Este fin de semana largo fue el 37 Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries en la ciudad de San Salvador de Jujuy.
A raíz de la situación económica actual y las grandes distancias para que las mujeres se movilicen se esperaba que sean más o menos 60 mil las mujeres presentes, pero la realidad superó esa expectativa: 80 mil mujeres y diversidades participaron del Encuentro y de sus más de 100 talleres con 16 ejes temáicos distintos.

Durante los tres días hubo además, diversas actividades: presentaciones de libros, muestras artísticas, charlas, reuniones, ferias, la Asamblea Feminista del Abya Yala, una marcha el día 11 contra los travesticidios y la marcha central de cierre del Encuentro que fue multitudinaria, recorriendo varios kilómetros de la ciudad con cánticos que reflejaron las luchas del movimiento de mujeres y disidencias y de todo nuestro pueblo, en el contexto del gobierno de Milei y sus políticas de hambre, ajuste y embestida feroz contra el movimiento de mujeres y disidencias. Consignas en defensa de la salud, educación pública, la defensa de la universidad y fuera Milei, resonaron con fuerza.

La elección de la sede de Jujuy se había realizado el año anterior, en Bariloche a raíz de la intensa lucha protagonizada por docentes, mujeres y empleados durante todo el año y su consiguiente persecución política y represión policial sufrida.. Este año estos territorios adquieren un protagonismo central en la resistencia contra el extractivismo y las luchas territoriales. De hecho la provincia de Jujuy se ha convertido en un verdadero laboratorio de las políticas del poder mundial. En los días 9 y 10 de octubre, estuvo reunido el XIII Seminario Internacional Litio en Sudamérica, donde participaron varios gobernadores del norte, y funcionarios de las empresas transnacionales del litio. En la puerta del Seminario, se encontraban representantes de varias comunidades, que se pronunciaron en defensa del agua, e intentaron infructuosamente presentar una demanda a quienes se reunían, exigiendo la consulta previa fueron empujadas por la policía local que custodiaba el evento.

Por todo esto durante todos los días que duró el cuentro y en la Asamblea Feministas de Abya Yala los temas centrales fueron las luchas territoriales en defensa del agua, del bosque y de la vida. En ella participaron distintas comunidades orginarias y pueblos organizados. Se oyeron las voces del Movimiento de Mujeres de Kurdistan, de Mujeres de la Sexta (México), mujeres de la CONAIE (Ecuador), sanadoras ancestrales como Lolita Chávez (Guatemala), y mujeres y disidencias de Perú, Bolivia, Uruguay, Colombia, Paraguay, que son parte de distintas luchas por el cuidado del territorio tierra y del territorio cuerpo. Fue un momento especial en el que se expresó la solidaridad con las mujeres y el pueblo de Palestina, frente al genocidio del estado de Israel, a través de la presencia de activistas de Sandía (feministas solidarias con Palestina), de la Campaña Fuera Mekorot, y del Comité de Solidaridad con Palestina.

Este año también hubo una presencia muy especial que fue la de la Machi Betiana Colhuan. El año pasado, el 36 Encuentro se realizó en Bariloche, para expresar la solidaridad con las mujeres mapuche criminalizadas, entre ellas la Machi. Ahora. A pocos días de finalizado uno de los juicios contra la Winkul Mapu,- un juicio racista y sin perspectiva de género, donde todas terminaron culpables- la Machi viajó al Encuentro para retribuir la solidaridad recibida de otros movimientos con su lucha, y realizar diálogos que permitan a todas enriquecer su mirada del mundo.

Al terminar el Encuentro con una masiva marcha se hizo la tradicional caminata multitudinaria y colorida con ese paisaje de fondo que hizo que los cánticos se hicieran eco. Se presentaron como todos los años las conclusiones y se eligió una nueva sede para agitar la lucha para saber qué sucedió con Loan: el Encuentro 38 tendrá sede en Corrientes.

Pero durante estos días tomó nuevamente notoriedad una noticia, que volvió a aparecer en la página de Aministía, una investigación llevada a cabo por Silvia Noviasky para Diario Ar. que recuerda algo que no debemos olvidar el hecho de que ahí, muy cerca de Jujuy, en Salta hay casi 30 mujeres que en el 2022 lograron hablar, y denunciar décadas de abuso sexual y reclamaron la filiación de los niños nacidos por esa violencia sistemática.
A dos años de esas denuncias, muchas de esas mujeres, todas madres producto de las violaciones han ido retirando sus pedidos porque el sistema judicial y la propia comunidad no las acompaña.

Estas mujeres wichis fueron violadas en banda, con un término que se conoce como chineo, pero que ellas y la propia líder de Salta Octorina Zamora- lamentablemente ya fallecida- se cansaba de negar y de explicar que no debía usarse. Nombrar como chinas a las wichis no solo es un término colonizador sino que pone en primer lugar a la víctima y no a los victimarios todos varones hijos sanos del patriarcado que en banda violan a las mujeres, muchas veces niñas.
En el 2022 estas mujeres, acompañadas por la antropóloga Eugenia Morey relataron las violaciones, pidieron que los progenitores los reconozcan y que les pasen alimentos. Este acto de valor, de hablar, de nombrar fue motorizado por el horror ese año de cinco femicidios de mujeres originarias, incluyendo el infanticidio de Pamela Flores, de solo 12 años. Los medios nacionales miraron hacia el norte y ellas vieron la posibilidad de ser escuchadas. Pero como todo lo que deja de ser noticia, sumado a la partida de este plano de Octorina Zamora quitó fuerza al reclamo. Las propias denunciantes hablan de casos que no avanzan y voluntades que se quiebran.

Es que todo el proceso judicial es complejo por la diversidad cultural, sin duda la lengua es una barrera, no hay traductores suficientes y a las mujeres les cuesta relatar en castellano el horror que vivieron. Cuando finalmente lo hacen encontrar el rastro de los violadores no es fácil. Se sabe que 8 niños y niñas pudieron tener su filiación y cuatro de ellos comparten el padre que es el dueño de una finca de la zona. Sin embargo otros niños y niñas son productos de violaciones de varones de paso por el lugar, camioneros, gendarmes, etc y probar la paternidad con ADN se hace complicado.
Los funcionarios asesores de menores explican que las mujeres que han tenido relaciones consentidas también temen pedir la filiación de sus hijos porque tienen miedo que se los quiten.
Rosa, miembro de la comunidad wichi sabe que más allá de las tradiciones ancestrales hay una condición geográfica que marca que mientras más lejos, menos derechos: “Hay mujeres que sufren más, que son las que viven más alejadas, y hay mas oportunidad de violar derechos”. Así, las comunidades wichis quedan lejos de los brazos del sistema, y el judicial es uno de ellos.










