Mónica Macha: “Cada acción de Milei no es una acción fragmentada, va por toda nuestra identidad, avanza destruyendo todo sin ningún miramiento”

La diputada Mónica Macha vuelve a presidir la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados en un escenario muy complejo y de retrocesos de derechos.

Las Brujas que Salem hablamos con ella sobre la actualidad, el clima que se vive en el Congreso, la necesidad de consensuar con otros espacios y el rol del feminismo en esta época de resistencia a las políticas de destrucción del Estado.

-Pasó un marzo con reclamos de distintos sectores y con dos marchas multitudinarias como el 8M y el 24M. Aún así se siente no solo en el clima social, sino también en el clima político opositor al gobierno que hay gusto a mucho reclamo individual y poco reclamo colectivo. ¿Cómo estás viviendo desde tu experiencia política los momentos que se viven en el país?

-Coincido en esto de observar reclamos que todavía no están articulados. Lo vimos cuando trabajábamos con la Ley Ómnibus, cada colectivo que se acercaba al Congreso a hablar con los diputados de Unión por la Patria para ser escuchado, y para plantear en qué contextos o en qué cuestiones, la Ley Ómnibus los afectaba. Estaba el sector de la cultura, el área de salud mental, los sanitaristas, el INADI, los inquilinos que es un colectivo que hoy está muy golpeado, todos planteaban sus cuestiones y los fuimos escuchando. Pero sí creo que falta esta articulación donde la salida sea de un modo más articulado, porque, en definitiva, cada acción de Milei no es una acción fragmentada, va por todo el país, por toda nuestra identidad, por toda nuestra construcción cultural, por nuestra economía.  Avanza con proyectos de ley-que no pueden salirle- pero avanza por decretos y avanza en la práctica destruyendo todo sin ningún miramiento.

A todos nos impacta cómo va contra el ANSES, contra Aerolíneas y distintos sectores.

Creo que es también un momento en donde ese descontento tiene que madurar, y falta esta cuestión de poder encontrarnos todos y todas y poder asumir, que esta política, así como está pensada, así como está encarada, va en contra de la Argentina de punta a punta y donde hay una idea de destrucción del Estado que hasta ahora nos había determinado unas determinadas condiciones de vida. Estoy convencida que es un Estado que seguramente hay que transformar, que también hay que problematizar y que nosotros, como espacio popular, tenemos que dar cuenta de dónde este Estado es eficaz y donde no lo es, para poder transformarlo, pero siempre sobre la base de su sostenimiento y no de la destrucción.

Por eso creo que la tarea de este tiempo que nos queda por delante es tratar de poder unificar luchas, tejer cada reclamo y cada descontento como un único descontento.

-Puntualmente en tu ámbito de trabajo ¿Cómo sentís que está el espacio laboral en la posibilidad de diálogos, consensos, proyectos o, incluso, lograr voltear el DNU que todavía sigue vigente?

-El armado en la Cámara de Diputados es el que definió el pueblo en las elecciones de octubre. Las condiciones que hoy tenemos de posibilidad de consenso, de discusión, de acuerdo, se basa en la decisión elegida por el pueblo cuando votó una Cámara con una composición muy heterogénea, donde ningún bloque llega al quórum solo y donde para poder avanzar en algún proyecto de ley necesitamos, sí o sí, poder construir acuerdos. Esto es tanto para poder aprobar como, en el caso del DNU para poder rechazar.

En la Cámara de Diputados vuelve a presidir la Comisión de Mujeres y Diversidad

Hoy nuestro bloque de Unión por la Patria es la minoría más grande somos 99. Para llegar por ejemplo a una minoría simple se necesitan 129 votos o sea estamos 30 votos abajo. Si bien la izquierda, por ejemplo, muchas veces vota en la misma línea que nosotros siempre nos siguen faltando 20 y pico.  

Hoy esa diferencia la marcan otros bloques. El bloque de Pichetto, el bloque de Innovación Federal. En el escenario también hay que tener en cuenta que, en general, Juntos por el Cambio vota con La Libertad Avanza o sea, son dos bloques, pero entre ellos construyen consenso. Todo esto explica un poco la tensión que se vive permanentemente cuando hay sesión o ahora cuando van a empezar a funcionar las Comisiones.

