
Por Camila Villafañe.
Desde hace un tiempo hay una especie de debate respecto al Himno Nacional Argentino, sobre todo en épocas de competencias deportivas internacionales.
Es que por imposición de los organizadores, o de la televisión internacional, el himno es cada vez más corto.
La versión original del himno escrita por Vicente López y Planes con música compuesta por Blas Parera dura 20 minutos. Esa versión “large” muy pocos la conocen. En 1924, fue abreviado a unos tres minutos y medio, que es la versión que aún cantamos en las ceremonias oficiales y en los actos escolares, pero llega un mundial, la Copa América o los Juegos Olímpicos por ejemplo, y el himno se achica a 50 segundos.
Pero la idea no es hablar tanto del himno, sino de la mujer que fue la primera en cantarlo.
Hablamos de Mariquita Sánchez de Thompson, quien lo entonó por primera vez el 14 de mayo de 1813, en su casa de la calle Florida, en Buenos Aires.
Mariquita nació el 1 de noviembre de 1786, con el nombre de María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo, pero fue conocida como Mariquita Sánchez. Hija única de una de las familias más acomodadas y prestigiosas de la época, recibió una educación con los mejores maestros. Como todas las niñas de alta cuna, aprendió cultura general, artes, música, idiomas y buenos modales, pero esos buenos modales no la transformaron en una mujer sumisa. Mariquita fue una mujer con gran personalidad y opinión propia y eso quedó demostrado cuando su padre la quiso obligar a los 15 años casarse con un comerciante rico de Buenos Aires.
En ese entonces los hijos de blancos menores de 25 se casaban con quien decidieran los padres o tutores. Pero Mariquita estaba enamorada de otro y el hombre que le quitaba el sueño era su primo segundo Martín Jacobo Thompson. Y no se resignó a perder ese amor y llevó adelante un juicio para lograr casarse con el hombre de su vida. El procedimiento jurídico fue uno de los más resonados de la época. Fue una piba de 15 años reclamándole justicia al virrey Sobremonte. Ese juicio sentó jurisprudencia, es decir marcó un antecedente fundamental en el futuro en casos similares, porqué finalmente Mariquita logró su matrimonio y con Martín tuvieron cinco hijos.
Sobre estos matrimonios por obligación, Mariquita decía lo siguiente: “Se casaba una niña hermosa, con un hombre que no era lindo, ni elegante, ni fino, y que además, podía ser su padre. Es por eso que muchas jóvenes prefieren hacerse religiosas, en vez de casarse con hombres que les inspiran aversión más que amor. Amor, palabra escandalosa en una joven. El amor se perseguía, el amor era mirado con depravación.”
Mariquita Sánchez también tuvo una formada opinión sobre la situación política y económica de la región. Con los años, ganó cierta popularidad en los círculos intelectuales, con las tertulias que se realizaba en su casa. Durante su vida, intercambió correspondencia con Manuel Belgrano, Juan Manuel de Rosas, Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, todos valoraban y mucho su opinión, una verdadera rareza.

Sabrina Farji, directora del documental “Mariquita, mujer revolución”, asegura que Mariquita, fue “la primera feminista del Río de la Plata, no porque existiera el feminismo como concepto en esa época porque no existía. Pero si uno mira toda su trayectoria, lo que ella escribe, hace, su pensamiento político, es de una feminista”
Rafaela Gamba directora y actriz teatral, subraya la independencia de esta mujer en la obra Mariquita Sánchez de Nadie basada en “Mariquita Sánchez”, un bellísimo cuento de Paula Jiménez España en la que ya había borrado el apellido de casada de Mariquita, y la versión teatral va más allá con ese “Sánchez de Nadie”
La historiadora Pupina Plomer, especialista en la vida de Mariquita la señala como “una de las pocas mujeres que tuvo un peso en la política porteña equiparable a la de los hombres”. Cuenta que “Organizaba eventos políticos privados para recaudar fondos para la revolución. Hizo mucho por la política y de hecho el primer documento que existe sobre una reunión política de mujeres está primeramente firmado por ella”.
Mariquita era un rebelde, y una irreverente, incluso con los más poderosos. Por ejemplo con Juan Manuel de Rosas, que si bien tenían una amistad desde niños, ella era opositora a sus políticas, y se lo hacía saber de todos los modos posibles.
En una ocasión Rosas brindó una fiesta en su residencia donde las mujeres asistieron vestidas de rojo, todo de rojo, ese era el color que representaba a los federales, salvo Mariquita que fue vestida de celeste, el color opositor. Rosas, sorprendido cuando la vio, le reclamó:
“-Mariquita, ¿Cómo te me venís de celeste?”
“-Para hacer juego con tus ojos, Juan Manuel”, contestó ella.
Sin embargo esa rebeldía, tiempo después la llevó a exiliarse en 1837 a Montevideo y luego a Río de Janeiro, pese a que el propio Rosas le pidió que se quede.
Otra historia que marca lo difícil que siempre fue para las mujeres discutir de igual a igual con hombres ocurrió en Montevideo. Mariquita recibió a Domingo Faustino Sarmiento con quién mantenía una disputa por la educación de las niñas. Mariquita solía defenderlas diciendo: “las mujeres de mi país, ellas son gente, las madres, las esposas, las hijas, son patricias hermanas y compatriotas de los americanos, no han tenido hasta ahora un solo rasgo de atención y de liberalidad. No se ha conseguido hasta ahora que se dé una ojeada compasiva hacia nuestro sexo, desgarrado inmemorialmente, que forma la más dulce mitad de la especie humana”.
Pero Sarmiento no le prestaba atención, en una carta a un amigo relató el encuentro confesándole que no podía seguir el hilo de la conversación porque solo prestaba atención de “su anatomía”. Y en la frase final de la carta le dice a su amigo: “No sabes lo cerca que estuve de violar a Mariquita Sánchez”.
En lo que respecta a su vida personal, su marido Martín Thompson, falleció en altamar en un viaje de regreso de Estados Unidos en 1819. Luego tuvo 3 hijos más con su segundo marido, el músico y diplomático francés Washington de Mendeville.
Su segundo matrimonio fue largo y conflictivo. Mariquita le contó a su amigo Alberdi que esa unión había sido un “pésimo negocio”. El francés, pintón, seductor, terminó siendo un gran embaucador.
A su vuelta a la Argentina, Mariquita participó de la sociedad de beneficencia y continuó luchando con un espíritu independentista, feminista y liberal, en contra de muchos de los principios culturales establecidos en la región en esa época.
El Museo Histórico Cornelio de Saavedra, en la Ciudad de Buenos Aires, inauguró a principios de julio la exposición Mariquita Sánchez de Thompson: en primera persona, que la rescata como una figura central de la historia argentina del siglo XIX.
La muestra, que podrá visitarse hasta noviembre, está compuesta por objetos pertenecientes al patrimonio del Museo Saavedra, al Museo Histórico Nacional, al Museo Nacional de Bellas Artes, al Museo Nacional del Traje al Buenos Aires Museo.
También hay una serie de actividades entre eventos, charlas, visitas guiadas para público general y para escuelas, cursos, presentación de películas y libros, y encuentros de lectura, entre otras actividades.
Para más información pueden meterse en la web en https://buenosaires.gob.ar/museos/museosaavedra
Interpretó el himno por primera vez y eso la hizo famosa, pero el valor real de Mariquita Sánchez de Thompson no pasa por esa interpretación. Mariquita fue una mujer fuerte que no temió hablar por sí misma en los más altos círculos del poder, en una sociedad extremadamente machista. Falleció a los 81 años, el 23 de octubre de 1868.






