El informe del proyecto Ecofemibot 2.0, titulado «La batalla cultural online», documenta una alarmante consolidación y legitimación institucional de los discursos de odio, antifeministas y anti-LGBTTTIQ+ en Argentina tras la llegada al poder del gobierno libertario de Javier Milei. Lo que antes circulaba en los márgenes del ecosistema digital ahora forma parte del discurso oficial del Estado, erosionando consensos sociales y amenazando los derechos de las mujeres y las diversidades.
El monitoreo, realizado en 2024, revela que X (antes Twitter) es el principal canal (37%) para la circulación de desinformación y odio, dirigido principalmente contra organizaciones feministas (43%), la comunidad LGBTTTIQ+ (24%) e instituciones democráticas (20%).
El análisis cuantitativo de 317 contenidos muestra que la desinformación con intención de manipular constituye la categoría predominante (59,81%), seguida del contenido sexista y estereotipado (29,65%).
La violencia simbólica y discursiva en el entorno digital aparece en variedad de formatos. Sin embargo, los datos no deben interpretarse como representativos del conjunto del ecosistema digital. La desinformación de género se amplifica en plataformas con fuerte impacto algorítmico como X (ex twitter), Instagram y TikTok, donde el contenido emocional, polarizante o provocador tiende a viralizarse más rápidamente.
EL NUEVO ESCENARIO POLÍTICO Y DISCURSIVO
La llegada de Javier Milei al poder en diciembre de 2023 consolidó una serie de narrativas conservadoras que se observaban en redes sociales, otorgándoles legitimidad institucional. El rechazo a los feminismos, la descalificación de los derechos de las mujeres y las disidencias, y la demonización de la «ideología de género» pasaron de ser un fenómeno marginal a ocupar un lugar central en el discurso oficial.
Este cambio se evidenció en las intervenciones del presidente en el Foro de Davos.
– Davos 2024: Planteó la batalla de «Occidente» contra el «neo-marxismo cultural» y el «socialismo», afirmando que la «agenda del feminismo radical» devino en una «mayor intervención del Estado para entorpecer el proceso económico».
– Davos 2025: Redobló su postura, declarando al feminismo como uno de los «principales enemigos de su gobierno y de la civilización occidental».
Este posicionamiento se alinea con una corriente global de líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Nayib Bukele y Viktor Orbán, que presentan la diversidad, el feminismo y los derechos humanos como amenazas a los «valores tradicionales».
LOS EJES DISCURSIVOS DEL ODIO
El análisis cualitativo del informe de Ecofeminita identifica cómo los discursos desinformativos articulan patrones sofisticados, examinando cuatro ejes principales.
Estrategias discursivas recurrentes
Estas estrategias buscan deslegitimar las agendas de igualdad, posicionando a los sectores conservadores como supuestas víctimas de una imposición ideológica a través de:
-Inversión Victimaria: Consiste en la inversión de las relaciones de poder, donde actores históricamente privilegiados se presentan como «víctimas» de movimientos progresistas. Se recurre a la autovictimización de actores conservadores que se dicen perseguidos, a pesar de ostentar posiciones de poder, para justificar sus acciones como un acto de «defensa legítima» frente a una amenaza externa woke o globalista.
-Secularismo Estratégico: Se utiliza un lenguaje técnico o científico para legitimar posturas ideológicas conservadoras, buscando sonar «neutros, técnicos u objetivamente fundamentados». Un ejemplo claro es la descalificación de la Educación Sexual Integral (ESI), que se presenta como una forma de «adoctrinamiento ideológico» o una «nueva antropología».

