Deconstrucción, ritual under y el corazón a la parrilla: el universo inmersivo de La Virgenxita


Flores, altares paganos y una propuesta escénica que va mucho más allá de colgarse un instrumento. Subirse al escenario para Agustina —conocida artísticamente como La Virgenxita— es una experiencia inmersiva. Con raíces nutridas en la deconstrucción del folclore, el rock y la riqueza contracultural de Córdoba, la artista se planta en la escena musical con una identidad tan poética como política, decidida a habitar el arte desde la colectividad, la autogestión y las banderas del feminismo y el cancionero popular.
Las herramientas de la universidad pública
Aunque no terminó las carreras de Comunicación Social ni de Teatro en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), La Virgenxita reconoce que de ese paso formativo nació su sello actual. «Agradezco aún tener universidad pública, porque es gracias a ella que tengo todos mis vínculos y lazos musicales», afirma.
Es de esa matriz teatral de donde extrae la decisión estética de sus shows, una búsqueda que coincide con un movimiento transfeminista actual: el de mujeres y disidencias que eligen llevar la música hacia una propuesta conceptual y performática.
Esa misma militancia se traduce en la exigencia del cupo laboral en los escenarios. Frente a una industria donde los dueños de los espacios siguen siendo varones que «ponen a las mismas cinco bandas de hombres», la artista destaca que en el under hay un ojo mucho más crítico.
Tras un festival el año pasado en Club Paraguay —uno de los recintos más grandes de Córdoba— que no cumplió con el cupo de género, la demanda de las bandas y el público logró torcer el brazo de la producción. Este año, ella formará parte de esa grilla en octubre, compartiendo escenario con proyectos como Zacatumba y Juana Rozas. «Hay que estar ahí al salto y tenerlos cortitos», define con firmeza.
Canciones simples para «curar» lo cotidiano
El universo sonoro de La Virgenxita viaja entre la simpleza, la visceralidad y el eclecticismo. En su repertorio conviven sus propios temas con reversiones potentes y rockeras de clásicos de El Piti (Fernández), Sumo o incluso una saya boliviana. «Nos divertimos mucho haciendo covers. Es la parte más divertida de todas», confiesa.
Su canción «Riégame» nació bajo el influjo del bolero tradicional, buscando cantarle al amor desde una metáfora directa. El tema esconde, además, un guiño cinéfilo: un fragmento inspirado en la icónica escena de La ley del deseo, la película de Pedro Almodóvar donde Carmen Maura implora bajo el calor madrileño que la rieguen con una manguera.
Esa crudeza conceptual estalló con el lanzamiento de su EP debut, «Primeros Auxilios» (compuesto por cinco canciones). El arte de tapa y la sesión fotográfica se registraron en un baldío cordobés y llevaron el concepto de «entregarse al público» al extremo: consiguieron un corazón de vaca real y lo cocinaron en una parrilla para retratalo sobre una tabla de madera. «Era como estar sirviendo mi corazón… el primer EP que nacía y donde yo estaba contando mi historia a la gente por primera vez, saliendo del clóset musical», explica. Para ella, el disco funciona como un botiquín de herramientas cotidianas para afrontar la vida, la plata, la amistad y la suerte, «buscando lo sagrado en lo cotidiano, en una vereda de todos los días».
Pies en la tierra, autogestión y herencia popular
Acompañada por su banda —Yul en bajo, Once en percusión, Valen en vientos y guitarra eléctrica, y Yannicka en batería—, La Virgenxita abraza un sonido que incluye vientos y reversiones del norte. Al hablar de la autogestión actual, la artista se muestra madura y con los pies sobre la tierra: «En algún momento estuve muy volada queriendo hacer un montón de cosas y ahora estoy como chiquito. Entendí que con la voz y con el decir también es suficiente. Haciendo lo que se puede con los cachés que te dan y trabajando mucho en la visibilización para poder hacerlo más profesional».
Es desde ese lugar donde defiende sus banderas: «El feminismo y la música popular. Para mí es muy importante que no muera el cancionero popular, que se pueda reivindicar y mantener vivo».
El presente la encuentra con una agenda en plena ebullición. El próximo 7 de agosto formará parte de un homenaje gratuito a Mercedes Sosa organizado por la UNC, donde interpretará clásicos como «Duerme Negrito», «Gracias a la vida», «Todo cambia» y «Serenata para la tierra de uno».
En septiembre, la ruta la llevará al Norte argentino para participar del mercado de música en Tilcara (Jujuy), un espacio clave de vinculación internacional que el año pasado le abrió las puertas para tocar en el Cosquín Rock. Finalmente, octubre la devolverá a los grandes escenarios cordobeses en el festival de Club Paraguay.
Hacia el final del aire de Radio Trinchera, entre mates y la promesa de una futura fecha en los galpones de la cooperativa, sonó «Guita», el tema elegido para despedir a una artista que no para de crecer. En una escena donde el dinero suele faltar, La Virgenxita se apoya en el combustible más valioso: una comunidad under fogosa que hace pogo y banca los trapos de una marea crítica que exige música con identidad, cuerpo y memoria.

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