Rescate en una cueva de Tailandia, por Netflix

 

Por Gabriela Chamorro

Entre las últimas series que aproveché a ver este principio de enero una de ellas fue “Rescate en una cueva  de Tailandia”, por Netflix. En general me gustan mucho las películas y series inspiradas en hechos reales y recordaba este hecho ocurrido en 2018 pero no sabía todos los detalles  del famoso “rescate”

La película cuenta la noticia  que  recorrió el mundo y que puso en vilo a todos,  durante 18 días, y que  comenzó cuando un entrenador y 12 niños que jugaban al fútbol en Tailandia, luego del  partido decidieron festejar yendo de excursión a una cueva, que ya conocían y quedaron atrapados allí por una tormenta  que se avecinó e inundó la entrada del lugar.

El Club de Fúbol se llama Los Jabalíes Salvajes y en él jugaban niños de edades dispares, desde 10 hasta 16 años

Desde que uno aprende a mirar con lentes violetas, o sea con perspectiva de género todo hecho y los artísticos también, me pareció muy bueno encontrar en la serie algunos prejuicios referidos a las mujeres que colaboraron en el rescate y que los directivos de la serie quisieron, evidentemente, que queden plasmados allí. Es visibilizándolos cómo todos podemos entender cuáles son las brechas de desigualdad y los problemas que sortean  las mujeres de las distintas profesiones en el mundo entero.

En esta serie van a aparecer tres mujeres claves para el éxito de la misión: una becaria meteoróloga  que le anticipa a su jefe varón ( mientras él miraba el mundial de fútbol y la mandaba a callar) que se anticipaba una temporada de lluvia y que había que dar el  alerta. A pesar de ser ninguneada, la becaria insiste, logra, poniendo su propia firma en un documento -de hecho su superior la obliga a que lo haga-  que el alerta sea declarado, e incluso viaja al lugar del rescate y colabora allí con datos que fueron claves para lograr sacar a los chicos con vida.

Otra de las mujeres que aparece en la historia es la guardabosques de la zona donde estaba la cueva. Además  de mujer, es joven, doble cualidad para que los varones que despliegan las  tácticas en la zona la manden a ocuparse de la provisión de papel higiénico, y cosas menores. Sin embargo, cuando otra mujer, ingeniera hidráulica llega al lugar y se hace oír -también con bastantes problemas- son ambas las que van a idear una forma de drenar  el agua del lugar, para darle tiempo a los profesionales a que realicen el salvataje. El gobernador, cada vez que escucha sus diferentes propuestas va a preguntar a otro varón si está de acuerdo, si le parece correcto lo que las mujeres dicen, pero en la desesperación deja que ellas actúen porque todo intento para salvar a los niños era válido.

Las tres mujeres van a recibir sus “aplausos” si se quiere, o sea, van a ser valoradas finalmente  pero la decisión de quienes hicieron la serie me pareció muy valiente, de que quedara realmente expuesto a lo  largo de los capítulos cómo  se trató a los expertos varones y a las expertas mujeres.

Por todo lo demás que ocurre en la serie creo que es un producto para disfrutar ya que además de la historia de vida de cada integrante, la reacción de sus familiares, las estrategias para salvarlos y los contratiempos, la película no pasa por alto el aspecto espiritual y budista de los habitantes de esta zona. Es más creo que si hubiera ocurrido en otro lugar del mundo el resultado no hubiera sido el mismo. Tanto los protagonistas, como su familia y quienes dirigen el rescate tienen una sabiduría infinita y es el autocontrol, la meditación, la espiritualidad unida a la ciencia lo que logra salvar a estos niños.

A nivel político también aparecen dos tipos de personajes: algunos funcionarios que temen tomar decisiones pero sobre todo, por si su carrera se  va a ver afectada por ellas, y otros con real vocación política, que es la de ayudar a quien está en un problemas, que no miden en ningún momento qué consecuencia puede existir a nivel personal y laboral para ellos y sólo les interesa  lograr sacar con vida a los niños de la cueva.

Finalmente el rescate se va a dar por la ayuda de gente de todo el mundo en la que intervinieron países como Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Australia, Canadá, Chipre, Finlandia, Damasco, Alemania, Singapur y sobre  todo gente  común y corriente. Es emocionante el papel pequeño de una mujer -dueña de uno de los cultivos que tuvieron que inundar con el agua drenada, quedando totalmente en la quiebra. que, luego de ello se acerca al campamento a cocinar para los rescatistas y ante la pregunta de la Ingeniera Hidráulica que no puede entender cómo está allí y no está enojada ella le contesta: “todos estamos dando todo lo que tenemos”

Ese mensaje de un rescate logrado por las cientas de personas que colaboraron, nos refuerza la idea de siempre, ésta que acunamos quienes queremos un mundo mejor: la salida, es definitivamente colectiva.

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