(Fuente Ara Info)
La 40ª edición de los Premios Goya estuvo marcada por la denuncia de las guerras y las masacres, especialmente en Gaza, la crítica a la ultraderecha y la reivindicación de derechos laborales en el sector audiovisual.
Una gala larga donde “Los domingos” fue la gran triunfadora, dejando a “Sirât” con los premios técnicos, en una noche que dejó también un cabezón para Aragón, con Yasmina Praderas y un hito feminista detrás de las cámaras.
Barcelona acogió este sábado la 40 edición de los Premios Goya. La gala arrancó con la música de “Hoy puede ser un gran día” de Joan Manuel Serrat, interpretada por Rigoberta Bandini y Luis Tosar —maestras de ceremonias—, en un guiño a las cuatro décadas de historia de los premios. Pero el tono nostálgico dio paso pronto a la denuncia. Las referencias a Gaza y al genocidio en Palestina atravesaron discursos, chapas en la solapa y declaraciones en la alfombra roja.
En un contexto internacional marcado por la escalada militar tras la agresión de Israel y EEUU a Irán, la cultura volvió a posicionarse. Bandini y Tosar denunciaron “todas las guerras” desde el escenario. Y la frase “Palestina libre” resonó varias veces durante la noche.
Aunque “Sirât” de Oliver Laxe fue la película más premiada, con seis cabezones, la gran vencedora fue “Los domingos”, dirigida por Alauda Ruiz de Azua. La cinta vasca no pudo empezar mejor: abrió su palmarés llevándose el primer Goya de la gala, el de Mejor Actriz de Reparto para Nagore Aranburu.
Sin embargo, no fue hasta la recta final cuando llegó la auténtica racha. En los últimos compases de la ceremonia encadenó los premios grandes —Mejor Guion Original, Mejor Actriz, Mejor Dirección y Mejor Película—, culminando una noche histórica. En total, cinco galardones de los trece a los que optaba, consolidando un triunfo que rompe inercias en una Academia donde, en cuatro décadas, solo cinco veces ha ganado una película dirigida por una mujer. Un dato que subraya la dimensión histórica del triunfo.
En su discurso, Ruiz de Azua pidió “no tener miedo de condenar la barbarie”, en referencia a Gaza. Patricia López Arnaiz, premiada como Mejor Actriz, agradeció a la directora “dar luz a las violencias contra la infancia”. Nagore Aranburu, Mejor Actriz de Reparto, recogió el premio con una chapa contra el genocidio y, muy emocionada, compartió palabras en castellano y euskera acordándose de todo el equipo.

El único Goya aragonés de la noche
El único cabezón con acento aragonés de esta edición lo recogió la oscense Yasmina Praderas, premiada a Mejor Sonido por “Sirât” junto a Amanda Villavieja y Laia Casanovas. El equipo hizo historia al convertirse en el primero íntegramente femenino que gana en esta categoría y que, además, está nominado al Óscar. Desde el escenario reclamaron que “no sea una excepción”, sino el comienzo de una paridad real detrás de las cámaras.
Se quedaron sin premio Raquel Larrosa, nominada por “Disonancia” a Mejor cortometraje documental; Gaizka Urresti, candidato a Mejor documental por “Eloy de la Iglesia. Adicto al cine”; y Gemma Blasco, cineasta con raíces familiares en Teruel, que optaba a Dirección Novel por “La furia”, parte de la cual se rodó en Aragón.
Diversidad, antifascismo, lengua y accesibilidad
El castellano y el catalán convivieron con naturalidad, al igual que el euskera y el galego durante toda la gala. En su primera nominación, el veterano actor vasco Jose Ramon Soroiz recogió el Goya a Mejor actor por «Maspalomas», tras lograr la Concha de Plata a la Mejor Interpretación y los premios Feroz y Forqué.
“Sorda” fue otra de las protagonistas. Miriam Garlo, Mejor Actriz Revelación, dedicó el premio a la comunidad sorda y denunció la “violencia de la no comunicación” y la invisibilidad: “Sin comunicación no hay respeto. Ningún ser humano es invisible. Ninguna persona sorda es muda. Tenemos voz propia. No a los genocidios. No a los feminicidios. Y sí al arte, a la ternura y a la empatía”.
La directora Eva Libertad, premiada como Mejor Dirección Novel, defendió que “nadie encaja en la normalidad porque no existe tal normalidad, lo que existe es la diversidad humana”, y cerró con un “Viva Palestina libre”.
Álvaro Cervantes, Mejor Actor de Reparto por “Sorda”, denunció el “capacitismo” y un mundo que excluye a las personas con discapacidad. Antonio Fernández Gabarre, Mejor Actor Revelación por “Ciudad sin sueño”, dedicó su premio a su familia de la Cañada Real.
“Belén”, se llevó el premio a Mejor Película Iberoamericana en los Goya 2026. Desde Argentina, la directora Dolores Fonzi lanzó un aviso: “El mundo se convirtió en una película de terror. No caigan en la trampa de la ultraderecha. Yo vengo del futuro y espero que no les pase a ustedes”.
