Era un secreto a voces, pero para qué investigar, por qué meterse con alguien exitoso y con contactos. Los rumores de tráfico sexual, extorsión y prostitución en las conocidas fiestas que el rapero Sean “Diddy” Combs realizaba tienen décadas de correr por pasillos de noticias. Ningún juez actuó de oficio. Nadie investigó. Hasta que Cassie Ventura, su pareja entre 2007 y 2018 lo denunció el año pasado por agresión sexual.
Tras la denuncia de Ventura, comenzaron a surgir más acusaciones de conducta sexual inapropiada contra Diddy Combs y días después se presentaron tres demandas más por hechos ocurridos a diferentes mujeres entre 1991 y 2003.
En base a esta investigación, a principios de año las autoridades estadounidenses allanaron sus propiedades en Los Ángeles y Miami, donde se encontraron drogas, cientos de videos, miles de botellas de aceite y lubricante para bebés, además de armas de fuego y municiones.
Desde entonces, el rapero enfrentó más de diez demandas por abuso sexual y violación, una cifra que, según un relevamiento del sitio The Hollywood Reporter, subió a 120 acusaciones de violencia sexual tras su detención a mediados de septiembre. Estas habrían sido tanto de hombres como mujeres, cuyas edades oscilan entre los 9 y 38 años, incluyendo a 25 menores de edad.
No obstante, esa sería la cifra menor ya que en tan solo diez días, los abogados del caso recibieron más de 3000 testimonios de personas que presentaron acusaciones contra Puff Daddy, aunque sólo pudieron corroborar 120 de esos relatos, según reportan medios estadounidenses. Estas presuntas agresiones habrían ocurrido a lo largo de dos décadas, entre los años 2000 y 2010, una época en la que el artista se encontraba en la cima de su carrera.
Los hechos habrían tenido lugar principalmente durante fiestas en Nueva York, Los Ángeles y Miami, en lugares como hoteles y residencias privadas. Entre ellas destacaban las llamadas “Freak off parties”, conocidas por su extravagancia y la participación de numerosos amigos, celebridades y personas del círculo íntimo de Diddy.
Según la denuncia de catorce páginas, el productor sometía a hombres y mujeres, bajo el efecto de drogas –sumisión química–, a torturas y actos sexuales que podían prolongarse durante días. Las víctimas eran medicadas intravenosamente para recuperarse, y luego eran amenazadas con la difusión de los videos si decidían hablar.
Se cree que estas fiestas secretas ayudaron a Diddy a ganar poder y consolidarse en la industria musical, aprovechando sus conexiones para impulsar las carreras de diversos artistas. Además de las acusaciones de agresión y abuso sexual, los abogados planean acusar a Combs de facilitar sexo con sustancias controladas, trabajo forzado, secuestro, soborno, difusión de videos sin consentimiento y abuso sexual de menores.
Actualmente, el rapero estadounidense permanece detenido en Nueva York, sin derecho a fianza, a la espera de un juicio por cargos federales que incluyen tráfico sexual, conspiración para cometer crimen organizado y transporte con fines de prostitución. Además, en los últimos días, en las redes sociales se filtró la «lista completa» de los famosos que eran habitué a las reuniones y están en la mira de la justicia.
Sean Diddy Combs (54) es uno de los raperos más conocidos de los años 90. En esa década transformó la industria musical al llevar el género a nuevas audiencias y consolidarse como una figura clave estadounidense. Por este motivo, logró ganar cuatro premios Grammy y se insertó en el mundo empresarial al crear el sello discográfico Bad Boy Record.
Además, es compositor y productor músical, lo que le permitió conocer y trabajar con grandes estrellas como Mariah Carey, Beyoncé, Britney Spears, The Weeknd, Usher, Pharrell Williams, Christina Aguilera, Katy Perry y Justin Bieber. En el ámbito del hip-hop, fue mánager y amigo de Biggie Smalls (Notorious B.I.G.) y es conocido por su enemistad con el rapero Tupac Shakur, a tal punto que algunas versiones lo vincularon con su asesinato en 1996.
A nivel personal, Combs tiene siete hijos y estuvo en pareja con múltiples mujeres a lo largo de su vida, entre ellas Jennifer Lopez y Cameron Diaz.
Las fiestas que organizaba, conocidas como «Freak Offs» eran numerosas y la lista de sus invitados más que célebres. Desde el inicio del caso, nombres como Leonardo DiCaprio, Jennifer Lopez, David Blaine, Chevy Chase, Regis Philbin, Sarah Jessica Parker, Kamala Harris, el Príncipe Harry, Charlotte Casiraghi y Vera Wang fueron mencionados como algunos de los famosos que habrían participado en estos eventos. Recientemente, se sumaron a la lista Justin Bieber, Beyoncè y Jaden Smith, aunque se sospecha que estos son solo algunos de los involucrados.
Las «Freak Offs», que tuvieron lugar entre finales de los 90 y principios de los 2000, contaron con la presencia de numerosas figuras públicas. Durante aquellos años, los detalles de lo que realmente ocurría en las fiestas permanecían ocultos, pero tras la detención de Diddy, comenzaron a filtrarse fotos y videos que rápidamente se viralizaron, revelando un trasfondo mucho más oscuro de lo que se sabía públicamente.
Según un informe del DailyMail, el rapero Sean «Diddy» Combs habría cambiado su estrategia legal con el objetivo de reducir su sentencia, y ahora busca implicar a varias figuras de Hollywood para mejorar su situación procesal. Entre los afectados, su antiguo amigo Ashton Kutcher sería uno de los más preocupados, temiendo que las declaraciones del rapero puedan perjudicarlo.
Una fuente cercana al actor de That ’70s Show expresó: «Diddy puede decir cualquier cosa o volverse contra cualquiera para salir de la cárcel. Ashton lamenta profundamente su amistad con él, se siente traicionado y manipulado». Kutcher, quien fue amigo cercano de Diddy desde principios de la década de 2000, incluso ayudó a organizar una de las últimas «fiestas blancas» del rapero en 2009. El temor de Kutcher es que el productor musical mencione a diferentes celebridades, incluyéndolo, para salvarse. «Cree que Diddy no tendría problema en mentirle a las autoridades y lanzar acusaciones contra sus amigos famosos si eso significa obtener su libertad», agregó la fuente.
El caso generó revuelo no solo por las acusaciones de tráfico sexual, extorsión y prostitución que pesan sobre el rapero, sino también por los detalles de las fiestas que organizaba. Según US Weekly y Page Six, las celebraciones, conocidas como «Freak Offs», se realizaban anualmente en su mansión de Los Hamptons, y muchos de los asistentes debían seguir un código secreto que incluía vestirse de blanco. Estas fiestas servían como fachada para ocultar los delitos sexuales por los que ahora es acusado.
Las investigaciones sugieren que Diddy utilizaba su poder e influencia para atraer a celebridades a estas fiestas, donde cometía crímenes que incluían tráfico sexual, drogas, secuestro y obstrucción de la justicia. Durante los allanamientos realizados en su casa de Miami, la policía encontró múltiples videos prohibidos, drogas, armas y miles de botellas de aceite y lubricante, lo que refuerza las acusaciones. Los delitos registrados en esos videos muestran a las víctimas bajo los efectos de drogas, forzadas a participar en actos sexuales que eran grabados para luego extorsionarlas.







