No estamos hablando de una más, estamos hablando de la número 1 del periodismo con perspectiva de género. Cuando nadie hablaba de aborto, de violencias, de brechas de desigualdad, de sesgos de género, ella ya había instalado, a través de su visibilidad en el diario Página 12, todos esos temas.
Durante todos los años que estuvo en ese diario marcó agenda. Todas las periodistas que procurábamos visibilizar los temas que nos importaban como mujeres, o las temáticas de los colectivos de la disidencia sexual la seguíamos detrás de sus titulares y notas de portada.
Muchas de nosotras, además, aprendimos de ella no solo leyéndola sino a través de los cursos que dio durante años para lxs colegas que pretendíamos no cometer errores involuntarios, tratar los temas, como ella siempre dice “mirándolos a través de una gran lente violeta”.
Es sin duda una gran pérdida no poder leerla más en el diario Página 12. A la par de su partida nos enteramos también de la desvinculación de otros periodistas de raza que, a diferencia de ella que decidió irse, fueron despedidos de forma cruel y poco empática.
Fue ella misma la que en sus redes y a través del newsletter que compartía semanalmente con muchísimos seguidores nos avisó de su salida del diario.
“Me despido, pero hasta pronto
Doy vueltas. No encuentro del todo cómo empezar ni qué decir de todo lo que tengo medio revuelto. Me voy de Página/12. Sí: después de más de treinta años —33, si no fallan mis cálculos— doy vuelta esta página del diario, aunque la metáfora suene antigua (¿quién lee hoy el diario en papel?).
Fueron muchos años. Tantos que suelo bromear diciendo que ha sido mi relación más estable. A lo largo de ese tiempo escribí sobre temas que, dos décadas atrás —o más—, casi no tenían lugar en los medios: las chicas que morían por abortos inseguros; las niñas abusadas sexualmente a las que se les negaba un aborto legal; la violencia machista y su impacto brutal en la vida de jóvenes y mujeres; la trama de la trata y la explotación sexual amparadas por el Estado; las múltiples formas de discriminación contra personas LGBT.
Eran otros tiempos. Todavía no existía la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. No había leyes de Matrimonio Igualitario ni de Identidad de Género. Se hablaba de “crímenes pasionales” y no de femicidios. En todos estos años pude amplificar la voz de decenas —muchísimas— sobrevivientes de abuso sexual y denunciar injusticias atroces cometidas por el sistema judicial.
Conté sobre el exjuez marplatense que abusaba de las amigas de sus hijas pequeñas: esa nota frenó su presentación anunciada en la Feria del Libro de Buenos Aires; escribí por primera vez la historia de Luana, la primera niña trans que, con apenas seis años, reclamaba un DNI acorde a su identidad de género autopercibida: esa nota —y su repercusión— ayudaron a que lo consiguiera. Entrevisté a Belén en la cárcel de Tucumán y en ese diálogo dijo una frase que hoy resuena más que nunca, inmortalizada en la multipremiada peli de Dolores Fonzi: “Yo no maté a nadie”. Fue tapa de este diario. Muchos años antes, incluso, Zulema Yoma me contó que Carlos Menem, entonces presidente, la había acompañado a abortar cuando eran pareja, pese a proclamarse como jefe de Estado “provida”. También entrevisté a voces que nos iluminaron con sus ideas y reflexiones, como la gran Eva Giberti, que este domingo nos dejó a los 96 años. Y también le hice la primera entrevista que dio Silvia Labayrú, ex integrante de Montoneros, sobreviviente de la ESMA, en marzo de 2021: esa entrevista inspiró a la escritora y periodista Leila Guerrero a escribir su gran libro de crónica La Llamada.
Son apenas algunos de los tantos artículos que hoy me vienen a la memoria. Imposible recordarlos –y nombrarlos– a todos.
Me voy con gratitud hacia toda la gente linda que conocí en este diario, especialmente a quienes fueron mis editores. Me voy con emoción y orgullo por lo escrito y, sobre todo, con el deseo intacto de seguir escribiendo. Porque escribir y contar historias silenciadas, nombrar las injusticias y hacerlas visibles, es —y seguirá siendo— mi gran pasión, mi forma de militancia por una sociedad más igualitaria.
Y quiero agradecerte especialmente a vos, que estás ahí, del otro lado. Acompañándome, leyendo, pensando conmigo, durante tantos años. Ojalá esto no sea un adiós, sino apenas un cambio de forma.
Si querés seguir en contacto y recibir información de mi parte, escribime a lacarbajalnews@gmail.com
Voy a estar ahí.
No será de un día para el otro, pero pronto sabrás de mí”
Con la promesa de que seguirá estando nos quedamos quienes la admiramos y la tenemos como nuestra gran maestra.
Una de las temáticas que puso en agenda en los últimos meses fue la menopausia. Escribió un libro “Encendidas”, luego otro con Ingrid Beck “Anti manual para encendidas” y también junto a la misma periodista hizo dos temporadas de “Encendidas” podcast y anunció la tercera para el 2026. Como bien dice ella su militancia está intacta y su pasión más “encendida” que nunca.
Igualmente no podemos dejar de apenarnos por pérdidas como éstas en medios a donde solíamos acudir para leer sobre derechos humanos, cultura alternativa y sobre todo los derechos de mujeres y diversidades. Preocupa ver cómo merma cada vez más la presencia de periodistas feministas en los medios, sobre todo, en los de mayor llegada a la población. En estos tiempos tan adversos, para todos pero sobre todo, para todas y todes, voces como las de Mariana Carbajal, se hacen indispensables. Esperemos escucharla pronto, leerla, o verla en televisión.










