El Konex de Platino otorgado a Claudia Briones no solo premia una trayectoria académica brillante; pone en el centro del debate público herramientas teóricas indispensables para desarmar los discursos de odio y criminalización que pesan sobre las comunidades originarias en el sur argentino.
A través de décadas de trabajo situado junto al pueblo Mapuche-Tehuelche, Briones ha estructurado conceptos que permiten entender por qué el acceso a la tierra sigue siendo una herida abierta y colonial en la Patagonia actual.
Uno de sus aportes más potentes es el análisis de las «formaciones nacionales de alteridad».
Briones explica cómo el Estado argentino construyó una identidad nacional que históricamente necesitó fijar «límites» a quiénes considera ciudadanos legítimos y quiénes son etiquetados como «extranjeros» o «amenazas» dentro de su propio territorio.
En el contexto patagónico, este mecanismo se activa sistemáticamente cuando las comunidades reclaman sus tierras ancestrales: la narrativa oficial y los medios hegemónicos operan reactivando el estigma del «indio indómito» o el «terrorista», deshumanizando la demanda y justificando la vía represiva por sobre el diálogo legal.
Otro concepto crucial en su obra es el de los «topes al reconocimiento». La antropóloga demuestra que, aunque existen marcos jurídicos avanzados (como el artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional o el Convenio 169 de la OIT), el Estado suele poner un freno político y económico cuando ese reconocimiento legal choca contra intereses corporativos, inmobiliarios o extractivistas.
El legado de Briones es una invitación a ejercer un periodismo que denuncie estos límites y que entienda que el conflicto en la Patagonia no es un problema de seguridad, sino una deuda histórica de soberanía, reparación y derechos humanos que la democracia aún no ha querido saldar.







