Cuando el mercado de alquileres mata: El pacto que expone el abandono planificado de nuestras vejeces

 

 El trágico desenlace de un matrimonio de jubilados en Río Negro que decidió quitarse la vida al no poder afrontar la renovación de su alquiler no es un hecho aislado. Es el reflejo brutal de un modelo de crueldad que licúa los haberes y desregula el acceso a la vivienda, empujando a los sectores más vulnerables al desespero y a la intemperie absoluta.

 

La noticia que llega desde la Patagonia es de esas que hielan la sangre, pero que no nos podemos permitir mirar de reojo. Un matrimonio de personas mayores, que vivió y trabajó toda su vida, tomó la determinación más dolorosa: un pacto para terminar con sus vidas. ¿El detonante? La imposibilidad absoluta de pagar la renovación del alquiler del departamento donde vivían y la acumulación de deudas cotidianas que se volvieron asfixiantes.

Por respeto y cuidado hacia su memoria y hacia la mujer que sobrevivió al hecho y hoy pelea por su salud mental, elegimos no usar sus nombres. Pero sus rostros son los de miles de personas mayores que hoy habitan nuestra patria en un estado de desprotección total.

El caso, investigado por la justicia rionegrina, dejó al descubierto una matemática de la crueldad. Con dos haberes mínimos, la pareja sumaba ingresos mensuales que apenas alcanzaban para cubrir el costo habitacional actual.

Ante la desregulación total del mercado de alquileres tras la derogación de la ley que protegía a los inquilinos, la renovación del contrato les exigía una cifra millonaria imposible de reunir y un valor mensual que duplicaba sus ingresos. Desalojados por el mercado y desamparados por el Estado, la carta de despedida que dejaron en su vivienda es un grito de auxilio que la política tradicional debería escuchar con vergüenza.

 

El contexto de un genocidio social planificado

Este hecho trágico no ocurre en el vacío. Se da en un contexto país donde los jubilados y pensionados han sido elegidos como el principal factor de ajuste para sostener el mentado superávit fiscal del gobierno de Javier Milei. La violencia económica ejercida desde el poder central contra las vejeces tiene un correlato directo en los cuerpos y en la salud mental de nuestros viejos:

Licuación de haberes: Las jubilaciones mínimas se encuentran en niveles históricos de pérdida de poder adquisitivo, transformando los ingresos en un viático de miseria que no cubre la canasta básica.

El drama de los medicamentos: El recorte y la quita de coberturas al 100% de medicamentos crónicos y esenciales por parte del PAMI obliga a miles de ancianos a elegir todos los meses entre comer o comprar los remedios que los mantienen con vida.

Vivienda dolarizada, salarios en pesos: La desregulación absoluta del mercado inmobiliario dejó a los inquilinos a merced de la voluntad unilateral de los propietarios, exigiendo depósitos en dólares, aumentos trimestrales y garantías inalcanzables.

 

La crueldad no es un concepto macroeconómico, destruye vidas

Desde el micrófono de Las Brujas que Salem venimos denunciando de manera sistemática cómo la violencia del Estado no solo se ejerce a través de los palos y los gases con los que la policía reprime a los jubilados cada miércoles frente al Congreso.

La violencia más profunda, la más invisible y perversa, es la violencia económica y burocrática que empuja a las personas a la soledad, al shock y a la desesperación de sentir que ya no tienen un lugar en el mundo.

No estamos ante un problema de «salud mental individual». Lo que ocurrió en Río Negro es un síntoma de una sociedad que está rompiendo sus lazos de solidaridad básicos y de un Estado que abdica de su rol de cuidado para convertirse en el garante del sálvese quien pueda.

Cuando el derecho a la vivienda se transforma en un privilegio de pocos y la vejez es tratada como material de descarte que «gasta presupuesto», el sistema se vuelve inherentemente asesino.

Abrazamos con profundo dolor a la compañera sobreviviente y a toda la comunidad que hoy llora este despojo. Nos negamos a naturalizar la crueldad de los números macroeconómicos. Sostener la memoria, la dignidad de nuestras vejeces y exigir que la vivienda y la salud dejen de estar en juego es, hoy más que nunca, una trinchera feminista y humanitaria que no vamos a abandonar.

 

Si vos o alguien que conocés está pasando por una situación difícil o de crisis angustiante, recordá que podés comunicarte de manera gratuita con la Línea de Prevención del Suicidio en Argentina llamando al 135 o al (011) 5275-1135 desde todo el país. No estás sola, no estás solo.

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