El bisturí de la cofradía: por qué la deconstrucción de los varones debe ser colectiva y en los márgenes

En los micrófonos de nuestro programa venimos latiendo e interpelando un tema urgente e ineludible: las masculinidades. Siempre nos preguntamos dónde están los hombres, cuándo van a romper el silencio y qué van a aportar para que las estructuras patriarcales dejen de recaer siempre sobre los cuerpos, las denuncias y las voces de las mujeres y disidencias.

Para desarmar este escenario sin caretas ni discursos amables de «varón deconstruido de manual», nos dimos el enorme lujo de conversar en vivo con Lila María Feldman. Ella es psicoanalista, escritora, militante de la salud mental y dueña de casi 30 años de trinchera clínica. Acaba de lanzar su fundamental libro Varones de carne y hueso. ¿Nuevas masculinidades? (editado por Noveduc), una obra que invita a la comunidad entera a implicarse en un debate tan complejo como necesario.

Salir de la trampa del tiempo: la pugna entre el centro y la periferia

Feldman propone una distinción espacial sumamente potente para entender el mapa actual de los varones, esquivando la clásica polaridad temporal de las «viejas» y «nuevas» identidades masculinas.

«Intento salir de este planteo que yo creo que es más tramposo entre viejas y nuevas masculinidades. ¿Por qué más tramposo? Porque arma una idea temporal donde parece o que todo lo bueno está por venir y todo lo malo está atrás, o viceversa (…) Ambos comparten un mismo punto que es que nos pasivizan mucho. La idea de que tendríamos que esperar a que las soluciones o los cambios ocurran en algún momento. Yo apelo a poder pensar cómo nos vamos a implicar y cómo nos vamos a interpelar».

Para la autora, el territorio se divide en un «centro» hegemónico y una «periferia» plural:

Los varones del centro: Aquellos que encajan con la masculinidad hegemónica porque gozan de sus privilegios o porque hacen un esfuerzo de encajar a como dé lugar.

Los varones de la periferia: Un espacio diverso donde habitan tanto aquellos que padecen la exclusión del centro, como los que se animan a discutir los mandatos de qué se supone que debe ser un varón y deciden salir del circuito de las humillaciones y tomar posición.

La automutilación y la cofradía de la humillación

Uno de los conceptos más crudos que aborda el libro es el costo que pagan los varones para sostener la mirada de sus pares, aplicando un «bisturí tremendo» sobre sus propias emociones.

«Los varones que se apartan de lo que la cofradía espera de ellos pagan precios muy altos. Se exponen mucho. Cualquier varón sabe que lo peor, lo más temido dentro de su género, es ser tomado como mujer o ser asociado a aspectos femeninos».

Esta mutilación emocional se traduce, de forma directa, en dinámicas violentas que no solo afectan al afuera, sino que se reproducen ciegamente entre los propios hombres como un mecanismo de defensa para pertenecer.

«Esa automutilación a veces es consciente y a veces no. No siempre es registrada como automutilación. A veces ocurre de maneras muy sutiles y muy opacas. No siempre es algo que el propio varón entiende que le sucede o que le ha sucedido. A veces ni siquiera tiene palabras para decirlo o para entenderlo. Pero además es responsable, no solo de las violencias que sufrimos históricamente nosotras y nosotros, sino que la periferia misma de la masculinidad sufre. Porque pertenecer a la masculinidad es también entrenarse en tener que ver cómo se las ingenian para no ser humillados. Y eso requiere humillar. Por eso me interesó poner el foco en las violencias que ocurren al interior del género masculino».

La lógica supremacista: clase, raza y el imperativo del descarte

Al avanzar en la entrevista, Feldman conectó estas violencias de género con un entramado de opresiones mucho más amplio y estructural, donde la humillación funciona como el eje central que organiza el poder en nuestra sociedad.

«No solo respecto de las desigualaciones de género, de las opresiones de género, sino a todas las opresiones que se entraman: de clase, de raza (de lo que se llama raza, ¿no?). Y la humillación, lamentablemente, es como el vector que organiza mucho las relaciones de poder así planteadas, donde parece que está, por un lado, esta idea de que el mundo funciona de acuerdo a supremacismos y subalternizaciones. Se trata todo el tiempo (…) de producir una lógica supremacista que requiere de subjetividades subalternas y subordinadas. Y eso ocurre a veces encontrando adeptos que se tientan con esos discursos y otras veces a la fuerza».

 

Los ruidosos silencios de los «aliados»

La psicoanalista se muestra sumamente crítica frente a aquellos varones que levantan banderas de izquierda, ecologistas o anticapitalistas, pero eligen mirar para otro lado cuando se trata de incomodar a sus propios amigos o compañeros de espacio.

«Son embanderados de todas las luchas, pero cuando toca cuestionar la camaradería peneana y la lealtad que el género exige se  quedan calladitos. También en el libro hablo de los silencios de los varones en general, pero también de los silencios de los varones en mi propio campo profesional, que es el ámbito de la salud mental, donde también tenemos llamativos silencios y donde también ocurren violencias y abusos (…) Vemos muchos, llamativos y ruidosos silencios».

Frente a la reacción de aquellos hombres que recién se activan políticamente cuando una tragedia toca de cerca a su entorno familiar, Feldman elige no juzgar desde una superioridad moral, sino apostar a la pragmática política:

«Muchas veces lo que vemos son simulacros de lo que se llama deconstrucción, vemos mucho maquillaje (…) Pero bienvenido que lleguen, porque me parece que es lo que estamos buscando y trabajando para que ocurra. Poder ampliar nuestras posibilidades de pensar realidades que son complejas, y que eso no signifique ni victimizarlos ni desresponsabilizarlos. Y además, no pasivizarlos: convocarlos a un trabajo».

