Las luchas feministas se remontan a cientos de años atrás, sin embargo mostrar en los distintos medios los reclamos, los deseos y los cuestionamientos nunca fueron a la par de esa lucha. Los medios y las artes a cargo de hombres facilitaron la tarea y la invisibilización. Por eso la elección artística de María Luisa Bemberg tuvo ese doble valor de, por un lado mostrar al patriarcado que una mujer podía dirigir, pero por el otro, llevar al séptimo arte, temáticas disruptivas y sobre todo, mostrar mujeres protagonistas que luchaban por su libertad y por su autoderminación.
Nacida en el año 1922 dentro de una familia acomodada y conservadora recibióuna educación privilegiada, pero con ella, un estricto cumplimiento de lo que debía ser una mujer en esa época y de que su destino y deberera casarse y tener hijos. Así lo hizo pero muy joven se divorció y comenzó una carrera de empresaria teatral durante los años 50.
Tenía 58 años cuando comenzó a realizar cortometrajes en donde el rol de la mujer en la sociedad se ponía en primer plano: “El mundo de la mujer” (1972) y “Juguetes” (1978) fueron sus primeros trabajos y los que le sirvieron para entender que su lugar era en el Séptimo Arte y su objetivo mostrar temas que no habían aparecido hasta ese momento en las películas.
A la par de dirigir creó en 1970 la Unión Feminista Argentina con Gabriela Christeller que comenzó con una veintena de integrantes, pero luego fue creciendo rápidamentey a la par fundó GEA Cinematográfica una productora que disminuía la brecha de género laboral empleando sólo mujeres.
Rápidamente se dio cuenta que había historias no contadas y mujeres y temáticas no retratadas por un ambiente cinematográfico totalmente dominado por los hombres, no sólo en la dirección sino en las producciones y la mayoría de los lugares de poder y decisión.
Sus primeros créditos en el cine aparecen como guionista de «Crónica de una señora» (1971), protagonizada por Graciela Borges y dirigida por Raúl de la Torre, quien le insistió para que coescribiera la historia de una mujer que, luego de la muerte de una amiga, se replantea el amargo matrimonio que lleva. Cuatro años más tarde, le puso el guion a la cinta de Fernando Ayala «Triángulo de cuatro», en la que un matrimonio busca la felicidad en amantes jóvenes.
Su objetivo fue comenzar a mostrar personajes femeninos incómodos en los lugres que le tocaban que desesperaban por salirse de esos márgenes y probar la libertad.
Sus ganas de decir coincidieron con un momento complicado en la historia de nuestro país y su estreno “Momentos” en 1981 mostraba un drama de la alta sociedad, con dos actores de primer nivel como Graciela Dufau y Miguel Angel Solá, que retrataban muy abiertamente los deseos de las mujeres de la época pero que no fue bien visto, como se esperaba por la censura militar.
A «Momentos» le siguió «Señora de nadie» (1982), con Luisina Brando y Julio Chávez, y el suceso de «Camila», con Susú Pecoraro e Imanol Arias como protagonistas de la tragedia romántica de la joven aristócrata Camila O´Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez en época del rosismo, que se convirtió en 1984 en la segunda película argentina nominada a los Oscar, tras «La tregua», de Sergio Renán, y que llevó a las salas a casi 3 millones de personas.

Foto: Sergio Quinteros/Archivo Télam/jcp
Bemberg dirigió tres cintas más en los siguientes siete años: en 1986 «Miss Mary» con Julie Christie, una especie de «Novicia rebelde», cruda y de gran madurez, que fue casi una autobiografía en la que una institutriz británica convive con los sueños truncos de sus pupilas argentinas; en 1990 «Yo, la peor de todas» con Assumpta Serna y Dominique Sanda y en 1993 «De eso no se habla» , con el protagónico de Marcello Mastroiani y el impecable debut de la actriz no profesional Alejandra Podestá, ambientada en un pueblo de provincia de principios del Siglo XX.
En 1995 se encontraba trabajando en el guion de «El impostor» cuando, a los 73 años, falleció producto de un cáncer. La cinta fue finalmente dirigida por Alejandro Maci y en los créditos aparece María Luisa como coguionista.
Sus películas serán siempre obras de arte no sólo por su valor cinematográfico sino fundamentalmente por ser reflejo real de miles de voces de mujeres que querían contar por si mismas lo que sentían. Con una coherencia única el contenido de sus películas tenían íntima relación con sus charlas intelectuales con amigos, su comprometida marcha por las calles durante los reclamos por la patria potestad compartida y con sus declaraciones en tantas entrevistas en donde aseguraba que ser machista, era ser fascista.







