El Apocalipsis de los Ricos: Compran 32 Mil Hectáreas de Cordillera para Construir un Búnker de Lujo en Mendoza

La cordillera de San Carlos, Mendoza. Treinta y dos mil hectáreas de nacientes de agua pura y picos andinos fueron expropiadas por el capital tecnológico internacional para su salvación privada.

 

 

Mientras a la mayoría de las mortales nos cuesta pagar el alquiler y llegar a fin de mes, la élite tecnológica global ya compró su boleto de salida para cuando el mundo estalle.

Una investigación del diario británico Financial Times desnudó una realidad obscena en nuestra propia cordillera: un grupo de multimillonarios de Silicon Valley adquirió 32.000 hectáreas de tierra en San Carlos, Mendoza, para construir Wamani, un refugio exclusivo de supervivencia ante una eventual Tercera Guerra Mundial o un colapso climático en el hemisferio norte.

La dimensión del territorio expropiado virtualmente para el goce y la salvación de unos pocos es alarmante: equivale a toda la extensión de La Matanza o a cinco veces el tamaño de Manhattan. Allí, a 3.100 metros de altura y usando las profundidades de los Andes como escudo natural, la prepotencia del dinero pretende fundar un enclave colonial de autoabastecimiento.

 

Casas con paneles solares e Inteligencia Artificial offline

El proyecto está capitaneado por el empresario argentino-español Martín Varsavsky (dueño de la mitad de las tierras) junto a magnates del mundo tech como Alec Oxenford y Dan Lubetzky. Con una inversión inicial que ya ronda los 10 millones de dólares, el búnker VIP ya está operativo: tiene viviendas modulares de lujo, domos geodésicos, invernaderos, sistemas de energía solar y su propia pista de aterrizaje privada para escapar en avión apenas suenen las alarmas en el Norte global.

 

El nivel de cinismo de los «preparacionistas» (como se conoce a estos fanáticos del fin del mundo) llega al punto de diseñar sistemas de Inteligencia Artificial offline. Quieren algoritmos que sigan funcionando dentro de su comunidad privada, totalmente desconectados de los servidores del resto del planeta.

 

El agua de los pueblos en manos privadas

La verdadera alarma que enciende Wamani, más allá de la película de ciencia ficción que viven sus dueños, es el control absoluto de los bienes comunes. La zona fue elegida meticulosamente porque cuenta con cuatro vertientes naturales y arroyos propios con agua pura de deshielo en plena cordillera.

Mientras la provincia de Mendoza sufre emergencias hídricas recurrentes y la población ve limitado su acceso al agua potable, un puñado de tecnócratas se apropia de las nacientes de la montaña para garantizar el riego de sus cultivos privados. En Eugenio Bustos, la localidad más cercana de apenas 12.000 habitantes, el recelo y la bronca crecen. «Es muy raro comprar tanta tierra solo para uno mismo sin un plan comercial», murmuran los vecinos, quienes ven cómo se rifa la soberanía territorial a espaldas del pueblo.

 

No hay búnker que los salve de la historia

Es imperioso denunciar este modelo extractivista de supervivencia. El RIGI y las políticas de entrega actuales facilitan que el suelo argentino sea visto por los ricos del mundo como un «patio trasero seguro», un lugar donde esconderse de las guerras coloniales y nucleares que sus propios países y corporaciones financian y alimentan.

La cordillera no es un escudo privado para magnates asustados; es territorio ancestral, fuente de vida de las comunidades y soberanía popular. Ellos podrán comprar domos, pistas aéreas y manantiales, pero la historia nos ha enseñado que las murallas de los ricos siempre terminan cayendo cuando los pueblos deciden recuperar lo que les pertenece.

Mientras ellos se preparan para su apocalipsis de cristal, las brujas seguimos organizando la resistencia en la tierra que habitamos.

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