La tarde amenazaba con la rigidez de un cielo gris y plomizo que descargaba una llovizna persistente sobre el asfalto cordobés, como si el clima quisiera amedrentar la potencia que se venía gestando desde los talleres. Sin embargo, minutos antes de que el reloj marcara la hora de la gran marcha central del 39° Encuentro Plurinacional, ocurrió lo inexplicable. O lo perfectamente explicable para quienes creemos en la magia de los cuerpos organizados. El cielo contuvo el aliento y la lluvia paró de golpe.

Fue como si un ancestral ritual de hechiceras, una confabulación de saberes de vecinas, identidades marrones, travestis y militantes de la tierra, se hubiera juntado en secreto para decretar que la marcha fluyera libre. La humedad que empapaba la ropa se evaporó, desplazada por un fuego colectivo mucho más tenaz: el calor de más de 150.000 almas que secaron la capital a pura mística.
Y entonces, la calle fue nuestra. Una fila interminable, un río humano que desafiaba a los ojos y que parecía no tener fin. Una marea unificada que avanzó a paso firme mientras las voces se iban quedando gloriosamente roncas de tanto repetir los cantos de rebeldía. La vanguardia estuvo custodiada por la memoria que sangra pero no se rinde: las Madres víctimas de femicidios encabezaron la columna, transformando el dolor desgarrador en una bandera de exigencia colectiva. A su lado, marchaban las delegaciones de jubilados y personas mayores defendiendo su derecho a una vejez digna, las comunidades indígenas y naciones preexistentes exigiendo la ley de tierras y la soberanía de los territorios, y colectivos históricos defendiendo el agua y la Pachamama frente al extractivismo feroz.

La marcha se convirtió en un gran lienzo donde cabían todas las urgencias del mundo. Los carteles hablaban de la defensa irrestricta de las niñeces libres, denunciaban la entrega descarada de nuestros recursos naturales a Estados Unidos bajo el régimen de Milei, y alzaban la voz por causas que rompen fronteras, reflejadas en un emocionante y masivo kufiyazo que embanderó al Encuentro al grito de Palestina Libre frente al genocidio sionista.
Mirar esa columna interminable desde adentro es conmoverse hasta las lágrimas por la ternura que habita en la resistencia. Se te estruja el corazón al ver marchar a compañeras mayores a paso lento pero inquebrantable, o a madres jovencísimas que cargaban a upa o llevaban de la mano a nenas de apenas cinco años. Gurisas pequeñas que caminaban sin un solo reproche, apropiándose de los cantos con una sonrisa gigante y exigiendo, casi como un derecho político inalienable, que les pusieran brillos en la cara. «¡Gliters, gliters!», pedían, mientras sus caritas resplandecían bajo las luces de la calle. Es en esa transmisión de la mística, de generación en generación, donde reside nuestra mayor victoria.
El cerco del silencio y los micrófonos de la resistencia
Afuera de los límites de esta marea, la realidad parecía congelada por el diseño de la crueldad. La prensa hegemónica de los grandes multimedios nacionales operó con un apagón mediático absoluto y programado. Para la televisión oficialista, la demostración de fuerza feminista y plurinacional más grande de América Latina simplemente no existió. Prefirieron ignorar las calles colmadas y ocultar los debates horizontales de miles de mujeres y disidencias para no mostrar la masividad de un pueblo que le dice basta al ajuste.
Pero el cerco se rompió desde abajo. La verdadera información y el latido en tiempo real de los talleres viajaron a través de la cobertura federal y colaborativa de FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias), de las radios cooperativas y los medios alternativos y feministas. Sosteniendo los micrófonos bajo la tregua del clima, sufriendo la asfixia presupuestaria pero con la dignidad intacta, la comunicación popular demostró que cuando el poder intenta callar, las radios comunitarias encienden la voz.
Las voces que marcaron el rumbo
El Encuentro se nutrió de la confluencia entre la militancia histórica y los nuevos activismos. Referentas de distintas trayectorias políticas dejaron definiciones tajantes en las asambleas.
La ministra bonaerense Estela Díaz remarcó el marcado perfil de denuncia y la necesidad del carácter autónomo y federal del espacio para confrontar con fuerza las políticas de abandono del Gobierno nacional.
Por su parte, la potencia travesti-trans, visibilizada en las redes de colectivos como Revista Sudestada, hizo tronar el reclamo histórico contra los travesticidios y transfemicidios, recordando que el concepto es un legado de la lucha de Diana Sacayán y exigiendo justicia por Azul Semeñenko ante los discursos fascistas de odio.
Esas voces se entrelazaron con las de feministas históricas y antiguas militantes de los primeros encuentros, quienes junto al impresionante acto de Myriam Bregman ante más de 7.000 personas en la Plaza Vélez Sarsfield, recordaron que el feminismo es socialista, internacionalista y que no tolera la moderación.
Cuando las luces de los celulares se encendieron formando un mar de estrellas, quedó flotando una verdad hermosa: en cada destello habita una partícula de la transformación social que venimos a buscar.

