La escritora y periodista Leila Guerriero (Junín, Argentina, 57 años) ha ganado en su primera edición el Premio Zenda de Narrativa 2023-2024 por su libro La llamada en el que suma un “ágil reportaje periodístico y una vigorosa narración”, califica el jurado.
El premio apunta que Leila Guerriero convierte un caso real de “terrorismo político en un tremendo, conmovedor y a la vez humorístico relato sobre experiencias límite de la vida y sobre el poderoso instinto humano de supervivencia”. La autora, columnista de EL PAÍS, por su parte, ha señalado que la concesión del premio ha sido una “alegría y una sorpresa”: “No solo por el hecho de que el libro haya ganado en la categoría de narrativa, sino porque me parece estupendo que se cree un premio para reconocer la obra de diversos autores en tiempos en los que, más que celebrar y reconocer, parecemos empeñados en destruir”, ha indicado en una nota. Los escritores Fernando Arrabal, con el galardón de honor; María Sánchez, Premio Zenda de Poesía por Fuego la sed, y Xavier Pla, el de Ensayo por la biografía de Josep Pla Un corazón furtivo (Destino), son los otros galardonados en la I edición de los premios, que se entregaron este martes en una ceremonia con más de 300 invitados y que reunió a representantes del mundo cultural y político.
El Zenda de Historia recayó en Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío por Fuego cruzado (Galaxia Gutenberg), sobre la primavera española de 1936 y el de Infantil y Juvenil en Ledicia Costas, por Siete dientes de león (Nórdica). El palmarés se completa con el premio Ópera prima para Camila Cañeque, por La última frase; el de Traducción para Cristina Gómez Baggethun; el de Innovación, para Jorge Carrión; mejor librería para Librería Gil (Santander); mejor editorial, Visor Libros y Premio Especial Zenda-Edhasa para Augusto Ferrer-Dalmau.

La autora de La llamada (Anagrama, 2024) ha reseñado el hecho de que en este premio el autor no se postula, son otros los que seleccionan las obras: “Cuando supe quiénes eran los miembros del jurado, me sentí no solo contenta y agradecida, sino honrada. Porque son estupendos lectores, estupendos autores. Y, como decía Ricardo Piglia, no hay nada, nada más hermoso que el reconocimiento de los pares”. Según Zenda, la escritora ha recibido la noticia del premio mientras guiaba una residencia literaria en una casona de campo, en la pampa argentina: “No se puede decir nada muy original en relación al hecho de ganarse un premio, porque la reacción natural —salvo que una esté completamente alienada— es ponerse contenta y agradecer. A mí me pasa eso. Estoy contenta y agradezco”, ha dicho la autora. Leila Guerriero (Argentina, 1967) es periodista y publica en diversos medios de América Latina y Europa. Además es editora para América Latina de la revista mexicana Gatopardo. Entre sus libros más destacados se encuentran Los suicidas del fin del mundo, Frutos extraños o Una historia sencilla, entre otros. Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés, el francés, el italiano, el alemán, el portugués, el sueco y el polaco.
Leila Guerriero en una entrevista realizada por Filo.news había declarado
«Yo no puedo vivir sin escribir, si no escribo me licúo, el mundo pierde consistencia. Cuando uno no escribe uno está como dormido, como anestesiado. Entonces para mí permanecer en estado de escritura, no voy a decir que es ideal porque no hay estados ideales pero es el único donde realmente me siento viva. Obviamente no se puede permanecer siempre en estado de escritura y ese es un problema para alguien que escribe. (…) Yo estoy todo el tiempo pensando: «esto puede ser un libro, o una columna». A veces estoy mirando la televisión y pienso qué podría decir yo acerca de esa publicidad. Alguien podría pensar que eso es desgastante, o que me mantiene en un estado de cámara encendida. Para mí resulta muy excitante, resulta muy estimulante. Estar en esa traducción permanente de la realidad a la escritura es lo que me gusta y en ese sentido digo que es muy egoísta porque la escritura también es una forma de eyectarse de uno mismo. Es paradójico porque a través de la escritura uno llega a contactarse mucho con uno mismo: uno es realmente quien es cuando está escribiendo y al mismo tiempo está completamente desentendido, en una especie de trance ajeno, de embeleso. Yo busco mucho estar en ese estado y por eso digo que es egoísta porque lo que uno quiere es tratar de contar las historias de la mejor manera posible, saciar su curiosidad, meterse en mundos en los que de otra forma no se podría meter»










