En el marco de la cuarta Marcha Federal Universitaria, el politólogo y exrector de la UNGS, Eduardo Rinesi, charló con Las Brujas que Salem en una plaza colmada de docentes, estudiantes, sindicatos y organismos de derechos humanos.
Analizó el desfinanciamiento actual y la profunda ligazón de la educación pública con la sociedad argentina.
Cientos de personas se volvieron a tomar el centro de la Ciudad de Buenos Aires en lo que ya constituye la cuarta gran manifestación federal en defensa de la educación pública, la comunidad académica —acompañada por un arco social transversal— marchó para visibilizar la crítica situación presupuestaria que atraviesan las casas de altos estudios.
En medio de la Plaza, entre banderas de sindicatos, organizaciones de derechos humanos y estudiantes, el destacado filósofo, politólogo y exrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Eduardo Rinesi, compartió una lectura punzante pero esperanzadora sobre el conflicto.“Estoy viviendo este momento con mucha preocupación, con mucha esperanza”, arrancó Rinesi al evaluar el impacto de la jornada.
Para el educador, la masividad de la convocatoria funciona como un límite democrático: “Esta extraordinaria marcha revela algo que me parece que es muy importante, que es que la universidad no es una institución que esta gente vaya a poder llevarse por encima tan gratuitamente”.
Contra la cultura y el desfinanciamiento
Rinesi apuntó directamente contra el trasfondo ideológico del actual Gobierno y sus políticas de ajuste. Aludiendo a los discursos oficiales que niegan la construcción comunitaria, señaló: “Esta gente está convencida, lo dice todo el tiempo, de que la sociedad no existe; lo cual quiere decir que la sociedad no debería existir”.
En ese sentido, el exrector de la UNGS alertó que no se trata simplemente de un debate de ideas, sino de un ataque estructural. “Vamos a violar las leyes, las violan todos los días, vamos a desfinanciar las instituciones, las desfinancian todos los días, vamos a hacer pelota la universidad, es lo que están intentando. No se trata de una batalla cultural, se trata de una batalla contra la cultura”, sentenció, recuperando el sentido profundo de la palabra: “Cultura es culto y es cultivo, cultivo de la tierra para dar de comer a nuestros hijos y cultivo de nuestros propios hijos y de su espíritu. Quieren una sociedad sin memoria y sin futuro”.

Los reclamos específicos de la jornada reflejan una asfixia presupuestaria que golpea el día a día de las instituciones. Rinesi no esquivó la gravedad de los datos: “Estamos ganando salarios horribles, nuestro poder adquisitivo se ha reducido a la mitad y los gastos de funcionamiento de las universidades se han reducido extraordinariamente. Es muy difícil hacer las cosas fundamentales que tenemos que hacer”. Sin embargo, aclaró que la marcha excede la paritaria docente o el presupuesto edilicio: “A pesar de que los chicos necesitan becas para continuar sus estudios, esto es la defensa de un derecho colectivo de la sociedad en su conjunto”.
La universidad en la vida diaria
Al ser consultado sobre cómo lo académico atraviesa la cotidianeidad de los ciudadanos comunes —incluso de aquellos que no asisten a las aulas—, el politólogo recordó una potente postal de las primeras movilizaciones: “De la marcha del 23 de abril de hace dos años circuló una foto que a mí me impresionó mucho: un chico joven que decía ‘yo no fui a la universidad pública, pero mi psicoanalista sí y me salvó la vida’”.“Nuestros médicos, odontólogos, los profesores de matemática y de historia de nuestros hijos fueron a la universidad pública. Eso es lo que estamos defendiendo: el derecho del pueblo en su conjunto de poder seguir recibiendo los beneficios de la existencia de esta institución extraordinaria y democrática”, insistió.
Un vector que une todas las luchas
Hacia el cierre de la jornada, la fisonomía de la plaza dejó en claro que el conflicto universitario funciona hoy como un catalizador del descontento social. Con la presencia de Madres de Plaza de Mayo, delegaciones sindicales de base y movimientos estudiantiles, la movilización rompió con el aislamiento sectorial.“La universidad no produce las grandes transformaciones democráticas sola, sino siempre acompañada por los sectores más dinámicos, por los partidos políticos, por los movimientos de derechos humanos”, repasó Rinesi, trazando un paralelo histórico con la Reforma Universitaria de 1918 y el Cordobazo de 1969.Para el intelectual, el rol de la universidad pública hoy es el de un “gran vector de antisegmentación” frente a un contexto político que busca aislar los reclamos de cada sector. “No es una marcha de universitarios en beneficio de los intereses de los universitarios, aunque también lo sea. Es una marcha del pueblo argentino en defensa de una institución fundamental para que pueda seguir pensándose exactamente como un pueblo”, concluyó.







