De la calma patagónica a la vorágine porteña: Pilar Gough presenta su disco «Lo que no logré en la Ciudad»

La cantautora oriunda de Villa La Angostura pasó por el aire de Las Brujas que Salem. En una charla profunda, reflexionó sobre el mandato centralista del éxito, el desarraigo, la desconexión de las pantallas y el rol político del arte en los tiempos actuales.

Pilar Gough es una de las voces más hipnotizantes y conmovedoras de la escena actual. Nacida y criada en Villa La Angostura, Neuquén, creció con la naturaleza y las montañas como su principal fuente de inspiración. Tras llamar la atención de los medios provinciales en la Fiesta de la Confluencia, haber sido nominada en los premios BAMV por su videoclip “Cielo Caliente” y debutar con su álbum Muda (2024), la artista redobla la apuesta este 2026 con el lanzamiento de su segundo disco de estudio: “Lo que no logré en la Ciudad”.

Producido por Baltazar Oliver, este nuevo material se planta desde una vereda completamente diferente a su debut. Es una obra conceptual, detallista y terrenal, que cambia lo digital por instrumentos orgánicos para sumergirse en las raíces de la cumbia, la salsa y el candombe. El álbum cuenta con colaboraciones de peso como La Valenti, Manu Estrach, Trucha y María Morgade, e incluye hitos muy personales como una versión del Himno de Neuquén (“Neuquén Trabun Mapu”) y un cover de Rubén Rada (“Quién va a cantar”).

En su charla con  Las Brujas que Salem, Pilar abrió las puertas de su universo creativo, desmenuzó la angustia de vivir a destiempo en la capital y explicó cómo la poesía de sus canciones dialoga directamente con la realidad social del país.

La niña que nació cantando y el peso de las expectativas

Para Pilar, la música no fue una elección tardía, sino un elemento nativo de su propia existencia. “Siempre digo que no recuerdo un momento de mi vida en donde no haya cantado. En los primeros años uno no tiene noción, por lo que siento que mi vida siempre fue cantando”, rememoró.

Su debut absoluto fue a los ocho años en un concurso de su pueblo natal llamado Canta Angostura: “Era un piojo mal vestido, totalmente dura en el escenario e intentando cantar. Fue mi primera vez, pero desde ese momento empecé a construir mi autopercepción y a decirme a mí misma que era cantante”. A partir de allí, la comunidad la etiquetó rápidamente, algo que con los años se transformó en una presión: “Como era un pueblo bastante pequeño, se me empezó a reconocer como ‘la niña que canta’. La gente me decía que me iba a dedicar a la música y que iba a ser famosa, y eso te empieza a quemar un poco la cabeza”.

Aunque aclaró que su madre jamás la presionó, sino que intentó acompañar su talento natural, la adolescencia trajo consigo los primeros roces con la exposición. “Cuando empecé a estar más plantada como cantante tuve unos años de rechazo, porque me pedían todo el tiempo que cantara en almuerzos o cenas familiares y yo sentía que solo quería vivir mi adolescencia. Con los años las ideas se asentaron, pero en un momento me cuestionaba si estaba intentando complacer lo que los demás esperaban de mí o si realmente era un deseo propio”.

 

El «modo supervivencia» y la trampa del centralismo

Como les ocurre a miles de jóvenes del interior del país, el desarraigo apareció en el horizonte como un paso inevitable al terminar el colegio secundario. En 2019, con apenas 18 años, Pilar armó las valijas rumbo a Buenos Aires.

“Quienes somos del interior arrancamos la vida sabiendo que después de quinto año hay que irse a buscar nuevos horizontes. Siempre da vértigo, pero es una idea que amasás desde tan temprano que la terminás normalizando”.

Sin embargo, el choque cultural y el ritmo de la Capital Federal pasaron factura. “El primer año de estar lejos fue en modo automático, puro modo supervivencia. Primero viví en Belgrano, luego volví a mi pueblo por la pandemia y tuve unos ‘golpes de horno’ más en la casa familiar. Uno no está lista para dejar su hogar tan temprano”. Al regresar a Buenos Aires tras el confinamiento, la desconexión con el entorno urbano se hizo evidente: “Al principio intentás mimetizarte, pero después te das cuenta de que tu vibra no sincroniza con el espacio. Tuve que recordarme constantemente cuáles eran mis tiempos, qué necesitaba, y aprender a vivir de otra manera. La gente iba a una velocidad que no era la mía, así que empecé a ritualizar mucho mi casa para encontrar la calma y el silencio necesario para cuidar la psiquis”.