-Pánico Moral: Se genera una reacción social exagerada e irracional frente a fenómenos que se perciben como amenazas a los valores y normas sociales. Esta estrategia amplifica casos excepcionales para presentarlos como problemas generalizados, como se observó en campañas de desinformación contra la ESI o en la manipulación de imágenes sobre el libro Cometierra, de Dolores Reyes que buscaban movilizar emociones primarias como el miedo y la indignación.
Estructuras Narrativas Predominantes
Las estructuras narrativas dotan de significado al contenido desinformativo, simplificando fenómenos sociales complejos a oposiciones binarias.
Narrativas Conspirativas: Estas estructuras presentan las políticas de género y diversidad no como avances normativos, sino como parte de un «plan orquestado» por élites internacionales (como la ONU o la OMS) para imponer una «agenda ideológica» con fines de control social y económico. Estas narrativas apelan a la paranoia, reemplazando procesos políticos transparentes con la idea de una manipulación encubierta. El ejemplo más citado es la negación del carácter democrático del Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que se presenta como una estrategia ideológica impuesta «desde arriba».
Narrativas Nostálgicas: Buscan idealizar un pasado mitificado y apelar a valores tradicionales para construir un «orden natural». Esta idealización legitima roles de género tradicionales y oculta las violencias o desigualdades históricas, presentando los avances en derechos como elementos «disruptores» de la armonía.
MECANISMOS DE LEGITIMACIÓN Y PROPAGACIÓN
El éxito de estos discursos radica en cómo se apoyan en autoridades, figuras públicas y redes transnacionales para amplificar su alcance.
-Legitimación Institucional: El respaldo de figuras con autoridad (funcionarios públicos, expertos) otorga credibilidad a contenidos que, analizados críticamente, carecen de sustento fáctico. El informe destaca el rol de funcionarios como Manuel Adorni o el propio presidente, cuyo discurso refuerza el alcance y la credibilidad de la desinformación.
-Triangulación Transnacional: La referencia cruzada entre actores conservadores de distintos países crea una ilusión de consenso global, presentando los discursos de odio como «tendencias globales inevitables». El informe documenta una dimensión regional y transnacional del fenómeno: el 7,65% del contenido analizado se refiere a países como México, Colombia, Chile, Perú, El Salvador, Honduras, España y Guatemala, mostrando que los ataques no son espontáneos sino parte de una estrategia coordinada.
-Apropiación Terminológica: Se observa una resignificación de términos progresistas como «libertad,» «derechos,» y «protección» para oponerse a políticas de igualdad. Esta confusión discursiva opera como un «caballo de Troya» que facilita la introducción de ideas conservadoras en espacios diversos.

LA ECONOMÍA EMOCIONAL Y COGNITIVA EN LA BATALLA CULTURAL
Esta dimensión explica cómo se logra la viralización y la normalización de las narrativas desinformativas.
-Amplificación Afectiva: Los discursos de odio y desinformación se catalizan mediante la movilización de emociones intensas como la indignación, el miedo y el desprecio. El contenido emocional, polarizante o provocador tiende a viralizarse más rápidamente. Las emociones son moldeadas en torno a conceptos que se describen como «libertad,» pero que en realidad significan «pegajosidad, bloqueos y restricciones».
-Sobrecarga informativa: La repetición masiva de contenidos similares, aunque ligeramente diferentes, crea un efecto de «prueba social». Esta sobresaturación (evidenciada por la presencia masiva de contenidos en plataformas como X, Instagram y TikTok) agota los recursos cognitivos necesarios para la verificación crítica, naturalizando las narrativas desinformativas y creando una falsa apariencia de consenso.
CONCLUSIONES: LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL DISCURSO DE ODIO
Los hallazgos del informe confirman la consolidación de un repertorio discursivo que no sólo desinforma, sino que busca erosionar consensos sociales en torno a la igualdad y la diversidad.
La legitimación de narrativas antifeministas y antigénero desde el Estado no solo refuerza su circulación, sino que permite implementar ajustes casi totales en materia de políticas de género sin enfrentar una resistencia social significativa. El vaciamiento de instituciones, programas y derechos se presenta no como un retroceso, sino como una «corrección necesaria».
En este contexto, la violencia simbólica ejercida por los discursos de odio se articula con la violencia material, como lo ilustra el caso paradigmático del ataque sufrido por la periodista digital Julia Mengolini o el crimen de odio ocurrido el 6 de mayo de 2024 (triple lesbicidio en Barracas), donde el odio se ve alimentado y validado por la narrativa estatal y pública.

La institucionalización de estos discursos de odio, al apoyarse en la desinformación y la concentración del poder ejecutivo, representa una amenaza concreta para las políticas de igualdad y los pilares democráticos en la región. La comprensión de estas estructuras resulta fundamental para desarrollar estrategias efectivas que contrarresten la desinformación, atendiendo no solo al contenido sino también a los mecanismos operativos subyacentes que explotan vulnerabilidades psicológicas, sociales y cognitivas.
Fuente: Área Perspectiva de Género del Instituto de Estudios y Formación (IEF) en base al Informe “La batalla cultural online: cómo operan los discursos de odio y la desinformación bajo el gobierno libertario”, realizado por Ecofeminita y publicado en octubre de 2025.








