Ranchos Café abrirá sus puertas en la esquina de 532 y 10. Ideado y gestionado por Charo Rodríguez Ferro, el espacio nace para desafiar las lógicas comerciales tradicionales, garantizando accesibilidad y puestos de trabajo reales para personas históricamente excluidas.
En tiempos donde las pantallas parecen monopolizar nuestros encuentros, las redes afectivas y comunitarias siguen pariendo proyectos capaces de transformar el territorio.
En los márgenes de la ciudad, más precisamente en el barrio platense de Tolosa, está naciendo una propuesta que promete disputar el sentido de la inclusión y la cultura popular desde la autogestión y el liderazgo feminista: Ranchos Café.
Detrás de este enorme desafío se encuentra Charo Rodríguez Ferro, una joven de 29 años que decidió poner el cuerpo y los conocimientos de su formación para crear un espacio de trabajo real, accesible y cultural. Invitada al programa radial Las Brujas que Salem, Charo compartió la trastienda de una apuesta colectiva que ya palpita su apertura en la esquina de 532 y 10.
Con total transparencia y respeto por la profesión, aclaró de entrada: «Primero aclarar que aún no me recibí, estudié terapia ocupacional, pero bueno, lo aclaro porque sería una ofensa para quienes sí tienen el título. La idea surge por estudiar terapia ocupacional».
Con más de una década sumergida en el campo de la salud y la accesibilidad, su recorrido comenzó mucho antes de pisar las aulas universitarias.
«Yo tengo 29 años y desde los 17 que trabajo en discapacidad, en instituciones, en centros de día, y a lo largo de mis experiencias empecé a ver la poca visibilidad que se le da a la discapacidad y la poca inclusión en espacios laborales y en espacios públicos», relató sobre las falencias de un sistema que excluye de forma sistemática.
Esa frustración acumulada se transformó en la semilla de este espacio autogestivo: «Entonces ahí un poco surge mi idea de crear algo muy utópico, muy a largo plazo, pensando, qué se puede crear, qué espacios pueden ser accesibles, cómo generar un empleo real con las condiciones laborales que cualquiera debería tener, y surge un poco de ahí, por mis experiencias personales, laborales, y también por la teoría que me dio la facultad».
Un entramado de proveedores inclusivos: tejer comunidad más allá de la barra
Uno de los aspectos más disruptivos de Ranchos Café es que rompe con la idea superficial de la «inclusión de vidriera» que a menudo practican las corporaciones para limpiar su imagen.
Aquí, la participación es integral y cooperativa desde las bases.
El proceso de armado del bar incluyó la producción de la vajilla de forma comunitaria.
«La idea de Ranchos no es solo promover la inclusión ahí en el espacio, como puede ser un mozo, un cafetero, un barista, que es poco, es más acotado, porque serán 4 o 5 personas, sino que no se elabore ahí en lo que es la cocina, lo que es la producción, sino que los proveedores sean personas con discapacidad», detalló Charo con total claridad política sobre la descentralización del trabajo.
Este enfoque genera una red económica circular que dignifica a artesanos locales: «Entonces no solo la pizza, la factura, lo que sea, lo hacen también personas con discapacidad, sino también todo, el diseño, desde el individual, el delantal, las tazas, los vasos, los platos, el menú, el baño, todo está pensado por distintas personas que yo conozco, que me fui acercando o ellos mismos se fueron acercando hacia mí para poder crear esto».
Correrse del lugar de «saber absoluto» para escuchar a quienes habitan esas realidades es indispensable: «Porque a mí me pasaba de esto, de trabajar, pero yo no tengo ninguna discapacidad física ni cognitiva… ¿qué mejor que lo haga una persona que realmente convive con eso y su cotidiano es así?».
Tejer redes cuando faltan los recursos: la potencia de la autogestión
Como ocurre con la inmensa mayoría de los proyectos impulsados por mujeres jóvenes, el capital financiero no fue el motor inicial, sino la fuerza colectiva.
«Quien me ha ayudado, digamos, primero mi familia y mis amigos que me apoyaron, me dijeron, dale, es una locura lo que querés hacer, pero se puede», confesó Charo sobre esa primera red de sostén.

La consolidación del lugar físico también encierra una historia de memoria y arraigo familiar. «Por suerte yo tenía el espacio para hacerlo, se llama Ranchos porque Ranchos es un pueblo, de donde es mi tío abuelo, y mi tío abuelo me dio este lugar, entonces en agradecimiento se llama Ranchos, pero yo solo tenía el espacio y la idea», explicó sobre la infraestructura base que heredó en Tolosa.