Susan Sarandon: cine, activismo y coste personal
El Goya Internacional fue para Susan Sarandon, que recibió el reconocimiento visiblemente emocionada y con un discurso atravesado por la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión. Protagonista de títulos como “The Rocky Horror Picture Show”, “Thelma & Louise”, “Pena de muerte” —por la que obtuvo el Oscar— o “El cliente”, Sarandon recordó que su compromiso político no es una pose ni una estrategia, sino una necesidad ética: “Creo que es solo necesario. Cuando la gente no tiene una voz, siento que es mi responsabilidad ayudarles a tener una”.

Admitió, sin embargo, que ese posicionamiento tiene consecuencias:
“No puedo decir que sean los momentos más divertidos de mi vida. Hay muchas ramificaciones negativas”. Y detalló el peaje profesional que ha pagado por denunciar el genocidio en Gaza y reclamar un alto el fuego: “Fui acusada por mi agencia por manifestarme y hablar sobre Gaza, por pedir un alto el fuego, y eso me hizo imposible estar en la televisión. No pude hacer ningún gran film, nada conectado con Hollywood.
Ahora me especializo en pequeños filmes independientes, que están en Europa. Así que esa es la principal razón por la que no he hecho tanto cine”.
En la rueda de prensa celebrada en Barcelona, la actriz también se interesó por la situación de las personas presas vascas que durante décadas sufrieron la política de dispersión. Se declaró conmovida por las movilizaciones sociales y defendió la necesidad de mantener la esperanza incluso en contextos adversos. “Siempre estoy muy feliz cuando estoy rodando”, explicó. “Pero el activismo me mueve a estar con gente dedicada que queremos lo mismo. A veces puede ser bastante duro”. Su intervención conectó con el tono general de una gala en la que el cine volvió a reivindicarse como espacio político, no solo como industria cultural.
Goya de Honor y apelación a la bondad
Uno de los momentos más emotivos de la noche lo protagonizó Gonzalo Suárez, que a sus 91 años recogió el Goya de Honor por toda una trayectoria como director, guionista, escritor y periodista. El cineasta asturiano, que ya obtuvo un cabezón por “Remando al viento” (1988), combinó memoria y crítica política en su intervención. “No podía imaginar, lo confieso, llegar a un momento en que existe un hombre, más que un hombre, no, perdón, un personaje que juega al golf con nuestro mundo impunemente, tratando de meterlo en el agujero más negro”, afirmó en una clara alusión a Donald Trump.
La apelación ética también marcó el premio al Mejor Cortometraje Documental para “El santo”. Su director, Carlo D’Ursi, lanzó un mensaje contracorriente en una noche atravesada por guerras y denuncias: “En estos tiempos tan foscos, reclamo estos pocos segundos que tengo para que pongamos en la agenda la bondad. Sé que puede parecer ingenuo, pero es un gran gesto político”. Una defensa de la empatía como acto consciente y transformador en tiempos de oscuridad.
Alfombra roja: memoria histórica y denuncia internacional
Antes de la gala, en la alfombra roja de los Goya 2026 se palpaba un clima político intenso desde los primeros pasos sobre la moqueta. Alberto San Juan, nominado por “La cena” —película ganadora del Goya a Mejor guion adaptado, que presume de comedia pero recuerda con dureza que Franco fue “un atroz genocida”— no se contuvo ante los medios: más allá de hablar de su trabajo, vinculó la violencia histórica a las guerras contemporáneas, denunciando el crecimiento de conflictos globales alentados por líderes como Donald Trump y reclamando un “no a la guerra” frente a la actual crisis internacional.
La directora Carla Simón, de “Romería”, también destacó que estos espacios no son solo vitrinas de glamour, sino “una oportunidad para decir cosas que a veces son incómodas” y que el cine debe reflejar las preocupaciones sociales del momento. La actriz chilena Luisa Mayol subrayó que “la cultura somos una voz que damos a los que no tienen voz”, recordando que artistas e intérpretes tienen la responsabilidad de dar visibilidad a genocidios como el de Palestina. Por su parte, Daniel Guzmán no ocultó su crítica a la pasividad europea frente a invasiones y crisis globales: “Europa está mirando hacia otro lado… esto ya no tiene sentido”, afirmó, en un retrato crudo de las tensiones geopolíticas que han marcado la gala.
“Sin derechos no hay cultura”
Mientras dentro se entregaban premios, fuera había movilización. La CNT denunció la precarización estructural del sector audiovisual bajo el lema “Sin derechos no hay cultura”, recordando que no puede haber alfombra roja sin condiciones laborales dignas.
Una gala larga —“empezó en febrero y terminó en marzo”, bromeó Toni Acosta—, atravesada por la memoria de 40 años de cine, pero también por un presente convulso. Entre focos y reivindicaciones, el mensaje fue claro: la cultura no es neutral. Y el silencio, tampoco.







