En tiempos donde, desde el Estado se puso al colectivo de las mujeres y las diversidades sexuales como enemigo de la sociedad y lo erigió como culpable de todos los males que aquejan el país, desde los movimientos de mujeres seguimos preguntándonos ¿Dónde están los varones aliados? ¿El patriarcado puede caer algún día si ellos no se involucran? ¿Tan lento va a ser el proceso de hacerse cargo de la corresponsabilidad en la crianza y el mundo doméstico? ¿Cuándo dejarán de engendrar hijxs de los que se desentienden cuando la pareja se separa?
De muchos de estos temas charlamos en Las Brujas que Salem con Nicolás Pontaquarto, integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social y miembro, desde hace cuatro años, del Ministerio de Mujeres y Diversidad de la provincia de Buenos Aires.
Del activismo por fuera del Estado, de la docencia en colegios secundarios y la colaboración en distintos espacios Nicolás asegura haber saltado a asumir un rol dentro del Estado con “muchísimo compromiso”
Desde la Dirección de Masculinidades del Ministerio que conduce Estela Díaz el territorio es amplio y el trabajo continuo y procurar elaborar estrategias, herramientas, y diagramar conversaciones con los varones en relación al género, la masculinidad, la violencia, los cuidados, es tarea ardua. “Son conversaciones que los varones nos debemos en esta sociedad”– asegura Nicolás.
Pontaquarto se sincera: “Los primeros años cuando fui tallerista, los espacios tenían más que ver con la introspección, la reflexión individual, personal. Había una cuestión de remover heridas, de ver dónde nos dolía, de desaprender el machismo y tratar de transitar una deconstrucción individual”
Al participar de la Dirección de Masculinidades el trabajo se extendió a “sensibilizaciones, charlas, definir la masculinidad hegemónica, patriarcal y hacer un listado de los mandatos, de los efectos, de los costos, las razones de mortalidad por factores externos que tenemos los varones, etc”
En este sentido, a partir de delinear estrategias para que los varones se sientan interpelados en las charlas, Nicolás nos cuenta que creyeron que, pedagógicamente era productivo preguntarse los efectos de la masculinidad en sus propias vidas. Así aparecieron porcentajes mayores en accidentes de tránsito, peleas callejeras, fuera de los boliches, mayor consumo de sustancias, mayor porcentaje de suicidios, situaciones complejas de salud mental, padecimientos no detectados a tiempo y la falta de redes ya sea de construcción de ellas y de acceso a ellas.
Al comenzar a meterse en estas temáticas se llegó a la desigual carga de cuidados y también al hecho que, desde el Estado no se promueva de igual manera que los varones estén en condiciones de igualdad para cuidar, con licencias por enfermedad para hijos y por nacimiento de menos días que las mujeres.
Las capacitaciones tratan de encararse según Nicolás, evitando el enfoque de “supremacía moral” de que algo está totalmente bien o totalmente mal y a veces hace que los varones se des identifiquen, como cuando se les muestra un violentómetro y se resisten diciendo que jamás pegaron a una mujer. Por esto las consignas y las formas de llegar a ellos son variadas y se busca que tiendan puentes reales a lo que realmente le pasa a las mujeres no solo con las violencias sino con las ausencias de ciertos roles en las familias.
A los 10 años de Ni una Menos, conjuntamente con este Colectivo el Instituto de Maculinidades reflexionó sobre el trabajo que debería hacerse en red.
“La propuesta que le veníamos haciendo a los varones -en los últimos años- fue ‘quédate en casa, cuidá, en todo caso juntáte con tus amigos, revisá el machismo, problematizálo con tus amigos’ y lo que nosotros evaluamos es que esa postura o esa propuesta no llegó al grueso de los varones. Muchísimos, por el contrario, se sintieron excluidos, se alejaron y se quedaron en la casa maquinando y creándose fantasmas de lo que eran los feminismos, con la ayuda de algunos medios de comunicación y el acceso a las redes donde predominan los discursos misógenos. Por esto diez años después hicimos una lectura de darnos cuenta que quedándose solos en sus casas o con sus amigos no se hicieron preguntas y optamos por probar que vayan a la marcha, que hablen con una feminista y con otros varones. Hay un montón de organizaciones que para este 8M, formaron militancias mixtas de género, ahí desde las bases. Por eso creo que es importante que se acerquen, que entiendan cuáles son esos reclamos, esas consignas y que sean aliados estratégicos de estas luchas”
Trabajar en este momento con las masculinidades tiene sus desafíos y complejidades y Nicolás asegura que “desde diciembre del 2023, con el cierre del Ministerio de Mujeres de Nación y el Inadi que se terminó incluso con cierta corrección política o cierta autocensura,-a veces sana- que implicaba entender que el otro le podía doler lo que vos decías. El cinismo ahora corre libremente por las calles y empezamos a escuchar cosas que no veníamos escuchando o que por ahí se pensaban dos veces antes de decir, no sólo de varones sino también de mujeres”
Al respecto señaló lo peligroso de escuchar el caballito de batalla de las “denuncias falsas”; de la cuota alimentaria que no se paga- pero nadie conoce a los varones que no lo hacen- y de un discurso femenino de “yo puedo sola, no necesito al padre ni al Estado”.
Al respecto además de un antifeminismo observa fuertemente en varones de menos de 30 años un fuerte sentimiento antiestatal. Ellos dicen “El Estado me persigue, me denuncia, me roba con los impuestos. Por otro lado hay una franja de varones entre los 45-50 años que ya han sido padres, han tenido hijas, hijos y la paternidad les ha abierto una puerta a hacerse preguntas incluso con posturas más cercanas a la igualdad de género, pero el núcleo que más nos está costando es el de los jóvenes”
Mientras tanto la militancia y la gestión continúa en promover otros modelos familiares, crianzas más libres, qué significa realmente “hacerse varón”, cómo construir una masculinidad sana, cómo fomentar que los varones también empiecen a cuidar no sólo en el ámbito familiar sino también en el comunitario, en los clubes, en las iglesias, en los centros culturales y fundamentalmente como terminar con la restricción emocional, con no poder decir lo que les pasa pero tampoco reconocerlo ni registrarlo.
Perfil de Nicolás Pontaquarto
Profesor de educación secundaria. Coordinador del área de capacitación del Instituto de Masculinidades y Cambio Social. Trabaja en la Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad de Género del Ministerio de las Mujeres y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires. Co-autor de «Masculinidades, Salud Integral y VIH. Herramientas para la promoción de prácticas de cuidado de la salud en varones» de PNUD y ONUSIDA. Coordinador de proyecto y consultor para UNICEF Argentina en Proyecto «Masculinidades y paternidades en la crianza para la prevención de la violencia».

Escuchá la entrevista completa en Radio Trinchera










