La situación de los presos en Israel de la Flotilla Global Sumud mantienen en alerta al mundo entero

Mientras cuatro argentinos aún continúan detenidos en Israel comenzaron a darse a conocer detalles escalofriantes del destino de los detenidos.

El periodista turco y activista de la Flotilla Global Sumud, Ersin Çelik, denunció respecto de la activista Greta Thunberg un hecho tan estremecedor como revelador:

“Los israelíes atormentaron brutalmente a Greta Thunberg, la arrastraron por el suelo… Todavía es una niña. La hicieron sufrir; la obligaron a besar la bandera israelí. Hagan lo que hagan los nazis, ellos también”

Greta Thunberg, símbolo mundial del activismo ambiental y de la resistencia juvenil, fue objeto de una violencia que trasciende lo físico. Es la muestra más cruda del odio sistemático contra quienes se atreven a hablar.

Mientras los grandes medios callan o desvían la atención, el testimonio de Çelik expone una doble moral global: la que condena la opresión… solo cuando conviene.

Una niña activista, humillada por un régimen que teme más a la verdad que a cualquier protesta.

Y el silencio del mundo, una vez más, duele tanto como el abuso.

Entre las más de 400 personas secuestradas que llevaban ayuda humanitaria a Palestina, hay cuatro argentinos y, hasta el momento, el presidente Javier Milei, no exigió su liberación ni se pronunció al respecto.

Los cuatro detenidos argentinos son: Carlos «Cascote» Berola: militante de la corriente Nuestra Patria e integrante de ALBA de los Movimientos Sociales. Capitaneaba el buque Estrella y Manuel una de las principales embarcaciones que integraban la flotilla que brindaba asistencia técnica y mecánica a las demás embarcaciones. Celeste Fierro: legisladora de la Ciudad de Buenos Aires y candidata por el FIT Unidad de cara a las elecciones de octubre. Militante de izquierda, de reconocida trayectoria, feminista, e integrante del MST y la Liga Internacional Socialista. Nicolás Calabrese: docente de educación física, nacido en la ciudad de Paraná, aunque actualmente reside en Brasil. Desde la intervención de Israel a la Flotilla, su familia denunció que ha perdido toda comunicación con él.  Ezequiel Peressini: ex legislador cordobés por la Izquierda Socialista, en donde milita actualmente. Actual dirigente de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional. Según informó el medio El Grito del Sur, la última información que se tuvo de Peressini es que fue trasladado el jueves a una prisión del régimen de Benjamín Netanyahu, está en buen estado de salud y que pudo conversar con abogados de la flotilla.

Asimismo pudo saberse que los miembros de la misión humanitaria interceptados en el Mediterráneo en camino a la Franja de Gaza estuvieron confinados en Ktzi’ot por orden del ministro Ben-Gvir.

Los palestinos padecen la prisión de Ktzi’ot desde marzo de 1988. Se inauguró para detenerlos, con o sin proceso judicial, después de la primera intifada. A su alrededor solo se ve arena que vuela y remueve las dunas. El desierto de Néguev es suficiente disuasivo para evitar un intento de huída si no alcanzan los carceleros del régimen o sus mastines adiestrados. Son notables las semejanzas con Guantánamo o Abu Ghraib, dos centros de tortura y confinamiento utilizados durante la guerra en Irak de Estados Unidos. Ahí, a unos 30 kilómetros de la frontera con Egipto, el gobierno sionista de Benjamín Netanyahu envió a los activistas de la flotilla humanitaria. Un penal de 40 hectáreas, situado al sur de la Franja de Gaza y de la antiquísima ciudad de Beerseba.

Ben-Gvir, un racista furioso y antiárabe, es el máximo responsable del sistema carcelario que depende de su ministerio. También de la policía. Su historia política es un manual de crímenes de odio y provocaciones. Lo condenaron al menos ocho veces por diferentes delitos. Como colono tomó por las armas tierras palestinas. Hace treinta años, cuando la xenofobia ya era una de sus marcas de juventud, comentó en TV lo que le esperaba al primer ministro Isaac Rabin. Su vaticinio se cumplió. Lo asesinó un israelí de ultraderecha el 5 de noviembre de 1995.

El alto funcionario del régimen gusta regodearse con el sufrimiento ajeno. Celebró cuando quedó detenida la joven activista sueca Greta Thunberg, como también uno de los organizadores de la flotilla, el brasileño Thiago Ávila, el nieto de Nelson Mandela, Nkosi Zwelivelile “Mandla”, la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau y la diputada de la Legislatura porteña Cele Fierro. “Creo que deben mantenerse aquí en una prisión israelí por unos meses, para que puedan oler el aroma del ala de los terroristas”, comentó con sorna.

Un comunicado de prensa de esta organización señaló que algunos miembros de la Global Sumud habían iniciado una huelga de hambre. En el mismo texto figuraba que fueron conminados a firmar una declaración para su deportación inmediata de Israel, que implicaba haber ingresado de manera ilegal al país, cuando en rigor fueron detenidos en aguas internacionales y llevados a tierra por marinos de la armada. Los que aceptaron esa condición tendrían prohibido el ingreso por 100 años, una pena que ya se le aplicó a Thunberg en junio pasado cuando viajó hacia Gaza con otra misión humanitaria. Quienes se negaran, de acuerdo a la legislación israelí, se arriesgan a quedar detenidos hasta 72 horas más.

Las condiciones de arresto en la cárcel más grande de Israel empeoraron en forma dramática desde el 7 de octubre de 2023 cuando comandos de Hamás atacaron a través de una frontera insualmente porosa, desprotegida. Mataron a 1.195 personas entre civiles y militares y secuestraron a 251. Como represalia, el régimen sionista asesinó a casi 67 mil palestinos en dos años. A septiembre pasado, en la Franja habían muerto casi 17 mil niños, un millón han sido desplazados, 21.000 están dados por desaparecidos y 20.000 perdieron a uno o ambos padres. Otros 17.000 se encuentran solos o separados de sus familias. Las cifras son del Comité sobre los derechos del niño de Naciones Unidas. Para Francesca Albanese, la relatora sobre los territorios palestinos ocupados, la cifra de gazatíes masacrados ascendería 680 mil. Diez veces más que las cifras oficiales. Decenas de miles estarían sepultados bajo los escombros de Gaza. Es un genocidio que continúa, según Naciones Unidas

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