Tina Turner, la que salió del infierno para ganarse el cielo

Tina Turner alcanzó su dimensión estelar, a los 45 años. Photo by Kevin Winter/Getty Images) (Photo by Kevin Winter / Getty Images North America / Getty Images via AFP)

Por Camila Villafañe.

Ike Turner, considerado uno de los pioneros del rock and roll, fue el primer esposo y descubridor de Tina Turner, cuando aún era Anna Mae Bullock.

Ike lideraba la banda Kings of Rhythm, y conoció a Anna cuando ella solo tenía 18 años y trabajaba de enfermera en un hospital de St. Louis. En 1957 la escuchó cantar en el Club Imperial del Illinois y quedó cautivado por su potente voz y su innato dominio del escenario. Ike no solo la convenció para que fuera la vocalista de su banda, la conquistó. Anne se enamoró perdidamente de él.

Se casaron y Anna adoptó el nombre artístico de Tina Turner. Conformaron el dúo Ike & Tina Turner, que fue furor en los años 60 hasta entrada la década del ’70.  Éxitos, como «Proud Mary», «It’s Gonna Work Out Fine», «I Idolize You» y «River Deep, Mountain High», entre otros hicieron que el dúo lograra extraordinarias ventas de discos. En cada presentación la joven avasallaba con su sola presencia y su voz, heredera de la tradición negra ligada al gospel, el soul y el rhythm & blues, ya era reconocida y admirada.

Pero en paralelo al éxito artístico, Tina vivía un calvario junto Ike, desde el momento mismo en que se casó.

Contrajeron matrimonio en Tijuana en una pobre ceremonia, pero eso no fue lo peor. Ike decidió festejar esa noche con otras mujeres en un burdel, y obligó a su flamante esposa a acompañarlo.

Desde entonces todo fue para peor. Fue víctima de una constante explotación laboral. Y como si fuera poco, los abusos sexuales y las palizas se hicieron habituales. Tina llegó a estar internada de gravedad con huesos rotos por los golpes recibidos, y hasta debió hacerse una cirugía para recuperar su rostro por quemaduras de tercer grado al haber recibido una taza de café caliente en la cara. En 1968 intentó quitarse la vida con una abusiva ingesta de sedantes de la que pudo salvarse por la asistencia de músicos de la banda que la llevaron a un centro de emergencias. Así fueron 16 años de su vida.

Ese matrimonio violento, fue casi un espejo de lo que ella había vivido en su niñez con sus padres, una pareja afroamericana que la abandonó, quedando un tiempo al cuidado de una abuela, hasta que ella falleció y Anna fue adoptada por una familia de blancos de Tennessee.

Tina logró sobreponerse de esas tremendas humillaciones. Pudo divorciarse en julio de 1976 y cuando muchos imaginaban que eso terminaría con su carrera artística, resurgió gracias a su talento y su espectacular despliegue escénico. Pero los primeros tiempos de separada fueron muy pero muy difíciles. Con miedo y sin plata (por que Ike nunca dejó que tuviera su propio dinero), Tina vivía prácticamente escondida, y conseguía refugio y comida a cambio de limpiar casas.

En los inicios de los ’80 la vida artística le dio una segunda oportunidad a la mujer que, para esa altura, no sólo se repuso al divorcio con fenomenal éxito comercial, sino que hasta se apoderó del apellido de su ex esposo y lo confinó a un segundo plano en la consideración pública. A esa altura, Ike Turner ya no sólo había pasado a ser el exmarido golpeador, sino que además iniciaba un camino hacia ese olvido al que años atrás parecía condenada ella.

Tina alcanzó su dimensión estelar, a los 45 años cuando lanza al mercado su cover del tema de Al Green «Let’s stay together» y «What’s love got to do with it?».

Estos dos éxitos fueron el puntapié para el exitoso disco de 1984 «Private dancer», con que, no solo relanzó su carrera, si no que la reinventó con un estilo que conservaba las raíces negras pero adaptado al pop radial a la época.

Tina Turner- Photo by Bertrand GUAY / AFP)

Desde entonces y hasta 2009, año en el que se retiró, Tina Turner giró por el mundo, vendió millones de discos, posicionó en la lista de éxitos una gran cantidad de canciones, entre las que pueden mencionarse «The best», «Typical male», «I don’t wanna lose you» y «Steamy windows», entre otros.

También tuvo sus intervenciones memorables en la pantalla grande, como en «Mad Max», en donde además interpretó el tema central «We don’t another hero»; y, de manera indirecta, en la autobiográfica «What’s love got to do with it?», en donde su figura fue encarnada por Angela Basset.

En 2013 renunció a su nacionalidad estadounidense y adquirió la suiza, y en ese país, en su casa en Ksnacht cerca de Zúrich, Tina falleció el 24 de mayo a los 83 años tras luchar contra varias enfermedades que en más de una ocasión pusieron en riesgo su salud y vida, como un accidente cerebro vascular, un cáncer y una insuficiencia renal.

Su vocero, el británico Bernard Dogherty, fue el que informó su deceso. “El mundo pierde una leyenda de la música y un modelo», anunció Dogherty, pero se equivocó, las leyendas como Tina, nunca se pierden.

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