A partir de ahí, todo se construyó a pulmón y apelando a la solidaridad horizontal:
«Es de tocar puertas, de moverse por mucho tiempo, de ir todos los días a distintos lugares y hablar con mucha gente, y así fue llegando la pintura, los productos descartables, el azúcar, los vasos… Es de gente que me conoce, hasta gente que por ahí le llegó el proyecto y que quiso colaborar porque tiene un hijo o una hija con discapacidad o por el mero hecho de colaborar. Porque esto termina siendo privado, para yo poder darle trabajo a la discapacidad, pero realmente es extremadamente a pulmón, no es que tenga un socio, una socia, un sponsor o alguien que realmente diga, bueno, sí, trabajamos juntos. Se llegó por todo esto, por mucha gente que quiere colaborar, moverme yo y familia, amigos y demás»
Maternar y emprender: habitar dos gestaciones al mismo tiempo
En un cruce profundo con las realidades que atraviesan los cuerpos feminizados, la historia de Charo adquiere una dimensión aún más potente.
Mientras define la fisonomía del bar, la joven está transitando la dulce espera de su hija Sara, cuyo nacimiento está previsto para noviembre.
Esta superposición de proyectos vitales pone en evidencia la inmensa capacidad de gestión de las mujeres.»Sí, por eso también quiero abrirlo lo antes posible», explicó entre risas respecto a los plazos de inauguración de agosto.
Ante la demanda total de energía, Charo reconoció la importancia del entorno afectivo para sostener la trinchera: «Ni hablar mi pareja, que está ahí como bancando, diciendo dale, se puede. Y la familia y mis amigos… No voy a negar que no es fácil, porque son dos proyectos muy importantes y a veces es organizar varias cuestiones, porque también a veces yo estoy más cansada, o tengo otro ritmo. Al no haber un equipo que esté trabajando conmigo así 100%, es como que yo hago mucho. Tengo mi papá y mi amiga, que son arquitectos y que me ayudan en el proyecto, mi novio que me ayuda también en todo lo que es la gestión, una amiga en la habilitación, hay un montón de gente, pero bueno, hay veces que sí, no voy a negar que es un montón”
El reconocimiento institucional frente al vacío del Estado
El impacto transformador de Ranchos Café no tardó en resonar. A raíz de la repercusión mediática de la propuesta, el Concejo Deliberante de La Plata declaró la iniciativa de Interés Legislativo. «Me contactó Granillo y el secretario Nacho porque les interesó el proyecto… Ellos se enteraron por notas que me habían hecho previo a eso en Página 12 y en La Cielo», detalló Charo.
Sin embargo, ante el interrogante de las periodistas sobre cómo sostendrá la vida cotidiana, la apertura del bar y la crianza inminente de su hija en un contexto de desamparo y ajuste, Charo sintetizó la condición histórica de las identidades feminizadas frente a las crisis económicas: «No sé cómo voy a hacer, como hacemos las mujeres, ¿no? Malabares».
La joven remarcó que las políticas de ajuste nacional golpean directamente a los sectores vulnerables con los que trabaja: «Sinceramente uno en la teoría, o bueno, hay ciertas cosas que el Estado por ahí puede llegar a colaborar, hoy lamentablemente con la actualidad del Gobierno nacional es mucho más complejo porque hay muchos recortes, sobre todo en discapacidad y en lo que es la jubilación».
A pesar del desfinanciamiento estatal, Charo se puso al hombro la transformación de la esquina del local: «Yo estoy luchando para tener la rampa, que es algo, digamos, que corresponde para cualquier situación… las personas tienen que hacer su vereda, que yo eso pensé que era del Estado, pero no, lo tiene que hacer la persona propietaria o la que alquila, y ahí aproveché e hice la rampa. Pero sí estaría bueno ver como la posibilidad de que sea una rampa más adaptada con sistema braille para que las personas puedan acceder. También si es posible poner una loma de burro pensando en esto, de que la idea no es sólo que de las puertas para adentro sea accesible, sino también de las puertas para afuera para que todas las personas puedan acceder. Entonces, pensando esto, de que te bajás del micro, bueno, que puedas cruzar la calle y que puedas ir a Ranchos… Estaría genial que pongan o mínimo un cartel que diga máximo 30, que haya una loma de burro, buscarle la vuelta como para que sea un poco más accesible en cuanto al tráfico… para que el interior se adapte por lo menos con el exterior más cercano».
Un bar que aloja la neurodivergencia y abraza la diversidad
En un mercado gastronómico dominado por el mobiliario estandarizado y los ambientes hostiles, Ranchos Café propone una infraestructura que se adapta a las personas, y no al revés.
«Todo lo que es el sistema Braille, tanto para la entrada como para el menú, que va a ser a papel y también por una aplicación, pensando en cualquier diversidad. También va a haber pictogramas, que son dibujos que puede utilizar cualquier persona que quizás no pueda comunicarse o también pensado para personas que por ahí no leen. Se van a contar con sillas de distintos tamaños, pensando en la diversidad de los cuerpos y también personas de talla baja», enumeró minuciosamente.