Esa contradicción vital es la que le da el nombre a su nuevo trabajo discográfico. Frente a la célebre y centralista frase de que “Dios atiende en Buenos Aires”, Pilar responde con ironía y crudeza. “El título nació de la idea impuesta de que tenés que ir a la gran ciudad a perseguir tu sueño porque, si no lo hacés ahí, parece que tu proyecto no vale o no lo vas a conseguir. Al llegar me di cuenta de que es verdad que la ciudad abre caminos y da oportunidades, pero también entendí el valor de las cosas que no encontré acá, o que al menos no hallé al principio”.

Para la artista, la vida urbana empuja a un aislamiento sistemático donde el individualismo se disfraza de productividad: “El sistema impone ciertos estilos de vida. Yo suelo decir que la ciudad te mantiene como a un caballo: está todo el mundo enfocado únicamente en su proyecto, y se romantiza mucho eso de estar ‘metido en la suya’. Cuesta mucho construir comunidad. En el sur yo tenía mi red de amigos y colegas con los que trabajamos juntos hasta el día de hoy porque compartimos una misma forma de ver la vida”.

Al ser consultada sobre si sentía injusta la obligación estructural de tener que abandonar la Patagonia para trascender, Pilar reflexionó:

“No sé si me resulta injusto, pero analizando la historia me pregunto por qué le pusimos tanto peso a un solo lugar. Es un centralismo muy grande que nos ha perjudicado a todos de alguna forma. De todos modos, no iba a pelearme con esa idea porque son estructuras muy difíciles de cambiar”.

De la poesía al living de casa: la historia detrás de «Ahogados»

Durante la entrevista, Pilar compartió fragmentos de la letra de «Ahogados«, un tema sumamente crudo y evocativo: «Ese vacío. Donde duermen los ahogados. Respiran el miedo de no volver a sentir. Y cuando se despierten, asustados por el frío, tocarán de vuelta las puertas del amor… ¿Quién me dice si estoy realmente cerca? Si una imagen no pide total presencia, más aún, pierde el valor por carecer de alma de emoción…»

La cantautora explicó que el nacimiento de sus canciones está íntimamente ligado a su descubrimiento de la poesía al terminar la escuela, una disciplina que le exige observar y correrse de las estructuras tradicionales. “Cuando empecé a escribir poesía, me gustó la forma en que me llevaba a componer. Cuando pensás directamente en formato de canción, solés caer en patrones preestablecidos; por eso este tema nació primero como un poema”.

El disparador de «Ahogados» tiene una imagen y un contexto político muy claros en la memoria de la artista. “Tengo el recuerdo patente de estar sentada en el sillón de mi casa viendo un video de la primera marcha de los jubilados. Era una secuencia horrible y violenta, y se me caían las lágrimas. En ese momento pensé: ‘no estoy ahí’. Qué loco es que hoy en día puedas ver un video de algo que está pasando a veinte cuadras, sentir el horror en el cuerpo, pero al mismo tiempo no estar viviéndolo espiritualmente”.

Esa experiencia la llevó a cuestionar la falsa cercanía que proponen los dispositivos móviles: “Es una sensación que se traslada a un montón de cosas actuales. Vivimos muy a través del celular y de la pantalla; llorás con un video, el país de al lado está en guerra, en otro lugar se está incendiando un bosque y todo resulta rarísimo. Me estaba costando involucrarme en la vida real, y de ahí nace la pregunta que plantea la canción: ¿qué nos hace estar realmente cerca?, ¿alcanza con una imagen? Es un tema sumamente reflexivo en lo personal”.

El compromiso del artista en tiempos hostiles

Hacia el final de la charla, el debate se volcó hacia el rol social de quienes hacen música en la actualidad y si es posible mantenerse al margen del contexto. Pilar fue categórica:

“Es totalmente imposible. Considero que un artista hoy, al menos por cómo yo concibo mi arte, si no nombra el presente o lo que le parece que no está funcionando, pierde el sentido. Entiendo que existe otro tipo de arte que es necesario, uno que no busca reflexionar tanto y que sirve para entretener, porque necesitamos un poco de todo”.

Aun así, la cantante se tomó el espacio para hacer un ejercicio de honestidad intelectual sobre los límites del discurso dentro del circuito cultural. “También me planteo una autocrítica. A veces me encontraba escribiendo letras muy políticas y sociales, pero olvidándome de la vida real. Me acordé de un texto que leí en la facultad que decía que no hay que confundir el ser un ser político a través del arte con lo que realmente hay que hacer en el día a día, que es actuar y comprometerse con la realidad”.

 

Próximas fechas y cómo seguirla

Para quienes quieran verla en vivo y comprobar por qué los medios destacan su magnetismo arriba del escenario, Pilar Gough confirmó su próxima gran presentación: el 12 de noviembre brindará un show con entrada gratuita en Vicente López.

Además, adelantó que pronto estará disponible una nueva sesión audiovisual y que todas las novedades se anunciarán a través de sus redes oficiales. Podés encontrarla en Instagram como @pilugough

 

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