La directora teatral Paola Lottini pasó por el aire de nuestro programa para charlar a fondo sobre una obra que desarma la romantización de la crianza, expone la soledad de las tareas de cuidado y reivindica al teatro independiente como trinchera y acto de presencia frente al vaciamiento cultural.
La maternidad ha sido, históricamente, uno de los territorios más colonizados por los mandatos patriarcales. Un rol atravesado por exigencias desmedidas sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas y un ideal de perfección que asume que el ser madre es un «don» natural capaz de soportarlo todo. Sin embargo, en el barro de la realidad, la crianza se topa con la falta de redes, la precarización económica y los duelos invisibilizados.
Para poner en jaque estos discursos, el biodrama documental «Mala Madre» se presenta como un misil directo al corazón del sentido común. Dirigida por Paola Lottini, protagonizada por la multipremiada actriz Raquel Ameri y con la estructura dramatúrgica de Maruja Bustamante, la obra —que puede verse los viernes a las 22:30 horas en Nün Teatro Bar— propone una experiencia íntima que transforma la vivencia personal en un hecho profundamente político y colectivo.

Entrar al barro de lo real
El proyecto comenzó a gestarse hace dos años, cuando Raquel Ameri —reconocida en la escena nacional por su descomunal potencia física y actoral (ganadora del Premio ACE por La herencia de la carne y aclamada por su trabajo en Rotterdam)— le acercó el primer borrador a Lottini. Para la directora, el texto llegó como un espejo de su propia realidad: «Yo estaba en un proceso en el que estaba por adoptar a mis hijas. Me cayó justo y me puso en jaque un montón de cuestiones. Uno romantiza un montón la maternidad y el camino de la adopción, que es muy complejo emocionalmente. Empecé a leer el material y dije: «Sí, me quiero meter acá en el barro, básicamente, a batallar con el cuerpo cosas que pensamos, que no decimos, que nos pasan»».
Raquel no escribió una ficción; volcó de manera visceral su propia historia de vida.
«Parió en los tres estados: soltera, casada, divorciada. Escuchás todas sus formas de maternar, su camino… Ninguna maternidad es ideal. La obra es sobre su vida, pero la maternidad ya pasa a ser un hecho colectivo. Buscamos la posibilidad de un diálogo, de una conversación; lo que más me interesa es que no se quede en un hecho narcisista teatral», destaca Lottini, asumiendo que la vivencia de una es, en el fondo, la de muchas.
El duelo que configura la identidad
Uno de los hilos conductores más sensibles de «Mala Madre» es el impacto de la muerte temprana de David, el hermano adolescente de Raquel, en un trágico accidente. La dramaturgia de Maruja Bustamante —una de las plumas más potentes y disruptivas del teatro disidente actual— fue clave para ordenar ese «vómito» inicial y darle una estructura orgánica al relato.
«Como yo conozco la historia de Raquel, le abrí una pregunta: «Che, ¿a vos esta muerte te fundó como ser humano? ¿Esto no te atraviesa en tu maternidad? ¿Qué onda?». Maruja empezó a indagar un poco y entendimos que, en el fondo, Raquel trajo tanta vida —tiene tres hijos— para llenar un poco tanta muerte, un vacío de perder a un hermano de un segundo para el otro. Se le arma un círculo: la vida, la muerte… Tuve que parir sobre tu tumba, dice en un momento de la obra», revela la directora.