En este contexto el trabajo legislativo que de por sí tiene la característica de tejer acuerdos y consensos con esta realidad de que ningún bloque tiene quorum propio, se transforma en un espacio en donde todo lo que se pueda hacer depende de la construcción de esas alianzas.

También hay que decir que Libertad Avanza tiene características que al principio sorprenden un poco, pero después uno ya se va habituando. Es un espacio que, al no venir de la política ni de la militancia -que ellos mismos lo toman como un valor en si mismo, porque desprecian todo lo que tiene que ver con la organización política y porque han logrado inclusive que, para un sector amplio de la sociedad, eso sea un valor- no tienen en cuenta los códigos de construcción política.   

En general para nosotros al principio era una rareza, pero nos estamos habituando a esa situación que en principio genera que, frente a la necesidad de construir un acuerdo, no se sabe hasta dónde lo van a sostener. En ese sentido la palabra pierde valor, y eso me particularmente me parece complejo porque a mí me enseñaron siempre que cuando yo, u otra persona está hablando o dando una posición, se está comprometiendo con lo que dice, que esa palabra tiene un valor. A veces actitudes como la que pueden tener diputados o diputadas de La Libertad Avanza tiran por tierra el valor de la palabra. 

Todo esto lo veo como las condiciones que se fueron generando en estos tiempos y creo que también tiene que ver con una nueva subjetividad en términos más amplios no sólo en Argentina, sino en la región, en el mundo. Nosotros hoy tenemos subjetividades que también hay que poder analizar y que tienen características distintas a lo que se venía construyendo hasta el momento y creo que para poder pensar lo social, son instancias que vamos a tener que indagar un poco más.

La Libertad Avanza es un espacio que, al no venir de la política ni de la militancia no tiene en cuenta los códigos de construcción política.   

Por eso creo que la tarea de este tiempo que nos queda por delante es tratar de poder unificar luchas, tejer cada reclamo y cada descontento como un único descontento.

-Hace unos días el dueño y director de Diario Perfil, Jorge Fontevecchia realizó una denuncia de un «troll Center en la Casa Rosada en el Salón de las Mujeres hoy llamado Salón de los Próceres.

Los medios hegemónicos y los trolls en las redes profundizan los discursos de odio y de destrucción del Estado. ¿Cómo ves el rol de los medios y del periodismo en general?

-Para mi el rol de los medios, sobre todo los hegemónicos, es muy perjudicial porque van en esa línea de socavar la construcción política, socavar la idea del Estado como una construcción para el bien común y van también, generando un malestar permanente.

 A veces veo algunos medios, algunos programas y pienso cada vez que los escucho, que, si una persona está en su casa escuchando, aunque sólo sea un par de horas, y esa es su relación con el análisis de la política, o de las políticas públicas, es lógico que se llene de veneno, y de una sensación de que todo está mal y de que entonces hay que destruir todo.

Derechos Humanos y feminismos son las banderas que defiende en el Congreso y en la calle.

Veo que muchos periodistas en estos tiempos han dejado de ser periodistas para convertirse en operadores políticos. Estas operaciones muchas veces las hacen sin fundamento, diciendo mal las cosas y equivocando contenidos. Se ha perdido el objetivo de la información y de que ése es puntualmente el aporte de un periodista; discutir con varias miradas información, y que la conclusión sea de quien está escuchando no. Estos operadores políticos generan un supuesto debate donde todos piensan lo mismo, donde todos además son muy agresivos y muy violentos, una violencia que se transmite permanentemente. En este sentido creo que hoy tienen un rol muy importante las redes sociales como un actor nuevo de estos tiempos y también este mal llamado periodismo político que sólo hacen operaciones.

-Además de tu trayectoria política también estás formada en Psicología y vivimos una etapa en la que a raíz de la realidad y de este bombardeo mediático no somos pocos los que tememos por nuestra salud mental ¿ Como hacer para conservar  la cordura?

El tema de la salud mental ha tomado un poco más de prensa después de la pandemia, pero es un tema que, y lo digo también pensando en nuestro gobierno, no ha tenido el desarrollo que se necesita para esta sociedad.

