Por Camila Villafañe.
Su nombre es una marca, su figura es un ícono pop que genera dinero sin parar. Su vida sigue inspirando películas y libros. Por ejemplo, en los próximos días se estrena en Netflix «Blonde», a partir de la novela homónima de Joyce Carol Oates que recorre su vida entre 1950 y 1962, donde Ana de Armas hace una espléndida personificación de la diva.
La muerte de Marilyn, más de 60 años después, sigue siendo materia de debate. ¿Realmente se suicido? ¿Qué había detrás de la rubia más famosa en la historia del cine?.
Norma Jeane Morteson, -el verdadero nombre de Marilyn- nació en Los Ángeles el 1 de junio de 1926, sufrió una infancia horrible; sin saber quién era su padre, con una madre que terminó internada en un siquiátrico y Marilyn deambulando por una docena de orfanatos y casas de acogidas, abusada desde pequeña.
Se casó por primera vez a los 16 años, con James Dougherty, y al poco tiempo incursionó en el mundo del espectáculo. Primero como modelo de almanaques luego con papeles muy menores, algunos de los cuales no la registraron en sus repartos, hasta que en cuando tenía 23 años, integró el elenco de «Mientras la ciudad duerme», un policial negro que el director John Huston dirigió con figuras del momento como Sterling Hayden, Jean Hagen, James Whitmore, Sam Jaffe y Louis Calhern.
Ese mismo año, Marilyn intervino en «La malvada», secundando a Bette Davis y Anne Baxter.
El establecimiento definitivo como estrella se sitúa en 1952, cuando protagonizó «Almas desesperadas», de Roy Baker, con Richard Widmark, y también las comedias «Vitaminas para el amor», de Howard Hawks, con Cary Grant; «Lágrimas y risas», de Henry Hathaway, con Charles Laughton; y «Torrente pasional», también de Hathaway, con Joseph Cotten.
Luego llegó un muy mediático matrimonio con el beisbolista Joe DiMaggio, en una relación que apenas duró un año.
Meses después de esta ruptura se convirtió al judaísmo para casarse con el dramaturgo Arthur Miller, uno de los intelectuales más prestigiosos del siglo XX, con quien estuvo en pareja cinco años hasta el divorcio en 1961.
Algunos filmes de los considerados “livianos” incrementaron su popularidad, actuó en «Los caballeros las prefieren rubias», de Hawks, con Jane Russell, y «Cómo pescar un millonario», de Jean Negulesco, junto a Betty Grable.
El gran momento le llegó en 1955, cuando Billy Wilder la convocó para «La comezón del séptimo año», en pareja con Tom Ewell, donde pudo demostrar su capacidad como comediante, virtud que repitió cuatro años después con la inoxidable «Una Eva y dos Adanes», también con Wilder y la compañía de Tony Curtis y Jack Lemmon.
En el medio fue elegida por Lawrence Olivier para dirigirla en «El príncipe y la corista», donde fue su coequiper, y por el especialista en actrices George Cukor para «La adorable pecadora», con Yves Montand como su galán.
Su último trabajo oficial fue «Los inadaptados», de su descubridor Huston, con Clark Gable y Montgomery Clift.
Marilyn no fue una improvisada en el mundo del espectáculo, su belleza encantadora (en el literal sentido de la palabra) formaba parte de un combo que incluía un natural desenvolvimiento escénico, fortalecido por sus clases con Lee Strasberg.
Lo innegable de su personalidad magnética le permitió codearse con el mundo de la política y en particular con el entonces presidente de los Estados Unidos, John Kennedy, y con su hermano Robert.
Marilyn “no era solo una cara bonita”.
Uno de sus admirados amigos, Frederick Vanderbilt Field, escritor estadounidense, activista político de izquierda, reveló que la rubia más famosa de Hollywood, era una ferviente defensora de los derechos civiles, que apoyaba la igualdad de los negros y tenía inocultable rabia por la persecución a los que sostenían ideas de izquierda. Despreciaba el macartismo y odiaba a J. Edgar Hoover, el temible jefe del FBI, que persiguió hasta el día de su muerte, convencido de que Marilyn era una agente comunista, influenciada por Miller, su ex marido.
El 5 de agosto de 1962, Marilyn fue hallada muerta en su departamento de Fifth Helena Drive, en Los Ángeles. Al lado un teléfono descolgado y frascos vacíos de pastillas. La autopsia oficial, a cargo del doctor Noguchi, se apuró en dar la respuesta que más aliviaba al poder: sobredosis de barbitúricos.
El documental “El misterio de Marilyn Monroe: las cintas inéditas” también por Netflix, aporta pruebas que apuntan a que se podrían haber ocultado las condiciones de la muerte de la actriz por su supuesta relación sentimental con los hermanos Kennedy, concretamente por su relación con el entonces fiscal general del Estado Robert F. Kennedy.

Lo cierto es que cuando fue hallada sin vida, comenzó para ella una segunda vida en la que fue retratada por Andy Warhol con imágenes reproducidas en remeras, afiches y dormitorios de adolescentes y no tanto; además se reveló icono gay y protagonista de infinidad de historias reales o imaginarias. Tan real e imaginaria como fue la corta e intensa vida de Marilyn.