Además, contará con herramientas específicas para alojar las necesidades de regulación de personas con autismo o hiperactividad: «Kits sensoriales y sensitivos, que eso se va a avisar en el menú… Por ahí cuando utilizan alguna pelota, algún material con diferentes texturas, con solo eso pueden permanecer ahí y listo, no es necesario que se vayan, que tengan que irse a las corridas, que la familia se vea irritable, porque es lógico, así que con eso se va a contar». En cuanto a la propuesta gastronómica, el menú apostará por la calidez de lo clásico: «Cosas de panadería, desde facturas, cookies, tortas, después lo que es el almuerzo todavía no está bien definido… pero es todo básico, para que el que vaya encuentre algoque le guste”
Arte libre y trinchera nocturna: el escenario cultural que rompe el molde
Además del servicio gastronómico tradicional en el horario de 9 a 13 y de 16 a 20 horas, Ranchos Café disputará las noches de Tolosa para convertirlas en un refugio cultural con impronta popular, diversa y colectiva.
«La idea además de Ranchos es que sea también un espacio más cultural a la noche, donde las personas que tienen alguna diversidad o no y quieren presentar su talento artístico, musical o lo que sea, se pueda acercar ahí, que sea más tipo un show», anticipó Charo sobre una grilla nocturna donde el arte estará bien abierto.
La inauguración del espacio materializará esta confluencia de voluntades, articulando el trabajo de distintas organizaciones locales que militan los derechos de las personas con discapacidad. «Para la inauguración ya está pensado, hay un lugar que se llama Comunidad Diversa, que es una comunidad de personas con varias discapacidades y ellos están preparándose para la inauguración. Hay un chico que lee, iba a leer poesía, hay otro que baila folclore y se acompaña con otro de otra asociación que se llama Asociación Azul y se juntan y van a tocar y van a hacer folclore. Después hay dos modelos que van a desfilar… Y van a presentar también las fotos que ellos modelaron y los castings que hacen ellos… y después se cierra con un DJ que tiene todo su equipo, que lo súper recomiendo también, que tiene también diversidad y se va a cerrar con él como más modo baile», adelantó con orgullo.
Para garantizar que esta trinchera autogestiva sostenga la bandera del empleo registrado y digno sin caer en falsas promesas comerciales, la apertura se planificó desde la cautela económica que impone el contexto actual.
«Van a ser cuatro o cinco, no mucho más, para arrancar. Mi idea sí es realmente que se pueda expandir y que haya más personal, pero bueno, para yo poder realmente garantizar el trabajo como quiero garantizarlo necesito arrancar de a poco y después ver cómo va funcionando», concluyó la joven impulsora.
Ranchos Café ya es una realidad latente en el mapa platense. Se gestiona, se milita y se apoya a través de las redes virtuales y del encuentro cotidiano en su cuenta de Instagram (@ranchos.café), a la espera de una inauguración colectiva que le dará la bienvenida al bar y, muy pronto también, a la pequeña Sarita.
Glosario de Accesibilidad Colectiva:
¿De qué hablamos cuando habitamos la diversidad?
Es la cualidad que tienen los espacios, objetos o servicios para ser entendidos, transitados y disfrutados por cualquier persona, sin importar sus capacidades físicas, sensoriales o intelectuales. No es un beneficio para unos pocos; es un derecho de todas los cuerpos.
Neurodivergencia: Es un concepto político y social que entiende que los cerebros humanos funcionan de maneras diferentes. El autismo, el TDAH, la dislexia o la hiperactividad no son enfermedades a curar, sino variaciones naturales de la diversidad humana que los entornos comerciales tradicionales suelen expulsar.
Pictogramas: Son dibujos e imágenes simples y claras que representan un objeto, una acción o una idea. Funcionan como un canal de comunicación visual alternativo para personas que no utilizan el lenguaje oral o que tienen dificultades con la lectura, permitiendo que cualquiera pueda pedir un café de forma autónoma.
Kits sensoriales y sensitivos: Son herramientas y materiales (como objetos con diferentes texturas, pelotas antiestrés o elementos de descarga) diseñados para ayudar a personas con autismo, hiperactividad o alta sensibilidad a regular sus sentidos. Su presencia evita que un estímulo del entorno (como el ruido de la vajilla o la música) sature a la persona y la obligue a retirarse del lugar.
Sistema Braille: Es un sistema de lectura y escritura táctil pensado para personas ciegas o con discapacidad visual severa. Consiste en una serie de puntos en relieve que se leen con las yemas de los dedos, permitiendo conocer desde el cartel de entrada hasta las opciones de la carta gastronómica.
Inclusión laboral real: A diferencia del uso corporativo que limpia la imagen de las empresas contratando cupos mínimos sin derechos, es la garantía de puestos de trabajo registrados, con salarios dignos y adaptaciones edilicias y de tareas para que las personas con discapacidad desarrollen su autonomía económica de forma permanente.
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