El dolor local se hizo carne y bandera en las calles cordobesas, donde la multitud abrazó tres causas emblemáticas que sangran en la provincia y que resonaron como un mantra de justicia durante todo el Encuentro. Los rostros de los carteles nos miraban desde el asfalto mojado: el grito desesperado por la desaparición de Yamila Mamani, el reclamo rabioso por el femicidio de Agostina Vega, y la exigencia unánime por la liberación plena de Paola Ortiz.

Sus nombres no fueron solo tinta en pancartas; fueron consignas vivas que multiplicaron las gargantas roncas en cada esquina de la capital. Córdoba se convirtió en el epicentro de un abrazo plurinacional que tomó estas causas locales para transformarlas en un rugido federal, demostrando que contra la impunidad de las instituciones de la provincia, la memoria de nuestras pibas y la libertad de nuestras compañeras se defienden en una red colectiva que no duerme.
La urgencia del Abya Yala frente al terricidio programado
Las comunidades originarias, guardianas históricas de los bienes comunes, alzaron sus voces y ceremoniales para denunciar una realidad ineludible: el «terricidio» que vienen avisando desde hace años ya no es una advertencia lejana, sino un plan de saqueo corporativo que avanza implacable.
Las declaraciones de las voceras indígenas resonaron en las subcomisiones advirtiendo que los discursos de la crueldad no vienen solos; vienen a desahuciar los territorios, a expulsar a las comunidades preexistentes de los suelos que les pertenecen por derecho ancestral y a mercantilizar la vida.
Frente a la lógica del descarte que pretende rematar la soberanía nacional, las mujeres de las naciones preexistentes plantaron bandera en Córdoba recordando que defender la tierra es defender los cuerpos, porque el agua y los cerros no son mercancías ni monedas de cambio para los mercados globales.La deuda es con los cuerpos
Las callesno solo albergaron el grito de la urgencia, sino también la lucidez de los diagnósticos colectivos que le ponen cuerpo a la teoría. En las asambleas y en sus intervenciones, Luci Cavallero aportó definiciones tajantes que desnudaron la matriz económica de la crueldad actual. La investigadora y militante de Ni Una Menos fue categórica al señalar cómo el plan de Milei utiliza la violencia económica como un mecanismo de disciplinamiento social: «
Este gobierno necesita de la miseria planificada para avanzar en el saqueo, y ese impacto se triplica sobre las mujeres y las disidencias, que somos quienes históricamente inventamos las redes de supervivencia frente a las crisis», resonó en los debates.

Cavallero desarmó la ficción de la estabilidad financiera que intenta vender el oficialismo, conectando de manera brillante la reforma laboral, el desmantelamiento de las moratorias previsionales y el endeudamiento doméstico.
Explicó que cuando el Estado se retira y destruye los derechos laborales, el ajuste no desaparece: se traslada directamente como trabajo gratuito de cuidados hacia el interior de los hogares. «La deuda ya no es solo una variable macroeconómica del FMI; hoy la deuda se paga con el tiempo de las compañeras, con el cansancio de las trabajadoras de la economía popular y con la precarización de nuestras vidas», denunció, dejando en claro que el sindicalismo feminista no va al Encuentro solo a resistir el desguace, sino a disputar la riqueza y a gritar que nuestras vidas valen más que sus ganancias financieras.
La alegría del cuerpo cansado
La inmensa movilización desembocó en los alrededores del Parque Sarmiento, trocando los reclamos en una fiesta comunitaria. El festival de cierre nos recibió con música, puestos de comida, ferias de la economía popular y asambleas espontáneas que se extendían en la noche cordobesa como charlas infinitas.
Las mujeres estamos históricamente acostumbradas al cansancio. Cargamos sobre las espaldas las múltiples tareas del hogar, de los cuidados, del trabajo precarizado y de la militancia diaria. Llegamos al final de este segundo día con los pies molidos, la garganta gastada y los músculos agotados. Pero es un cansancio distinto. Es un cansancio que, lejos de abatirnos, nos deja una alegría profunda y sanadora en el cuerpo por los abrazos compartidos, por la certeza de habernos encontrado y por la mística inquebrantable de sabernos juntas.
En este suelo cordobés se volvió a consumar el milagro de los Encuentros: ese espacio sagrado donde las madres que han perdido a sus hijas por femicidios, o aquellas que las buscan incansablemente rotas por las redes de trata, encuentran un refugio de amor, escucha mutua y ternura colectiva que opera como la mejor de las terapias.
Acá no hay discursos vacíos; hay un abrazo comunitario que sostiene el dolor del mundo y lo vuelve rebeldía. Nos fuimos del Parque con los ojos llenos de brillos, la llovizna derrotada y la convicción intacta de que no estamos solas. Porque frente a la avanzada del odio, la ternura de la organización sigue siendo nuestro territorio más seguro. ¡Acá no se rinde nadie!












