Un caso de extrema gravedad institucional y violencia patriarcal sacude a la provincia de Salta. La Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual (UDIS 3) formalizó la investigación penal y el juez Diego Rodríguez Pipino dictó la prisión preventiva para un hombre de 55 años imputado por los delitos de rapto y abuso sexual con acceso carnal (dos hechos) en concurso real en perjuicio de una adolescente de 16 años.
El brutal episodio, ocurrido a fines de agosto pero resguardado celosamente durante las primeras semanas de instrucción, desnuda el uso del espacio público y los establecimientos privados como zonas de caza y el recurso al miedo institucional para disciplinar a las víctimas.
La reconstrucción de los hechos arroja una frialdad planificada. El agresor había cruzado palabras meses atrás con la joven en una parada de colectivos, estableciendo un conocimiento de vista que utilizó como ventaja táctica. A finales de agosto, interceptó a la adolescente en las inmediaciones del Club Gimnasia y Tiro mientras caminaba a sus actividades habituales. Mediante el uso de la fuerza física, la tomó del brazo, la obligó a subir a su automóvil y la trasladó hasta un gimnasio ubicado en la intersección de las calles San Luis y Cornejo, en pleno macrocentro salteño.
El gimnasio como celda de sometimiento
Una vez dentro del establecimiento, el imputado la condujo por la fuerza a una habitación apartada y bloqueó los accesos. A pesar de los desesperados intentos de la adolescente por pedir auxilio y de su resistencia física activa, el agresor consumó dos hechos de abuso sexual con acceso carnal.
Antes de permitirle retirarse, el captor amenazó a la víctima asegurando que tenía contactos con la policía para disuadirla de denunciar. No obstante, tras relatar lo sucedido a su familia, su padre radicó la denuncia en la Comisaría N° 3 de Tres Cerritos. Al conocerse la intervención judicial, el acusado intentó huir de la provincia, pero fue interceptado y detenido en el control caminero de Aunor.







