Por Gaby Chamorro
Tarde de sol primaveral y novela es una conjunción perfecta y, si se trata de Bali de Federico Jeanmaire, aún más. La historia se mete con temas tremendos y súper complejos como el duelo, la vejez y el laberinto de cuidar a una madre con Alzheimer. Pero lejos de caer en el golpe bajo, está escrito con un ritmo hermoso, una ternura y una luz que te atrapan por completo de principio a fin.
La trama nos llega a través de la voz de Alicia, una maestra jubilada de 70 años que cuida a su madre. A través de una serie de correos electrónicos que le envía a su hermano —instalado en España y completamente desentendido de la situación—, ella va desarmando su soledad. Escribe como una purga necesaria para procesar la pérdida, acomodar el dolor y sacarse de encima las culpas.
Una de las cosas más hermosas y poéticas de la novela es ver cómo la imaginación se convierte en una trinchera cuando lo duro de cuidar a una madre en esas condiciones exige una salida de escape. Lo más valioso de Bali es el enorme aporte que hace al darle una voz genuina, compleja y vital a las mujeres mayores, un colectivo sistemáticamente invisibilizado en la narrativa contemporánea. Jeanmaire evita los lugares comunes y construye un relato deliciosamente irónico, tierno y profundamente humano.
Alicia no solo va a tener que despedir a su madre, sino que se tendrá que mirar en ese espejo incómodo de enfrentar los miedos lógicos a su propio deterioro y al abandono del rol de cuidadora. Ella va a sentir que tener tiempo libre es «desordenarse», porque toda su vida estaba armada en función de las necesidades de otra persona. A partir de ahí, la novela se convierte en una crónica de renacimiento maravillosa sobre cómo tejer redes nuevas, cómo encontrar nuevos sentidos y cómo aprender a perdonarse, a valorarse y a defender su libertad.
Editada por Editorial Entropía, es una de esas joyas literarias que logran transformar el dolor más profundo en una obra repleta de luz y ternura.







