El derecho a decidir y el derrumbe del consumo: el sesgo de culpar a la baja natalidad por la crisis

 

El senador oficialista Francisco Paoltroni vinculó la caída del consumo masivo a la baja de la natalidad en Argentina, omitiendo el impacto de la crisis económica y el desmantelamiento de políticas públicas como el Plan ENIA.

En una entrevista televisiva, el legislador de La Libertad Avanza sostuvo que el desplome del 60% en las ventas de indumentaria infantil y zapatillas de talles bajos se debe exclusivamente a un «bache demográfico».

Al centrar el problema en la falta de nacimientos, el discurso oficial vuelve a invisibilizar las verdaderas causas detrás de las decisiones de las personas con capacidad de gestar: la pérdida del poder adquisitivo, la precarización laboral y la consolidación de la autonomía reproductiva.

 

Desarmando el argumento: la realidad detrás del consumo

La justificación demográfica del oficialismo contrasta con el análisis de los sectores comerciales y económicos, que apuntan a variables estructurales inmediatas:

Poder adquisitivo: El verdadero motor detrás del freno en las ventas minoristas es el deterioro real del salario frente a la inflación.

Prioridades de los hogares: Ante la crisis social, las familias se ven obligadas a recortar gastos secundarios para cubrir necesidades básicas como alimentación y salud.

Feminización de la pobreza: De acuerdo con los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) procesados por el INDEC, la brecha de ingresos entre varones y mujeres escaló al 29,6%, alcanzando su nivel más desigual en los últimos años. Las mujeres ganan casi un tercio menos que los varones y se concentran mayoritariamente en los deciles de menores ingresos, lo que restringe directamente su capacidad de consumo y la de sus hogares.

 

Perspectiva de género: ¿por qué baja la natalidad?

Atribuir la recesión económica a una menor tasa de nacimientos ignora deliberadamente una multiplicidad de factores sociales, ambientales y políticos globales. Las mujeres y personas gestantes ya no conciben la maternidad como un mandato obligatorio, sino como una elección mediada por un contexto hostil o por el desarrollo de su propia autonomía.

  1. Autonomía reproductiva y el desguace del Plan ENIA

El acceso a la Educación Sexual Integral (ESI), la anticoncepción y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) consolidaron el derecho a la soberanía del propio cuerpo. En este marco histórico, el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (Plan ENIA) se consagró como una política pública modelo a nivel regional, logrando reducir la tasa de fecundidad adolescente casi en un 60% en un lapso de seis años.

Sin embargo, el gobierno de Javier Milei avanzó con el desmantelamiento total de este plan exitoso:

Despidos masivos: Se rescindieron los contratos de unos 800 profesionales de la salud y la educación que brindaban prestaciones en territorio.

Ajuste presupuestario: Se aplicó un recorte del 85% a las partidas asignadas para prevención reproductiva.

Falta de insumos: Informes del sector de salud revelan consecuencias directas del recorte, tales como una caída del 64% en la distribución de preservativos y anticonceptivos, y una drástica reducción en la entrega de implantes subdérmicos específicos para adolescentes (pasando de 76.150 a solo 4.200 unidades anuales).

  1. La crisis de los cuidados y la precariedad económica

Maternar en un contexto de crisis socioeconómica implica un costo desproporcionado que recae mayoritariamente sobre las mujeres. La falta de políticas públicas de cuidado (guarderías, jardines maternales accesibles, licencias compartidas) obliga a las mujeres a asumir la doble jornada laboral y de cuidado doméstico. Traer un hijo al mundo se convierte, para muchas, en un factor de riesgo de caer bajo la línea de pobreza.

  1. Eco-ansiedad y crisis ambiental

A nivel global, los problemas ambientales y la crisis climática se consolidaron como causales de peso para las nuevas generaciones. La incertidumbre sobre el futuro del planeta, el acceso al agua potable y los fenómenos climáticos extremos generan lo que la psicología define como eco-ansiedad. Cada vez más personas jóvenes deciden no tener descendencia ante la perspectiva de un ecosistema en colapso.

  1. Un mundo en guerra e inestabilidad geopolítica

Los conflictos bélicos y la inestabilidad internacional profundizan una sensación de desamparo generalizado. La violencia geopolítica, la migración forzada y la constante amenaza de escaladas armadas configuran un escenario global donde proyectar una crianza segura se vuelve una tarea sumamente compleja y desalentadora.

 

Un debate mal enfocado

Responsabilizar a las mujeres y a sus decisiones reproductivas por el freno de la actividad económica es una falacia discursiva.

El descenso de la tasa global de fecundidad es una tendencia demográfica consolidada en occidente que responde al avance de los derechos de las mujeres y a la modernización social. Pretender que la economía repunte forzando la natalidad, en lugar de recomponer los salarios, garantizar el acceso al empleo digno y distribuir equitativamente las tareas de cuidado, es un diagnóstico erróneo que busca tapar la crisis actual con prejuicios de género.

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