Ese cruce entre el dolor y la culpa del sobreviviente es lo que termina de configurar a la madre que Raquel es hoy: «Un poco la hace persona esta muerte, la humaniza. Todo nos configura».
Criar en comunidad como un privilegio de clase
La obra también expone las profundas desigualdades socioeconómicas que atraviesan a las mujeres que maternan en soledad en un contexto estatal de desamparo absoluto. La propia experiencia de Lottini funcionó como un contraste directo para analizar estas realidades: «Yo tengo la suerte de poder maternar en comunidad. Con mi pareja somos un equipo, y contamos con nuestras familias y amigos. Raquel está mucho más sola. Es un privilegio poder criar en comunidad. Yo a veces pienso en mis angustias y en mi estrés criando bastante acompañada, y me pregunto: ¿cómo hace una madre que no tiene este soporte? Es agobiante pensarlo. Pero es la realidad de la mayoría, lamentablemente».
Esta vivencia transformó por completo la mirada de la directora respecto a los tiempos y las prioridades de las mujeres a cargo del cuidado.
«Ahora siento que entiendo mucho más a las madres. Yo siento que menospreciaba un poco las tareas de cuidado. Eso de: «Bueno, no, porque me tengo que quedar con mi hijo porque le tengo que dar de comer», y yo decía: «Dale, o sea, ¿cómo vas a suspender un ensayo porque le tenés que dar de comer al pibe?». Bueno, el pibe tiene que comer; si no tenés otra persona que le dé de comer, le tenés que dar vos. Me hizo ser mucho más empática con las otras mujeres que son madres».
Aclara, además, que la propuesta no busca demonizar la maternidad ni centrarse únicamente en el «lado B» que hoy abunda en las redes, sino humanizarla:
«Raquel en la obra lo dice: «Yo quise ser madre toda mi vida». Ella está feliz con su configuración y su familia. Lo que no quita es que tiene un progenitor ausente, que no tiene forma de solventarse económicamente porque tiene que laburar y a su vez cuidar a los pibes. Ponemos sobre la mesa todo. Creo que el hecho de que este discurso aparezca hace que muchas mujeres elijan también no ser madres, porque antes nadie te avisaba la que se venía».
Incomodar el «deber ser» desde la escena
«Mala Madre» se despliega en la intimidad de Nün Teatro Bar, rompiendo la distancia gélida con el espectador. La presencia de Ameri, que incluye un desnudo total en escena, interpela directamente a quienes miran. «El teatro, si no te genera nada, me quedo en mi casa viendo una serie de Netflix con pochoclos. De base algo tiene que pasar. Raquel es una persona que desde su cuerpo y su discurso incomoda. Ella es incómoda, su presencia es incómoda. Hay que bancarse también su mirada potente y la cercanía, la tenés que bancar como espectador. Al final de la obra, la gente se queda esperando porque quieren abrazar a Raquel y agradecerle».

Lo más disruptivo ha sido la recepción del público masculino, un sector que Lottini no esperaba convocar de manera tan masiva:
«Yo no esperaba varones en esta obra; pensé que era para mujeres. ¿A qué tipo le va a interesar ir a ver Mala Madre? Y vienen, y los veo re interpelados. Los tipos tienen una madre, tienen una compañera, tienen una hermana… Por algún lado les entra. Y eso para mí es un relogro. Es lo que estamos buscando desde hace rato: que ellos estén acá, en estas discusiones».
El teatro como trinchera y un adelanto exclusivo
Frente a la crisis económica generalizada y el feroz ajuste que sufre el sector cultural en Argentina, sostener cinco obras en cartel —como lo hace Paola actualmente— es un absoluto acto de resistencia colectiva. «Cayó mucho el consumo y, por supuesto, el teatro es un lujo. Pero resiste porque es un acto de presencia. Tenés que dejar el maldito celular una hora y pico y estar aquí y ahora, conectar con otro ser humano que está ahí. Hay algo de verdad que pasa en el teatro, por eso es milenario y va a seguir existiendo. Al teatro independiente lo bancamos nosotros, le ponemos el cuerpo, el tiempo y la guita. Hacemos teatro porque nos gusta lo que hacemos, si no, me siento en una oficina».
Antes de despedirse, Lottini dejó una exclusiva para el aquelarre de Las Brujas que Salem: ya se encuentra craneando su próximo proyecto junto al director y productor José María Muscari (con quien actualmente realiza Lio y yo en el Centro Cultural de la Cooperación). El año que viene se meterán de lleno en un universo sumamente complejo:
«Vamos a hacer una obra sobre las villas de emergencia. Se vio bastante en series tipo Okupas o El Puntero, todo ese mundo, pero no apareció tanto en el teatro. José está con esa incertidumbre de armar un espacio distinto, salir del teatro tradicional y hacerlo en un espacio más roto, como en un galpón. Algo más inmersivo».
«Mala Madre» nos recuerda que la salida siempre es colectiva, afectiva y en red. Mientras el sistema insista en exigirnos perfección y aislamiento, las pibas seguiremos construyendo trincheras sobre el escenario.
Funciones: Viernes a las 22:30 horas (funciones de corrido durante todo noviembre).
Sala: Nün Teatro Bar (Juan Ramírez de Velasco 419, CABA).
Entradas: Por la plataforma de Alternativa Teatral.
Redes sociales: Instagram @malamadre.laobra y @paolalottini.
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