 

Más que deconstrucción, viajes de iniciación colectivos

Feldman descarta la idea de la «deconstrucción individual» como la panacea o la solución mágica a los problemas estructurales. En su lugar, propone hablar de un tránsito profundo que debe estar estrictamente colectivizado y motorizado por los propios hombres.

«Más que hablar de deconstrucción, hablo de viajes de iniciación (…) Si hay una deconstrucción que nos importa y que necesitamos, no es una deconstrucción individual de cada varón. No creo que pase por ahí la metamorfosis que necesitamos que ocurra, sino que tiene que ser colectiva, tiene que ser colectiva y a cargo de los varones. Ese trabajo está sobre todo a cargo de los varones de la periferia, que tienen que hacer lo que sí pudo hacer la comunidad LGBTQ+ con la masculinidad, porque esa comunidad y ese movimiento político sí logró transformar vergüenza en orgullo».

Al ser consultada sobre la falta de líderes o referentes visibles de estas transformaciones, la escritora rescató algunas figuras populares del arte y del pensamiento:

«Están en el centro de la periferia: el Indio Solari es uno de ellos, o Milo J. Hay otros referentes respecto de otras formas de ser varón. En mi campo profesional tenemos a Juan Carlos Volnovich (…) Se trata de hacer de eso, que siempre ha sido periférico y marginal, algo que pueda discutir el mapa de cómo está armado el mapa. Rita Segato dice mucho que nos importa más un cambio tópico que utópico. La historia humana es la historia interminable de pugnas entre centros y periferias, y tenemos que buscar maneras de que la periferia pueda discutir y desarmar ese centro».

 

Habitar tiempos fascistas: la avanzada de la crueldad

El cierre de la charla nos dejó una advertencia sumamente lúcida sobre el contexto político y cultural que atravesamos colectivamente, donde los discursos reaccionarios ganan terreno en las generaciones más jóvenes a través de plataformas digitales.

«El patriarcado no se cayó ni está cerca de caerse. Al contrario, vivimos tiempos fascistas, que son tiempos de exacerbación patriarcal. Tenemos a los hijos sanos del patriarcado y tenemos a las hijas sanas del patriarcado que están pululando, tomando la voz cantante y sosteniendo discursos odiantes de las diversidades (…) En la periferia también están los incels, la machósfera, la cadena de violación, los influencers financieros… Tenemos un montón de habitantes de la periferia que nos preocupan muchísimo y que son muy peligrosos».

Frente a la pregunta de por qué este mensaje cala tan hondo en la juventud, Feldman concluyó con una reflexión sobre la médula de la identidad masculina tradicional:

«La crueldad se puso de moda, pero además creo que toca esa fibra cuando decía que la humillación es la escena paradigmática de la masculinidad. Hace pie y está tocando todos los esquemas supremacistas con los que nos gobiernan».

 

Una urgencia silenciada: salud mental y suicidio masculino

Antes de despedirse, Lila puso sobre la mesa un tema tabú en la sociedad y en los medios, pero que representa una de las consecuencias más trágicas del mandato de insensibilidad, despojo y aislamiento que el sistema les impone a los varones:

«Ustedes me preguntaban por las violencias y hablábamos de las violencias, pero también hablemos de los suicidios, que son principal causa de muerte, sobre todo en varones y en varones jóvenes. Entonces, tenemos que hablar de lo que pasa al interior de la masculinidad (…) Siempre el suicidio tuvo esa edad generacional, siempre fueron más los jóvenes. Pero ahora están totalmente desafiliados, caídos. En un mundo que funciona con una lógica de extractivismo y despojo, o servís o sos descarte. Esas son las propuestas. Es un mundo muy cruel también para los varones».

 

Desde Las Brujas de Salem agradecemos profundamente la lucidez, el compromiso y la trinchera clínica de Lila María Feldman. Su libro, editado de forma independiente por Noveduc, se convierte desde hoy en un indispensable para nuestra biblioteca de resistencia. En tiempos donde la crueldad pretende ser norma, pensar colectivamente y ponerle palabras a lo opaco se vuelve nuestro acto político más urgente.

 

Sobre la autora: ¿Quién es Lila María Feldman?

Lila María Feldman es una destacada psicoanalista, escritora y docente argentina. Egresada de la Facultad de Psicología de la [Universidad de Buenos Aires (UBA)](url: uba.ar), consolidó gran parte de su experiencia clínica en la salud pública. Realizó su residencia y posterior Jefatura de Residentes en el reconocido Hospital Infanto-Juvenil Dra. Carolina Tobar García, y se ha desempeñado como supervisora de equipos de Salud Mental en el ámbito público y privado.

Además de su práctica en el consultorio, Feldman es una activa ensayista que colabora de manera frecuente en medios nacionales e internacionales, incluyendo columnas de análisis político y cultural en el diario Página/12. También ideó y coordina los talleres de escritura «El coraje de narrar», un espacio dirigido especialmente a trabajadores del campo de la salud mental. Es integrante de la Red Federal de psicólogas y psicoanalistas contra la violencia machista.

Su obra literaria y ensayos

Además de su reciente y fundamental libro Varones de carne y hueso. ¿Nuevas masculinidades? ([Editorial Noveduc](url: noveduc.com)), su recorrido de publicaciones incluye

  • Sueño, medida de todas las cosas (2018, Editorial Topía: Un profundo ensayo clínico y cultural que se alzó con el Primer Premio en el Sexto Concurso Internacional de Ensayo de la Revista Topía.
  • Trauma y tiempo. El oficio de analista en tres generaciones ([Editorial La Cebra: Obra fundamental escrita en coautoría junto a las prestigiosas psicoanalistas Ana Berezin y Mariana Wikinski.

 

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