Cuando el peligro es el hogar: El femicidio de Mónica Ligorria en Pilar y las alarmas de un sistema sordo

 La violencia machista volvió a quebrar la cotidianeidad en el norte del conurbano bonaerense de la forma más brutal.

El pasado lunes por la tarde, Mónica Ligorria (49) se encontraba trabajando en su puesto ambulante de venta de huevos, ubicado debajo del puente del kilómetro 57 de la autopista Panamericana —en el ingreso al country Estancias del Pilar—, cuando fue abordada por su pareja, Hernán Adalberto Ayerbe (56).

Tras una fuerte discusión presenciada por otros puesteros de la zona, el hombre extrajo una pistola calibre 22 largo y gatilló tres veces. Uno de los proyectiles impactó de lleno en la cabeza de Mónica. Mientras la víctima era trasladada de urgencia al Hospital Central de Pilar —donde tristemente falleció tras agonizar durante cinco horas—, el agresor escapó en su camioneta Renault Master blanca en dirección a Campana. Al llegar al kilómetro 70, detuvo el vehículo sobre la colectora e intentó quitarse la vida disparándose también en la cabeza con la misma arma. Sin embargo, la lesión no fue mortal: Ayerbe fue derivado al hospital municipal de Campana, donde se encuentra internado fuera de peligro, formalmente detenido y bajo estricta custodia de la Policía Científica y las fuerzas de seguridad.

El laberinto de la desprotección y la inacción estatal

Analizar este crimen con perspectiva de género obliga a correr el foco de la mera crónica policial para desarmar la alarmante desprotección que rodea a las mujeres en situación de vulnerabilidad. Las primeras pericias judiciales arrojaron datos escalofriantes: Mónica ya había denunciado previamente a Ayerbe por violencia de género ante la Comisaría de la Mujer de Pilar, y la relación contaba con un historial de medidas cautelares y restricciones de acercamiento vigentes.

Este trasfondo expone, una vez más, el fracaso sistemático de las herramientas burocráticas del Poder Judicial. Una perimetral firmada en un papel no detiene una bala calibre 22 largo. El caso evidencia de manera dolorosa la falta de mecanismos reales de monitoreo y botones de pánico efectivos para las víctimas de la periferia. Dejar la responsabilidad de sostener la distancia sobre la propia mujer agredida, en un contexto de asimetría psicológica y económica, es empujarla al desamparo. Mónica intentó defenderse utilizando los canales institucionales, pero el sistema estatal le dio la espalda mucho antes de que se efectuara el disparo.

Violencia machista en «Clima de Época»

La masificación de este femicidio en las redes sociales vino acompañada de una etiqueta incómoda pero precisa: «En Clima de Época». No se trata de una frase azarosa. Vivimos en un contexto político y social donde los discursos oficiales a nivel nacional minimizan de manera sistemática la violencia de género, clausuran los ministerios dedicados a la equidad, desfinancian los programas de asistencia y catalogan las demandas colectivas como «exageraciones» o «ideología».

Este desmantelamiento institucional genera un caldo de cultivo peligroso: valida la impunidad de los agresores y deslegitima el calvario de las víctimas. Cuando el Estado nacional desatiende las políticas de género, el mensaje que se envía al entramado social es que nuestras vidas no importan. Los femicidios no ocurren en el vacío; se ejecutan en un contexto cultural que vuelve a naturalizar la posesión sobre los cuerpos de las mujeres. El entorno de Ayerbe intentó justificar su inestabilidad mental en una supuesta enfermedad terminal (Esclerosis Lateral Amiotrófica – ELA), pretendiendo desresponsabilizarlo. Pero la violencia no es un brote ni una patología: es una conducta de dominación arraigada

La muerte de Mónica Ligorria nos duele, pero sobre todo, nos subleva. El femicida debe pagar con la pena máxima en prisión común tan pronto reciba el alta médica. Frente al avance de la crueldad y la indiferencia gubernamental, nos plantamos con más fuerza: el recorte en políticas de género cuesta vidas. Justicia por Mónica.

LÍNEA 144 (Nacional/Provincial): Atención, asesoramiento y contención las 24 horas, los 365 días del año. Es gratuita y anónima.📱 WHATSAPP (PBA): Podés escribir de forma segura al 11-2771-6463 si no podés hablar por teléfono.

EMERGENCIAS EXTREMAS: Ante una situación de riesgo inminente, llamá de inmediato a emergency services.

EN PILAR: Acercate a la Comisaría de la Mujer y la Familia de Pilar (Rivadavia 435) o comunicate al área de Género del Municipio.

 

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