Hay cuestiones con las que nos estamos encontrando que tienen que ver con todo el proceso de pandemia, todo lo que se movió en esos tiempos de no saber, de tanta incertidumbre, de tanto tiempo en casa-  que al mismo tiempo era necesario para poder cortar los contagios-

Hay algo de una vida que tuvimos antes del COVID 19 muy puesta hacia afuera, en todos los órdenes, como esto de tener que trabajar mucho para poder tener acceso a determinadas cosas. En ese sentido la pandemia nos hizo encontrar un poco más con nosotros mismos, con la finitud, con la imposibilidad de no ver a la gente que queríamos, con la imposibilidad de tener duelos sin los procesos culturales y sociales que acostumbrábamos; eso en conjunto con las redes sociales me parece que ha generado en nuestra salud mental una situación muy compleja 

Y al mismo tiempo, yendo más para atrás, creo que después de la dictadura militar tampoco logramos recomponer los lazos sociales; hubo instancias y hubo todo un proceso como el de Memoria Verdad y Justicia, pero que no se llegó de algún modo a elaborar de un modo más masivo la fragmentación de los lazos que significó la dictadura militar. 

Me parece que arrastramos muchos dolores, muchos dolores sociales no dichos, muchos duelos no procesados, no elaborados y en este momento, con dificultades que se suman y con una persona como Milei que logró, en ese punto, convocar desde un lugar muy destructivo.

Vivimos un nivel de fragmentación, de soledad, de individualismo, de dificultad para poder construir lo común que creo que son grandes desafíos para todos los ámbitos, pero especialmente para la política y, que en términos de salud mental, tenemos una convivencia con muchas personas muy rotas. y eso hace que algunas veces se generen situaciones que no son las más saludables como sí lo son las que tienen más en cuenta lo que le pasa al otro, las que intentan construir desde la empatía.  

Un gran desafío de esta época es buscar los procesos comunitarios y culturales que nos permitan encontrarnos desde otro lugar.

-Dentro de tu participación política hay sin duda un fuerte compromiso en la defensa de los derechos humanos y los feminismos. ¿Cómo ves parados a éstos últimos en la tarea de resistencia a este presente tan difícil y complejo?

-Yo creo que el feminismo puede tener un rol muy transformador -que lo ha tenido y lo tiene- y tenemos que seguir en esa línea de construcción de horizontalidad. Un valor importante que tiene el feminismo es la irreverencia y es, que el horizonte que queremos construir, tiene que ver con pensar que tenemos que transformar todo, que tenemos que cuestionar todo, que no hay que naturalizar practicas ni vínculos. Por algo Milei elige también y nos plantea a los movimientos feministas como sus grandes enemigos.

Por esto creo que puede tener un rol, en la medida que no se encorsete, en la medida que no se encierre, si logramos esa articulación que pudimos construir sobre todo con la marea verde que fue más allá de la discusión que se dio en el Congreso porque significó todo un impacto hacia dentro de las familias, hacia dentro de las relaciones, de los vínculos y del surgimiento de organizaciones distintas.

Lo que debemos hacer es ver es cómo articulamos nuestras demandas y nuestras luchas con la construcción o con el objetivo de poder dar lugar o de parir un nuevo humanismo que es lo que se necesita en términos sociales.

Por supuesto que el feminismo no es la única alternativa ni la única salida, pero sí muestra, un modo de hacer distinto. Por eso también es parte de nuestra responsabilidad cuidar que esto no se automatice y tratar todo el tiempo de seguir alimentándolo. Es un movimiento que no sólo en la Argentina, sino en el mundo internacionalista, es de primordial importancia y marca agenda. Tal vez, creo, sea el movimiento internacionalista de esta etapa donde las mujeres y disidencias decidimos ocupar un lugar o construir un nuevo sujeto político, que en algún momento antes eran los trabajadores.

Por esto estoy convencida que mucha de esa construcción hoy está puesta en el feminismo y que de nosotras depende cómo lo llevamos y como lo transitamos

También estoy convencida que para todas y para todo es los que en algún momento de nuestras vidas empezamos a ver el mundo de otra forma, de poder encontrar esas desigualdades de género no solamente en los grandes temas, en las grandes discusiones, sino en los vínculos más pequeños, de esa situación ya no se vuelve Ese despertar no tiene vuelta atrás. 

Lo que debemos hacer es ver es cómo articulamos nuestras demandas y nuestras luchas con la construcción o con el objetivo de poder dar lugar o de parir un nuevo humanismo que es lo que se necesita en términos sociales.

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