Elsa Pavón, cofundadora de Abuelas de Plaza de Mayo y presidenta de la Asociación Anahí, falleció a los 90 años en La Plata, dejando una huella imborrable y eterna en la historia de los derechos humanos en Argentina. Elsa no fue solo una buscadora incansable; fue la mujer que transformó el dolor de la dictadura en ciencia y jurisprudencia, logrando el primer hito que cambiaría para siempre la lucha por la identidad.
En mayo de 1977, la última dictadura cívico-militar secuestró a su hija, Mónica María Candelaria Grinspon, a su yerno, Claudio Logares, y a su pequeña nieta de apenas 23 meses, Paula. Desde ese instante, Elsa se fundió en un abrazo colectivo con otras madres y abuelas en la plaza, dispuestas a enfrentar al terror con amor y persistencia.
Su búsqueda marcó un precedente histórico universal. En 1984, gracias a su persistencia y al incipiente desarrollo del «índice de abuelidad» a través de análisis de ADN, Paula Logares se convirtió en la primera nieta restituida en la historia argentina mediante pruebas genéticas y un fallo judicial. Elsa le devolvió a su nieta su verdadero nombre, su historia y sus raíces, abriendo la puerta para los más de 130 nietos que recuperarían su identidad en las décadas siguientes.
Junto a Chicha Mariani, Elsa fundó más tarde la Asociación Anahí para continuar la búsqueda de Clara Anahí Mariani y de todos los niños apropiados. Hasta sus últimos días, Elsa Pavón habitó la memoria como un territorio de acción, ternura y resistencia. Su partida física nos duele profundamente, pero su victoria contra el olvido es un fuego que las nuevas generaciones mantendrán encendido. Como juraron sus seres queridos al despedirla: la lucha continúa, Abuela.










