónde había ocultado el cuerpo. Poco después de cometer el asesinato, el femicida había escapado a la localidad de Charata, en la provincia de Chaco. Tras admitir el hecho ante sus familiares, se entregó espontáneamente en una comisaría local.
Con los datos aportados, la Justicia ordenó un allanamiento de urgencia en la calle Suecia al 4200. En el lugar, bomberos y peritos de la Policía Científica extrajeron el cuerpo de la víctima del pozo ciego. Para intentar borrar las pruebas, el agresor había cortado la bicicleta de Karina en varios pedazos y guardado ropa con evidencias.
La urgencia de no mirar para otro lado
La indignación social en las redes y el reclamo de las organizaciones feministas como la Revista Sudestada apuntan a lo mismo: la alarmante velocidad con la que estas tragedias quedan sepultadas bajo el ruido de la coyuntura política y deportiva. El caso de Karina Cáceres fue recaratulado formalmente como femicidio por la Unidad Funcional de Instrucción N.º 25 de San Martín, que ya solicitó la extradición del detenido desde Chaco.
Las pibas que faltan en los barrios bonaerenses y del interior no pueden volverse invisibles. Mientras el foco mediático debate medallas de subcampeones, las familias de Rocío en Córdoba y de Karina en José C. Paz exigen respuestas de un aparato judicial que suele llegar tarde, cuando el horror ya se consumó.







